EL REGRESO DE RATZINGER

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PAPA

Cada Pontífice deja en la historia un rastro indeleble. Su vida, las palabras, los gestos realizados se quedan por siempre y están sistemáticamente releídos, estudiados y reinterpretados. Lo que ha vivido un Papa fascina y merece, también después de unos siglos, estar comprendido. Benedicto XVI, hoy llamado “emérito”, es de facto el penúltimo Pontífice de la historia de la Iglesia; tiene buena salud a pesar de la edad avanzada y aunque se ha retirado a la vida contemplativa, en ocasión de su 65° aniversario de ministerio ha vuelto a hablar, dirigiéndose a Papa Francisco, con estas palabras: “Gracias Santo Padre por su bontad que desde su elección en cada momento me sorprende interiormente y me lleva a cabo. Es el lugar donde vivo y me siento protegido, antes que en la belleza de los Jardines. Esperamos que usted pueda ir adelante en guiarnos mostrando el camino de la Misericordia Divina. Que sea un mundo de vida”.

Fue conmovedora la humanidad que Benedicto XVI ha manifestado, dando gracias a Bergoglio por “protgerlo” dentro de las paredes de Vaticano. Una vez más, Ratzinger con su mansedumbre ha mostrado a la Iglesia, y al mundo, un corazón humilde y lleno de gratitud. Joseph nació en Marktl am Inn (Alemania) el 16 de abril de 1927, transcurriendo la infancia y el adolescencia en Traunstein, una pequeña localidad cerca de la frontera con Austria. En este contexto, que él mismo define “mozartiano”, recibe su formación cristiana, humana y cultural.

La fe y la educación de la familia lo prepararon a enfrentarse con la experiencia de aquellos tiempos, es decir la del nazismo. El joven Joseph siempre recuerda los episodios liados a la persecución y al maltratamiento que su cura sufría por los nazistas. Fue justo en esta situación que descubrió la belleza y la verdad de la fe en Cristo. Apoyado por su familia, de 1946 a 1951 estudia filosofía y teología en la Escuela superior de filosofía y teología de Frisinga y en la universidad de Múnich. Se convirtió en sacerdote el 29 de junio de 1951.

Un año después, don Ratzinger empieza su actividad de profesor en la misma Escuela donde fue estudiante. Sigue su enseñanza en Bonn, Münster, Tubinga y Ratisbona, donde recibe la cartera de Vicedirector de la Universidad. En este período de su subida académica se datan sus primeras publicaciones, entre las cuales “Introducción al cristianismo”, llegado a ser luego un best-seller de la teología.

Su experiencia le permitió la calificación de “experto” durante los trabajos del Concilio Vaticano II, años que él vive como confirmación de su vocación, por él mismo llamada “teológica”. En 1977 Papa Pablo VI, hoy beato, lo designa Arzobispo de Múnich y el 27 de junio del mismo año lo crea cardenal.

Orador de muchas Asambleas Sinodales, llega a ser la mano derecha de Juan Pablo II en 1981, cuando Wojtyla lo designa Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Al Cardenal Ratzinger son encomendadas las meditaciones de la Via Crucis 2005 celebrada en el Coliseo. Nadie nunca olvidará aquella noche. Juan Pablo II, agarrado al Crucifijo, en un conmovedor “icono” de sufrimiento, escucha en silencioso recogimiento las palabras de él que llegará a ser su Sucesor.

Jospeh Ratzinger fue elegido el 19 de abril de 2005. Desde aquel momento, la Iglesia ha empezado su período de renovación. Benedicto XVI vuelve a ver el gobierno de la Curia, se involucra, en continuidad con su antecedente, para el desarrollo del diálogo ecuménico, la lucha contra el “relativismo cultural” y la pederastía dentro de los muros de la Iglesia. Un pontificado dificil, a menudo no comprendido, obstaculado por muchos; pero la historia lo recoradará sobretodo por la manera en que de repente se dimitió el 11 de febrero de 2013. Los ojos del mundo se han concentrado y emocionado viendo aquel helicóptero que sobrevola San Pedro. Las campanas de toda Roma suenan para saludar al Vicario de Cristo. El poral de Castel Gandolfo, mientras lo recibe, está cerrado por dos guardias suizas con lágrimas en los ojos.

Desde 2013, en Vaticano, residen dos papas. Uno reinante, Papa Francisco, el otro emérito. Felicitándose con él, Bergoglio ha recordado que Benedicto XVI “sigue sirviendo al Iglesia, no deja de contribuir de verdad con fuerza y sabiduría a su crecimiento; y lo hace desde aquel pequeño Monasterio que se revela, así, ser otro más que uno de aquellos rincones olvidados en que la cultura de recorte de hoy tiende a relegar las personas cuando, con la edad, sus fuerzas desaparezcan. Es todo lo contrario”.

Recientemente, Bergoglio ha escrito el prólogo a un libro de su predecesor, titulado “Enseñar y aprender el Amor de Dios”, a cargo de Pierluca Azzaro y Carlos Granados, con una introducción del cardenal Müller, publicado por Cantagalli. En aquellas páginas escribe: “Su Santidad Benedicto XVI, con su testimonio, nos muestra cual es la verdadera oración: no la ocupación de unas personas consideradas particularmente devotas y quizás adecuadas a resolver problemas prácticos; aquella manera de actuar que en cambio los más activos creen sea el elemento decisivo de nuestro servicio sacerdotal, relegando así de facto la oración al tiempo libre. No. La oración es el factor decisivo: es una intercesión de la cual la Iglesia y el mundo necesitan más que nunca, como el pan, más del pan”.

Con sus 65 años de ministerio, Ratzinger vuelve a edificar el pueblo de Dios con su específica misión de Papa emérito. Una bofetada, su testimonio de fraternidad y fidelidad, a los muchos calumniadores que aún esperan en la desgracia de la Iglesia.

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