LA PODEROSA FUERZA DE LA ORACIÓN HUMANA ES LA DEBILIDAD DE DIOS

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La poderosa fuerza de la oración humana es la debilidad de Dios Del poder extraordinario de la oración hablan las lecturas bíblicas del domingo XVII de la liturgia. En su diálogo dramático con Dios, Abraham consigue de Dios el perdón para toda una ciudad que merecía ser destruida. Pero Abraham insiste, se hace chiquito: “Yo, que no soy más que polvo y ceniza, tengo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor” dice Abraham. Se podría decir que esta oración es una lucha, una lucha nada más ni nada menos que con Dios. Pero la pequeñez que el hombre alcanza en la oración, la humildad de la oración confiada, seduce a Dios, lo puede, le gana. Porque la oración es la debilidad de Dios, que lo mueve a revelar toda la grandeza de su amor.

Y en el Evangelio nada más ni nada menos que Jesús nos enseña el Padre nuestro. La oración más grande, más importante donde estan las cosas que también Jesús hablaba con el Padre Dios. Y despues de recitar la oración del Padrenuestro, Jesús pone el ejemplo del buen papá que no deja de dar a sus hijos todo lo que le piden, y afirma: “Si ustedes saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!”, “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá”. “Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre”. Evangelio según San Lucas 11,1-13. Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos”. El les dijo entonces: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino; danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación”.

Jesús agregó: “Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: ‘Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle’, y desde adentro él le responde: ‘No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos’. Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!”.

Artículo tomado de www.radiovaticana.va

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