LA NUEVA MAFIA MUNDIAL

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“Nos enfrentamos a extinciones masivas y enteros Países están perdiendo muchas especies de fauna salvaje icónica (el comercio de animales salvajes en Asia, la caza furtiva de elefantes y rinocerontes en África subsahariana, ndr). El alcance y el espectro de este comercio ilegal está siempre más amplia. Ahora incluye en sus actividdades el tráfico de residuos, los productos químicos, sustancias lesivas del ozono, mariscos tomados ilegalmente, las deforestación, así como el comercio de minerales procedente de las zonas de conflicto, como oro y diamantes”.

No es el inicio de una película apocalíptica de producción americana, sino un texto contenido en el informe Onu “The rise of enviromental crime” publicado justo en junio de 2016. El documento revela por primera vez que esta nueva área de criminalidad ha diversificado sus intereses y ha crecido dentro de unos decenios hasta llegar a ser la cuarta en orden de importancia mundial en el sector criminal.

Interpol y Unep (el programa Onu por la protección ambiental) calculan que los recursos naturales valen cada año desde 91 hasta 258 mil millones de dólares (depiende de los parámetros considerados), dinero que desaparece, privando los Países de ingresos futúros y oportunidades de desarrollo. Que no se evidencian sólo en el tráfico criminal verdadero, con transferencia de dinero, sino también en una culpable miopía de algunos gobiernos y de leyes nacionales que no consideran ilegales unos episodios. Es el caso del derrame de toneladas de residuos químicos en la cuenca del Río Amazonasi, o el pescado atlántico en el decenio pasado.

La criminalidad ambiental tiene un impacto que va más allá de lo que deriva de la criminalidad regular: aumenta la fragilidad de un planeta ya en crisis. No sólo, un ulterior efecto de los crímenes ambientales es que minan la paz. No es un caso que el Consejo por la Seguridad de las Naciones Unidas ha reconocido la grave amenaza a la seguridad representada por la criminalidad ambiental, con que se financian grupos armados y potencialmente también terroristas  sustenidos a través del botín de este sector.

La criminalidad ambiental que está en expansión en Asia y en África, que en los Estados Unidos y en Europa. Sólo para ofrecer un dato, desde 2014 a 2015 se ha registrado un aumento del 26% de los crímenes ambientales, y la tendencia está creciendo.

En la República Democrática de Congo, por ejemplo, la explotación ilegal de madera y de los minerales en el este del País tien un valor entre los 722 y los 862 millones de dólares. Otro ejemplo: el reciente agravarse de las tensiones entre China y Vietnam ha contribuido a un aumento esponencial del ya elevado comercio ilegal de decenas de miles de ejemplares de tigres, armadillos, osos.

En Italia, el reporte identifica Camorra y Ndrangheta entre los grupos criminales al centro de estos tráficos milloneros, o Australia, Europa, Estados Unidos y Japón como centros de procedencia de los residuos tóxicos, a menudo radictivos, destinados a países de Su Este asiático o de África subsahariana.

No obstante, las fuerzas del orden se están reforzando. Hay ejemplos significativos en todo el mundo de los esfuerzos de varios sectores de trabajo para reprimir la criminalidad ambiental y ayudar con éxito el restablecimiento de la fauna salvaje, de los bosques y de ecosistemas. Esta colaboración, el intercambio y el adhesión de esfuerzos al interior y a través de las fronteras, formal o informal, representa hoy el arma más potente para salvar el planeta.

“Qué  tipo de mundo deseamos transmitir a los que llegarán después de nosostros, a los niños que están creciendo?” (160) es la pregunta  l’interrogativo al centro de Alabado sea, la Encíclica sobre la cura de la casa común de Papa Francisco. La Encíclica se llama como la invocación de San Francisco«Laudato si’, mi’ Signore», que en el Cántico de las criaturas recuerda que la tierra, nuestro hogar común, «es también como una hermana, con que compartimos la existencia, y como una madre que nos recibe entre sus brazos” (1). La Tierra está maltratada y saqueada, pero no se puede y no hay que perder la esperanza: “La humanidad- es el señal de esperanza de Francisco – todavía tiene la capacidad de colaborar para construir nuestro hogar compartido”.

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