LA MÁQUINA QUE QUIERE SUSTITUIR AL HOMBRE

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Se llama Sophia, ha recién nacido pero ya es capaz de relacionarse y dialogar con personas de cualquier edad. No es una broma de la naturaleza sino… del hombre. Sophia es de hecho el nombre de la primera máquina humanoide, en forma de mujer, lista para invadir el mercado internacional. Nacido con el objetivo de ofrecer asistencia a las personas en los grandes centros comerciales y en los parques temáticos, ya se prevee su utilizo en las estructuras de asistencias para los ancianos. Y como siempre se pone una duda: hasta qué punto la tecnología puede llegar en la creación de clones de la humanidad? Cual es el límite de la “creación”? La inteligencia artificial puede ir más allá del límite de la sensibilidad?

Sin querer demonizar a nada, lo cierto es que dejar el paso progresivamente al utilizo de las máquinas no sólo lleva el riesgo que el género humano llegue a ser perezoso contra naturaleza, sino abre también escenarios de eficacia que son utilizados como paradigma de calidad cuando sabemos bien que para un ser humano el primero y más importante parámetro es la interacción, la comprensión, el intercambio. Una máquina muy eficiente podría ayudar a un buen enfermero, pero la sustitución sin más provoca un escalofrío por la columna.

De todos modos el proyecto sigue adelante. Inspirado a las formas y a la fisiología de Audrey Hepburn, Sophia es una máquina proyectada y construida por la estadounidense Hanson Robotics en colaboración con el científico japonés Hiroshi Ishiguro (uno de los mejores en el de la robótica humanoide), Sophia fue activada por la primera vez en octubre de 2015 y presentar a la prensa y al público durante el festival South by Southwest en marzo de 2016 en Austin (Texas, Estados Unidos).

Dotada de pequeños motores y sensores capaces de mover su cara como si fuera una persona real, Sophia tiene también una inteligencia artificla única en su género. Gracias a algoritmos y protocolos varios, la máquina humanoide de Hanson Robotics puede relacionarse y dialogar con cada persona que se enfrenta a ella dando respuestas exactas a las preguntas puestas. O sea, como relacionarse con Siri, Cortana o Google Now de carne y hueso.

Los prodigios del ordenador de Sophia, de todos modos, no terminan aquí. Como un ser humano real, Sophia tiene una inteligencia en continua “evolución”: sus capacidades cognitivas y sus capacidades de dialogar amejoran gracias a la interacción continua con otras personas. Gracias a algoritmos de aprendizaje de máquinas, por tanto, el robot humanoide puede aumentar el campo de conocimientos personales y encontrar argumentos siempre nuevos con que entretener sus interlocutores. Gracias a una memoria inmensa, de hecho, Sophia puede recordar conversaciones tenidas en pasado: de esta manera puede volver a hablar de algo interrumpido en pasado o descartar unos temas ya tratados.

A primera vista, Sophia podría dejar confundidos. Mérito de la máscara, realizada en caucho de silicona de última generación, que da un aspecto increiblemente realístico a la cara y a los rasgos de la máquina humanoide. Los sensores y los micro motores que se esconden detrás de esta máscara permiten a la creación de Hanson Robotics copiar 62 expresiones faciales: es suficiente una mirada, por tanto, para comprender el humor de Sophia y reaccionar de consecuencia.

De la misma manera, ella también puede mirar la cara del interlocutor frente a ella y tomar decisiones de consecuencia. Mérito de dos micro cámeras implantadas en los ojos que, gracias a complejos algoritmos de inteligencia artificial, son capaces de reconocer a las personas con quien se está relacionando. Sin embargo – y esta es la pregunta fundamental que traslada el asunto de tecnología a ética, y para los creyentes al concepto mismo de Creación – es capaz de comprender las exigencias psicológicas de un paciente? Conceptos como piedad, amor, bienvenida van más allá de un algoritmo; el verdadero riesgo es que el hombre lo olvide.

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