LA PRESIDENCIA DEL HALCÓN GENERA DUDAS EN LA UE

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Cada seis meses, uno de los Estados Miembros asume la presidencia rotatoria y temporal de la Unión Europea. Durante ese tiempo cada capital se encarga de llevar la agenda del Consejo Europeo, de tratar de sacar adelante los principales asuntos de cada campo, desde Economía y Finanzas a Pesca pasando por Transporte, Clima o Asuntos Exteriores. O de organizar Cumbres extraordinarias, como la que tendrá lugar el próximo septiembre, con sólo 27 países, para analizar las consecuencias del Brexit.

Hay países voluntarios y países efectivos. Hay países entusiastas y otros críticos. Hay presidencias sobrias, como la de Holanda, que terminó hace unos días. Eficiente, profesional pero sin muchas ganas de profundizar en la Unión, de buscar más acercamiento. De conseguir grandes logros históricos en temas como la crisis de refugiados o el problema en las fronteras. Y luego hay presidencias problemáticas, como la que el 1 de julio asumió en Eslovaquia el Gobierno del ceño fruncido.

La sensación en Bruselas es que los próximos seis meses van a ser, en términos prácticos, una pérdida de tiempo. Las expectativas están bajísimas, pues la relación de la Comisión y del Consejo con Eslovaquia es, cuanto menos, conflictiva. Y las sinergias de Bratislava con Moscú no son vistas con muy buenos ojos. Pero es que además, en 2017, por si no hubiera suficientes problemas, la presidencia le corresponde en teoría a Reino Unido, y no está claro qué pasará.

El pasado septiembre, el Gobierno de Robert Fico, sobre el papel un socialdemócrata pero en la práctica más a la derecha que la mitad de los ejecutivos conservadores del continente, llevó ante la Justicia comunitaria la decisión del Consejo de forzar, tras una inusual votación, a que todos los Estados Miembros acojan a una cuota de refugiados. A que contribuyan, solidariamente, a aliviar la carga que hasta ahora básicamente han soportado Grecia e Italia.

Fico logró ganas las elecciones en febrero y en marzo fue capaz de encabezar una delicada coalición con media docena de fuerzas, entre ella la derecha más nacionalista. Su mensaje, en campaña y en los últimos meses, es clarísimo: no hay espacio para los refugiados en su país “y el Islam no tiene cabida”. En Bruselas confiaban en que fuera retórica encendida para atraer voto y robar espacio a la derecha. Pero no. Desde entonces se ha mantenido en su mensaje sin miedo alguno de las reacciones de sus socios. Socios muy preocupados porque la crisis de refugiados no está ni mucho menos resuelta. El acuerdo con Turquía ha logrado, en la práctica, cerrar la llamada Ruta de los Balcanes, pero las llegadas a Italia por mar se han disparado. No es una prioridad para Bratislava intervenir, ni muchos creen que tenga las habilidades necesarias para encarrilar una delicadísima situación con Erdogan.

Y todo ello con la negociación para la salida de Reino Unido de la UE. Un momento crítico, dramático, y que en parte le corresponderá guiar a los eslovacos. El Gobierno de Fico y su representación ante la UE quieren centrar su presidencia en cuestiones muy técnicas. Avances en cuestiones presupuestarias, energéticas y el Mercado Digital. Pero en este año el guión lo fijan la ruptura de la UE, qué hacer con las sanciones a Rusia y cómo evitar el desmoronamiento de los acuerdos turcos, entre otras cosas.

Además, hay un problema adicional. El Partido Popular eslovaco, de extrema derecha, ha anunciado que empezará la recogida de firmas necesaria para convocar un referéndum sobre la salida de la UE. Necesita al menos 350.000, muchos más de los votos logrados por la formación en los últimos comicios. Pero no es una señal esperanzadora que el primer intento de imitar a Brexit venga del país de la presidencia, por no decir que puede forzar al Ejecutivo a seguir siendo “halcón” para no dejarse comer terreno por los extremistas.

Los temas económicos del semestre quedarán en manos de otro personaje igualmente controvertido, Peter Kazimir, ministro eslovaco, célebre halcón y una de las voces más duras y provocadoras que surgieron durante la crisis de Grecia. Kazimir ha descubierto el atractivo de los medios y no duda en lanzar ‘boutades’ y ataques en sus intervenciones o desde sus cuentas en las redes sociales sabe que generan una repercusión de la que disfruta.

“Los miembros del Grupo de Visegrado están alineados en unas posiciones que son de estos cuatro países vs la Comisión. Tienen ideas muy diferentes al ‘mainstream’ de la UE, no sólo de la Comisión”, explica Marco Incerti, experto del CEPS, en Bruselas. “`Pese a ello, a nivel de agencia su poder es limitado porque son solo seis meses y en ese tiempo se dice y se hace muy poco en Europa. No creo que vaya a haber cambios radicales, no se pueden permitir tomar partido muy claramente”.

“Ya han organizado presidencias los demás miembros de Visegrado. En el caso de Polonia le tocó al gobierno Tusk pero los checos la hicieron en su cénit euroescéptico en el primer semestre de 2009 y no pasó gran cosa”, matiza también Ignacio Molina, investigador principal para Europa del Real Instituto Elcano. “Además, Fico es un personaje más complejo de lo que parece”, explica.

“Estamos en una actitud muy optimista y constructiva y tenemos excelentes socios en el Consejo europeo y la Comisión a nuestra disposición. Creo que lo gestionaremos sin demasiados complicaciones”, aseguró Fico en declaraciones recogidas por TASR.

En Bruselas no hay preocupación, pero sí cierta desazón. Hace unos días la plana mayor fue a Bratislava. Comisarios, Juncker y Tusk. Poco a poco irán pasando el resto. Los encuentros fueron correctos, pero sin ilusión. La UE afronta su etapa más oscura, con amenazas desde todos los frentes, pocos simpatizantes y la Unión disolviéndose desde Londres. Quizás la respuesta es “más Europa”, como pide Francia. O una pausa, como reclaman alemanes y holandeses. Pero consenso sí hay: la respuesta no pasa por la confrontación y el espíritu reduccionista, xenófobo y egoísta que ha marcado las intervenciones eslovacas del último año.

Artículo tomado de www.elmundo.es

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