NIÑOS MAESTROS DE ECOLOGÍA

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ECOLOGIA

Construir un mundo mejor empezando por los más pequeños. Por quien mañana habitará en este planeta y tendrá la responsabilidada de guardarlo y protegerlo para entregarlo a las generaciones sucesivas. Es una de las claves para leer la Encíclica “Alabado Sea” de Papa Francisco: tutelar el “Hogar común” para que pueda ser habitada aún. Desde aquí la necesitad de educar hasta los primeros años los niños al respeto del ambiente.

“Para ellos aprender no es difícil – cuenta Luigi, ex voluntario del Servicio Civil que se ocupaba se proyectos ecológicos en las escuelas – es suficiente hacer vivir todo como un juego. Nosotros enseñabamos a separar la basura y mientras disfrutaban comprendían la importancia de lo que estaban haciendo, llevando su experiencia a su casa también”. Donde los padres, necesariamente, deben complacer los hijos, empezando ellos también a actuar las buenas prácticas en defensa del ambiente.

No significa que, de hecho, sólo los adultos puedan dare el buen ejemplo a los más pequeños. Lo sostiene, entre otras cosas, un informe de las universidades americanas de Oregón y de Stanford según el cual unas niñas, después de aprender a actuar pequeños medios diàrios para ahorrar la energía en casa, han alcanzado transmitir esta buena conducta también al resto de la familia.

Los investigadores han involucrado 30 grupos femeninos de scout de California septentrional, por un total de más de 300 jóvenes. Las chicas han participado a programas educativos específicos, aprendiendo sanos costumbres “verdes” para el ahorro energético: desde la desconexión de todos los aparatos eléctricos por la noche, hasta el lavado a baja temperaturas. Se ha asignado los grupos aleatoriamente a las diferentes actividades, que incluían también la elegida de comidas y medios de transporte con menor impacto ambiental.

El programa que ha obtenido los mejores resultados ha sido lo sobre el ahorro energético. Según lo que han comunicado sucesivamente las niñas, los buenos comportamientos han continuado también a casa por al meno 7 meses desde la fin de la formación. Y sus acciones han incluido también los padres, influyendo en sus comportamientos, por al menos 8 meses. Más allá que forjar los adultos de mañana, subraya la investigadora Hilary Boudet, las ensenanzas a los más pequeños tienen un efectos-contagio también en la comunidad de gente con quien ellos están en contacto.

“Sería sin embargo útil que, después de estar involucrados – continua Luigi – los padres ayuden a los niños a profundizar estos asuntos”. Para hacerlo es suficiente intervenir en unas prácticas diárias: ensenar que agua y comida son bienes preciosos y hay que limitar el derroche (por ejemplo no dejar el grifo abierto cuando se limpian los dientes); hacer comprender que los residuos orgánicos se pueden reutilizar como abon para que crezcan las plantas en jarrones o en los jardines; hacer que comprendan cuanto sea más sano y sostenible una vuelta en bicicleta en cambio de ir con el coche, y demás. Recordamos que nuestra misión educativa no termina con la ensenanza de los buenos modales sino cuando formaremos generaciones capaces de vivir en un mundo mejor que aquello que nosotros hemos encontrado.

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