MÁS QUE UN MILLÓN DE JÓVENES A LA GMG DE LA MISERICORDIA!

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GMG 2016

Parece un campo de flores coloradas, con camisetas y gorras, manos al cielo y sonrisas que bailan, como en un dibujo de los impresionistas o bien en un alegre estilo naif, el Campus Misericordiae, cuando Papa Francisco llega antes que el programa, en su Papamóvil, a las 18.50, por el Velorio de Oración con los jóvenes. Estaba impaciente de encontrar los chicos, Papa Bergoglio. Y ellos están todos aquí, en fiesta, esperándo al Santo Padre, presentes por la chita con Dios, con Jesús Cristo. Son ellos la fiesta de la Iglesia. Más que un millón, desde cada parte del mundo. Han sido todos una fiesta, estos Días Mundiales de la Juventud  de la Misericordia, desde los primeros momentos, desde cuando lo han recibido, en la ceremonia oficial de inicio, el jueves 28, con las banderas nacionales flotantes. Desde el símbolo mismo, de esta GMG, que representa una cruz coloreada que quema en un abrazo quemado de amor, con las manos hacia el alto. Porque la fe en Jesús Cristo es alegría, lo recuerda siempre, Papa Bergoglio. Dios es amor, y el amor es felicidad. No ignora el dolor, el sufrimiento, porque el gozo está en la misericordia, en el amor concreto y palpable hacia el hermano. Sin embargo el dolor, el sufrimiento, el mal, no son la última palabra para quien confía en Jesús.

El primer acto de Papa Francisco, ayer por la tarde, fue atrevesar la Puerta Santa teniéndo la mano de seis chicos y chicas, en representanza de los cinco continentes, de quien uno, en realidad, América, es como si fuera doble. Luego, han subido con él en la Papamóvil y han hecho la vuelta del campo, a 12 kilómetros de Cracovia, para saludar a todos de cerca, en un inmenso abrazo abierto también a quien no está allí entre los participantes, pero está presente, en el corazón del Papa y en aquello del Padre. En el fondo, la cara de Jesús así como apareció a Santa Faustina Kowalska. Es Jesús, el Amor el protagonista. Pero aquella cara está compuesta por los millones de caras de los jóvenese de todo el planeta, que fluyen sin cesar, como piezas de un puzle maravillosamente en movimiento. Lo ha dicho el Santo Padre, durante la Celebración Eucarística en el Santuario de San Juan Pablo II, sabado 30: “El Evangelio tiene páginas blancas de escribir con obras de misericordia”. Y lo ha repetido, ayer por la noche, a los chicos, durante el Velorio de Oración: “Dios nos invita a dejar una huella en la historia, en la vida”. La huella es la de Su Pie. “Para seguir a Jesús, hay que tener una dose de coraje, luego decidirse a cambiar el sofá con zapatos que te ayuden a caminar en calles nunca sueñadas ni tampoco pensadas, en calles que pueden abrir nuevos horizontes, capaces de contagiar alegría, aquella alegría que nace del amor de Dios, el alegría que deja en tu corazón cada gesto, cada actitud de misericordia”, ha dicho Papa Bergoglio.

La fe es coraje, es riesgo, es sueño, es locura. La fe cristiana es la “locura” de la misericordia de Dios, “que nos enseña a encontrarlo en el hambriento, en el sediento, en el nudo, en el enfermo, en el amigo que salió mal, en el detenido, en el refugiado y en el migrante, en el vecino que está solo”. La fe en Jesús es eterna juventud de amor. Esto vino a decir Papa Bergoglio en Cracovia, en su primer viaje en Europa del Este, donde se mira el sol que se levanta temprano por la mañana. “Nosotros no queremos ganar el odio con el odio, la violencia con la violencia, la guerra con la guerra, el terror con el terror. Nuestra respuesta se llama fraternidad, hermandad, comunión, familia”, ha afirmado el Santo Padre en su discurso en el Velorio de Oración.

“Tú, estás listo? Te apuntas? Qué contestan tus manos y tus pies al Señor?”, ha preguntado el Pontífice a cada uno de los jóvenes presentes, a cada uno de nosotros, a cada cristiano, a cada creyente. “Dios se espera algo de ti, quiere aògo de ti, te espera. Dios viene a romper nuestros cierres, para abrir las puertas de nuestras vidas, de nuestras visiones, de nuestras miradas. Dios viene para abrir todo lo que te cierra. Te está invitando a soñar, quiere hacerte ver que el mundo contigo puede ser diferente. Es así: si tú no pones lo mejor de ti, el mundo no cambiará”. Así es, entonces, que en esta noche, que de facto ha concluido la GMG 2016, la larga Omilía de Papa Francisco, durada sin parar cinco días, hecha de silencios, de palabras, de reproches y de elogios, de verdad, de vía y de vida, se acerca a la conclusión polaca, dejando abiertas las puertas a la esperanza, a la confianza, a la eterna juventud de la fe. “Mi esperanza es que tú no pierda la esperanza, había dicho en la comida a uno de los jóvenes comensales en el Arzobispado. ”Porque “Dios nos transforma, nos cambia, nos restablece”. Siempre está listo para perdonarnos.

Mientras una chica siria lleva su testimonio, en el Velorio de Oración con el Santo Padre en Polonia, en la ciudad mártir de Alepo, destrozada por el bombardeo, más de mil jóvenes se han reunido con su Obispo para celebrar ellos también el Día Mundial de la Juventud, en la Iglesia Santa Matilde de los Salesianos. Han enviado un vídeo, para sentirse juntos a los otros jóvenes del mundo. “Gracias, Papa Francisco, por lo que haces para nosotros”, es su mensaje.

“Dios bendiga sus sueños”, ha dicho el Papa en el Velorio. Dios bendiga los sueños de paz, porque la paz no es un sueño, sino algo que se construye día tras día, llevando botas pesadas para caminar por las calles de la vida, con un único canto que sea la banda sonora de nuestras elegidas y de nuestras acciones: “Jesús, confío en Ti”. Un mundo mejor es posible, depende de nosotros.

Después del encuentro con los voluntarios y los benefactores de la GMG, con una ceremonia de despedida, a las 18.30, Papa Francisco volverá hacia Ciudad del Vaticano.

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