LA COSECHA ES LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO DE LA MISERICORDIA

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peregrinos

Vayan, no se queden encerrados, porque la cosecha es mucha. Y recen para que el Padre Dios mande más obreros, pide Jesús. En nuestro Altar Callejero y Virtual, Jesús no solo está a la intemperie, en la calle, sino que ahí muestra su corazón traspasado, que rebalza la sangre y el fuego de su Amor victorioso, como frutos sabrosos y nutrivos de la cosecha del Padre Dios.

En el Evangelio del XIV domingo de la liturgia, este Jesús de la intemperie invía a los discípulos: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos…”.

“Se llenarán de gozo, y sus huesos florecerán como la hierba” dice Isaías. Es que “la cosecha” es la alegría del Evangelio de la misericordia, que florece en las llagas por el trabajo de los discípulos misioneros. San Pablo proclama: Yo llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús, la misma sangre y fuego que brotan de las llagas de Jesús y que son la cosecha de Dios, son las flores y frutos que brotan del cuerpo de Pablo. Son las obras concretas de misericordia, de amor, de paz que, como enviados y trabajadores de Dios tenemos que hacer brotar del corazón de todas las personas.

Artículo tomado de www.radiovaticana.es

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