GUATEMALA, CIENTOS DE NIÑOS INHALAN DISOLVENTES PARA NO SENTIR HAMBRE El circulo de maltratos infantiles y la falta de atenciones por parte del Estado no han cambiado en los años

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Calmar el tormento del hambre inhalando sustancias tóxicas: por las calles de Guatemala es fácil encontrar adultos, niños, niñas y jóvenes que andan respirando disolventes para evitar sentir hambre, intentando olvidar también la violencia y la desesperación por que han abandonado sus familiares y sus hogares. Una especie de “analgésico” para alejar por unos minutos el sufrimiento.

Según las informaciones llegadas a Fides por las organizaciones empeñadas en favor de las personas que viven en las calles, no existen estadísticas oficiales capaces de calcular el número de seres humanos que viven en estas condicciones. Es cierto que el circulo de maltratos infantiles y la falta de atenciones por parte del Estado no han cambiado en los años, creando de facto siempre más huérfanos entregados a sí mismos y a la merced del destino.

Sobrevivir en Guatemala no es fácil si se está pobres y solos: expuestos al desprecio de la gente, de las autoridades municipales y de la policía, los menores viven por las calles como marginados. En el País casi el 50% de los niños sufre hambre y muchos mueren por denutrición. Segú Word Food Programme (Programa Alimentar Mundial), Guatemala está entre los cuatro países del mundo con la mayor tasa de malnutrición.

Frecuentemente estos “desesperados” se agrupan entre ellos y viven como una familia donde se cuidan el uno al otro siguiendo unas reglas. No obstante, cuando se rompen estas reglas, se pega el infractor e incluso es alejado. La principal fuente de supervivencia es la mendicidad, pero las ganancias se usan para comprar disolventes o botellas de licor: sustancias peligros que, sin embargo, apagan el dolor.

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