LA “BATALLA” DEL TÁMESIS

106
batalla

Hay batallas que pueden cambiar el curso de una guerra, como la librada el pasado martes en las aguas siempre turbias del Támesis. Nigel Farage se las prometía muy felices al frente de la flotilla del Brexit, dispuesto al desembarco con toda la tropa de pescadores euroescépticos en Westminster.

Pero nada más pasar bajo el puente de Londres, el fogoso líder del Partido de la Independencia del Reino Unido (Ukip) ha tenido que vérselas con un enemigo imprevisto. El cantante Bob Geldof le ha salido al paso con su propia flotilla de la “permanencia”, compuesta por el típico crucero fluvial y por una escolta de lanchas rápidas al estilo Greenpeace que dejaron por todo el río la estela europea del “in”.

La batalla desigual se ha inclinado de entrada hacia las escuadrilla quijotesca de la “permanencia”. Para más inri, ha trascendido la noticia de que el buque-insignia del Brexit, el Christina, con 70 metros de eslora, engalanado con Union Jacks a lo largo y ancho de su imponente casco rojo, fue multado en su día por pesca ilegal.

El gran día de Farage, que ha arrancado con sol, se ha teñido al final del típico gris londinense. Y el entusiasmo del líder del Ukip, que reclamaba el protagonismo perdido frente al ex alcalde de Londres Boris Johnson, se trocó en cabreo dirigido contra el enemigo naval.

“Solíamos protestar contra el establishment, pero ahora es el establishment el que se manifiesta contra nosotros”, se ha lamentado Farage. “Lo que ha hecho el multimillonario Sir Bob Geldof es un acto de desprecio a los pescadores que han venido a protestar contra el sistema de cotas de la UE. Ha sido un espectáculo vergonzoso”.

Solo Farage es capaz de hundir a estas alturas el acorazado del Brexit, de ahí el esfuerzo de la campaña oficial VoteLeave en marcar las distancias. Lo del pasado martes ante la presencia inquietante del HMS Belfast, anclado frente a la Torre de Londres y seguido desde las dos orillas del Támesis por miles de turistas, puede tener al final un efecto boomerang en las encuestas.

Harto de figurar como un polizón y en segundo plano, con su campaña paralela Leave.eu, Farage ha decidido ponerse al timón y competir con Boris Johnson, provocando titulares que le están haciendo un flaco favor a sus compañeros de tripulación.

“No tengo ni idea de qué pasará después del Brexit”, ha declarado antes de su aventura naval, a su paso por Kingston upon Thames. “No contemplo nada de lo que pueda venir después; lo único que quiero es ganar este referéndum”.

Y aunque prefiere ignorar los efectos que pueda tener en su país, lo que sí se atreve a pronosticar es la “desintegración” de la Unión Europea: “Reino Unido será la primera pieza del dominó. Después vendrán Dinamarca y otros países nórdicos. La UE va a a colapsar”.

En el Reino Unido, como mucho, se atreve a vaticinar un terremoto en los grandes partidos y la caída del Premier David Cameron (el pasado martes ha desmentido los rumores de un puesto de ministro en un hipotético gabinete de Boris Johnson).

Mientras la campaña de VoteLeave se difundía su propia hoja de ruta para después del Brexit -incluida una ley para suprimir la “libertad de movimientos”- el ‘capitán’ Farage se dedicaba mayormente a provocar la marejada en los meandros del Támesis.

Los barcos de la policía han tenido que mediar entre las dos flotillas rivales del Brexit y de la permanencia y evitar que se produjeran abordajes indeseados y ataques con mangueras. Las escaramuzas han continuado en el curso del Támesis, aunque los dos grandes pesqueros se han quedado fondeados y esperando el regreso de la avanzadilla de Fishing for Leave hacia las ojivas de Westminster.

Farage ha condenado las cuotas de la Ue y ha reclamado la “libertad” que tienen los islandeses y noruegos: “Nuestros bancos de pesca están considerados ahora como un recurso común y eso ha supuesto una caída de un 60% en el volumen de negocio de nuestra industria pesquera y la pérdida de miles de puestos de trabajos”, ha declarado el líder del Ukip desde la popa de su embarcación. “Esto no es una celebración sino una protesta en toda regla. ¡Reclamamos recuperar el control de nuestras aguas!”.

Farage ha prometido que sería una acción “visual y dramática” y no se ha equivocado. El momento del ‘choque’ entre los bajeles de las dos flotillas ha traído a la memoria las escenas caóticas del Waterworld de Kevin Costner.

Artículo tomado de www.elmundo.es

Avviso: le pubblicità che appaiono in pagina sono gestite automaticamente da Google. Pur avendo messo tutti i filtri necessari, potrebbe capitare di trovare qualche banner che desta perplessità. Nel caso, anche se non dipende dalla nostra volontà, ce ne scusiamo con i lettori.

No hay comentarios