DOS SEGUNDOS DE PRIMERA

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Una Convención con candidato predeterminado es como una pistola de fogueo. Hace ruido, pero poco más. Cleveland y Filadelfia han sido como un desfile de modelos (más la demócrata que la republicana), y una ocasión excelente para tres días de gratuita sobreexposición mediática. La sorprendente encuesta de CNN (realizada tras la convención republicana), que puso el marcador 48% a 45% a favor de Trump, es consecuencia directa de las inevitables subidas de popularidad tras una Convención.

Nada que ver, por ejemplo, con las Convención republicana de 1976, en la que Reagan “ganó perdiendo” frente al presidente Gerald Ford, o la Convención demócrata de 2008, en la que Hillary hubo de claudicar frente a Obama. En ambas, los perdedores de entonces fueron los triunfadores de hoy.

Entiéndaseme bien, no quiero decir que no se hayan dado momentos brillantes en las convenciones recién terminadas: por ejemplo el discurso perfecto de Michelle Obama en Filadelfia o el del propio Trump en Cleveland, e incluso dramáticos, como el fascinante largo abucheo contra Ted Cruz en Cleveland en su ataque a Trump, o la tristeza de los seguidores de Sanders, cuando este pidió el voto para Hillary. Lo que quiero decir es que sin batallas entre candidatos las convenciones se convierten en eventos cuya finalidad es proyectar una imagen de espectáculo televisivo, transmitido en horario ‘prime time’. Una especie de “Disneylandia para adultos”.

Desde mi punto de vista, lo más interesante ha sido la confirmación formal de los vicepresidentes, nominados unos días antes por Trump y Clinton. Me refiero a Mike Pence (57 años, gobernador de Indiana) y Tim Kaine (58 años, senador por Virginia) Ambos abogados, familiarizados con la política de Washington.

Para Trump, estas dos características de su candidato a la vicepresidencia son vitales. Pence no es simplemente un gobernador familiarizado con la política local. Es también un ex congresista con diez años de antigüedad en la Cámara de Representantes, cercano al ‘establishment’ republicano. Su seriedad de planteamientos y su honestidad pueden ayudar a un Donald Trump que es considerado por algunos: un “sociópata”, “un show en el país de los shows”, que” miente tanto como respira ” y, en síntesis, “un peligro para Estados Unidos y para Europa”.

En el discurso ante la convención , Mike Pence desarmó a todos haciendo notar con sencillez que, ante la personalidad algo barroca y avasalladora de Trump, él es simplemente un hombre normal, “por eso tal vez me eligió: para equilibrar los colores del cuadro”. Conocido por su aversión a los conflictos, su serenidad imperturbable modera al explosivo Trump, incluida su tendencia a la injuria. Para Pence, por el contrario : “Una campaña debería demostrar la decencia humana básica del candidato” .

Su profunda religiosidad (“soy cristiano, conservador y republicano, por este orden “) dulcifica, ante los votantes del ala derecha, al Donald Trump propietario de varios casinos, dos veces divorciado y reprendido hasta por el mismo papa Francisco. Pence es un “insider”, no un “outsider”, es decir, un hombre del partido: ideal para contribuir a la unión de un Grand Old Party, fracturado por la rebeldía de Trump.

El inquietante ensayista Mike Moore acaba de escribir un brillante artículo exponiendo las cinco razones por las que Trump ocupará el Despacho Oval en enero del 2017. Según Moore “el problema es Hillary, no Trump”. Aun no estando de acuerdo con todas sus afirmaciones, a la hora de abrir su armario de esqueletos, uno no sabe por dónde empezar: su negligencia en lanzar a la red miles de emails a través de ordenadores privados, los trapicheos de su Fundación, la penosa gestión del ataque libio sobre la embajada y la central de la CIA en Bengasi, el viejo escándalo del Whitewater, etc.

El vicepresidente demócrata, Tim Kaine, viene a poner paz en la tormenta. Es un constructor de puentes con las diversas sensibilidades del partido demócrata, incluida aquella que apoya a Bernie Sanders. Su condición de católico moderado le acerca a los conservadores, al no ser un apasionado de los llamados derechos reproductivos, tan próximos a la candidata. Buen conocedor de la política local (antiguo alcalde de Richmond), de los vericuetos del Capitolio (senador por Virginia), Kaine es “un senador discreto, pero impresionante ” (Larry Sabato). Dejará las multitudes para Hillary y él se centrará en una política de consenso, probablemente tan eficaz como la política ruidosa.

Su discurso de aceptación de la vicepresidencia encantó a los hispanos: pasaba del inglés al español con naturalidad, demostrando que su año en las misiones de Honduras fue solidario y filológicamente fructífero. También gustó a los españoles; sobre todo cuando supimos que encabeza el United States-Spain Council, cuya finalidad es acercar a los estadounidenses a España.

Ambos, todo hay que decirlo, son algo “aburridos”. Pero esa moderación de carácter equilibra las tendencias algo excesivas de sus compañeros en el ticket electoral. Me atrevo a decir que Cleveland y Filadelfia han dado a luz a dos “segundos de primera”.

Artículo tomado de www.elmundo.es

Rafael Navarro -Valls es catedrático y vicepresidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España

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