LA STREET ART DE LA MISERICORDIA

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Patrick Commecy Street Art

La llaman “Street Art”, arte callejero. En el caso de Patrick Commecy, las rutas, los edificios, la ciudad, son el arte. La tela en que de verdad la mano del hombre opera con divina creatividad. Sus murales no son simples pinturas, no se llaman grafiti, sino semillas de vida, que florecen en la mirada de los peatones y, sobretodo, en el corazón de los residentesi. Son caricias de pincel a la humanidad, que tiene el sonido de una bofetada para quien dice que falta el dinero para intervenir en las áreas urbanas más degradadas.

Su arte, en fin, es una especie de “nueva Creación”. Desde los años Setenta, de hecho, trabaja junto a un grupo de muralistas llamado “City of Creation” (“La Ciudad de la Creación”). Y su paso no se queda cierto inobservado, en las periferias franceses, como en las suisas, austriacas, también italianas. Desde aquí, su reputación se ha extendido por el mundo, también lo que “importa”. Las tristes fachadas de los hogares pobres, nudos y rotas, se transforman de repente, como por magia, con lugares maravillosos, al aire libre, con rocas suaves y brillantes atravesados por el agua, puentes sobre los ríos, con fuentes, flores y mucha vegetación, barrios vividos en fiesta, con la cafetería, la pastelería y el patio de recreo, el músico y el malabarista, el campesino y el obrero, el joven y el viejo, niños que ríen y se divierten con cometas y globos, mujeres que limpian la ropa, y los amigos animales, domésticos y silvestres, que participan a las cosas de los seres humanos y todos son igualmente dignos ciudadanos del mundo.

Unas feas y anónimas costrucciones se convierten, en cambio, en un rodaje de película, para capturar los besos de las más famosas películas románticas, incluso lo entre Marcello Mastroianni y la “divina” Anita ne “La dulce vida” de Federico Fellini. El cartero es el nuevo Romeo, que escala las altas distancias que lo separan de la moderna angélica Julieta. Y hay la “puerta del amor cortés”, que abre a bondad y poesía en aquellascalles abandonadas a un destino cruel de solitud y desprecio, de insignificancia hacia los grandes asuntos de la humanidad. Mientras un poco escondido, se vislumbra el pintor, discreto y silencioso, que observa el alma de la ciudad con su mirada amorosa e con la generosa obra de los dedos.

Ahora, también estos rincones obscuros y escondidos de una Tierra para nada redonda tendrán su lugar bajo el sol en los libros de historia del arte y el nombre de estas localidades es redimido por el olvido o, en algunos casos, también por el deshonor. Esta también es misericordia, es auténtica caridad urbana, amor para los más marginados, para los rechazados y desfavorecidos de nuestra sociedad. Patrick regala belleza. Y la belleza es un regalo precioso del alma que enriquece el espíritu y lo acompaña a través de la mirada al Cielo.

Se llama “A-fresco”, este proyecto de arte callejero que encontra su inspiración en la gran tradicción del arte pictórico, en el Renacimiento, en el barroco, en el realismo como también en el surrealismo. Patrick es un arquitecto, un escultor, un ingeniero, un filósofo, un teólogo. Dibuja perspectivas arquitectónicas y espirituales, llenando vaciós que no son sólo espacios físicos, sino existenciales. Abre ventanas y balcones, construye escaleras y pasadores allí donde hay sólo paredes grises y muros angustiantes. Es suficiente un poco de color, y todo cambia, y nuestro mundo llega a ser el mejor de los mundos posibles. Esta es la lección de Patrick Commecy, su testimonio. Limpieza y alegría por las calles de la vida.

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