UCRANIA, LA TRAGEDIA OLVIDADA

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Desde el inicio de su pontificado Papa Francisco nos ha acostumbrado a extender la mirada más allá de nuestras fronteras: está en su estílo por tanto el reciente llamamiento a la oración y a la caridad hacia la nación de Ucrania a menudo olvidada. Don Volodymyr Voloshyn, coordinador pastoral de la Iglesia griego-católica ucrania en Italia da las gracias así: “Toda nuestra comunidad está agradecida a Francisco por llamar el atención de todos los fieles de la Iglesia Católica en Europa sobre la situación dramática de la guerra, de la cual desgraciadamente hoy se ha olvidado”.

Ucrania post-maidan de 2014 es por lo tanto un País en quiebra y en plena crisis humanitaria: dos años después del empiezo de la guerra, en la región oriental de Donbass, siguen los choques entre militantes separatistas pro rusos y fuerza gubernalmentales y se cuentan 9000 muertos. En este cuadro, complejo y articulado, hay un acervo de intereses que no ayudan a la Nación a encontrar un equilibrio y una identidad nueva. A confirmar la gravedad de la situación es Barbara Manzi, jefe del departamento de Naciones Unidas para el Coordinamiento de Asuntos Humanitarios en el País. “Hoy 3 millones de personas necesitan ayuda. El problema aquí es que se trata de una crisis invisible”.

El País está actualmente dividido en dos, entre una parte occidental gobernada por Kiev y por el oligarca Petro Poroshenko, y una oriental por los separatistas pro rusos, que han constituido las repúblicas independientes (autoproclamadas) de Donetsk y Lugansk. Los acuerdos de paz, apoyados por Occidente, de Minsk II, se han quedado como carta muerta: ningún alto el fuego, ni nueva Constitución, ni elecciones, ni la cesión del control de las fronteras con Rusia en Kiev. Y así es el zapato, qué se aposta la escena internacional en la relación ya compromiso Moscú-Kiev? El lote es fundamental: antes de todo NATO tiene gran interés a favorecer la integridad ucrania, garantizándose un Estado amigo a la frontera meridional con Rusia, teniendo la frontera septentrional ya a salvo, con las Repúblicas bálticas.

También al Unión europea el asunto no está indiferente: para los Países centro-orientales ella es parte del contrafuerte antirruso, para Alemania establecer su influencia en el País sería un óptimo objetivo económico. Sobretodo, el País representa una pieza más para completar la integración europea: el precedente gobierno cayó justo porque considerado demasiado tibio sobre esto. Sí, porque los ucranios creen en Europa: las protestas en Plaza en Kiev, en 2013, se destinaban a progresar en el proceso d integración. El agresión en Ucrania en parte fue favorecida, en cambio, por la debilidad del Unión europea, que no supo preservar un equilibrio que, aunque inestable, duraba desde la caída del muro de Berlín.

Es a esta debilidad que Papa Francisco, ya con cierta regolaridad, da una bofetada, invitando a rezar para la comunidad cristiana ucrania y a recaudar fondos para apoyarla. Es así que la Iglesia va contracorriente, que encuentra soluciones, contra a quien (un poco todos nosotros) es capaz sólo criticar o tener en cuenta su propio, particular, insignificante interés. Pero es así que se cambia la historia, con la gratuidad del bien.

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