EL SIGNIFICADO DE LA FIESTA DE LA REPÚBLICA

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Atrás la pesadilla de la guerra y de la dictatura, delante la esperanza de un futúro mejor. Estos sentimientos acompañaron los casi 25 millones de italianos que el 2 y 3 de junio de 1946 acudieron a las urnas para elegir entre Monarquía y República. El referendum fue organizado bajo el impulso de aquellas fuerzas de la Resistencia que consideraban Casa de Saboya responsable del ascenso del fascismo y, en consecuencia, de los sufrimientos causados por el ingreso en la Segunda Guerra Mundial a lado del Alemania nazi.

En 1944después de que ya Victor Manuel III había designado su hijo Umberto II “lugarteniente del Reino”, el gobierno dirigido por Ivanoe Bonomi (al cual se habían unido todos los partidos antifascistas), aprobó el proyecto de ley que cambió en norma jurídica el acorde en base al cual, terminado el conflicto, se habría tenido que desarrollar una consultación de referendum para elegir la nueva forma del Estado y el Asamblea Constituyente. Todo fue formalizado por un segundo proyecto de ley, adoptado en marzo de 1946. De facto Umberto (que dentro de poco tiempo habría llegado a ser rey gracias al abdicación del padre) aseguraba que hubiera respetado el éxito de la votación.

En los meses antes del referendum hubo una fuerte campaña “pro República” orquestrada por los partidos que tenían el mayor apoyo popular. Entre estos había el Partido Comunista, el Partido Socialista Italiano de Unidad proletaria, el Partido de Acción, el Partido Republicano y después la Democracia Cristiana. La única excepción, en la variada experiencia post partisana, fue representada por el Partido Liberal, que seguía apoyando el rey.

Los resultados fueron revelados el 10 de junio por el Tribunal de Casación y sancionaban: República 54,3%, Monarquía 45,7%. Sobre estos datos mucho se ha escribido y discutido. Los monarquistas temeban posibles fraudes electorales basadas, entre otras cosas, sobre las primeras proyecciones ofrecidas por los Carabineros presentes a los escaños que indicaban una prevalencia del voto a favor del rey. Pero ninguna de las supuestas irregularidades quejadas tuvo el efecto de cambiar el éxito de la consultación, ocurrida por la primera vez por sufragio universal. El aspecto más significativo, en todo caso, fue otro: la división del País en dos bloques. Al Norte prevaleció la República, al Sur la monarquía. Fue la consecuencia directa de los últimos años de guerra. Mientras el Sur, convertido en Reino del Sur después de la huida del rey de Roma, nunca se había apartado de la monarquía, el Norte había sufrido la ocupación alemana, la República Social y la guerra civil.

El 13 de junio Umberto II, enfadado por la proclamación de la República de parte del gobierno con “acto unilateral”, encontrándose delante del alternativa de “provocar derramamientos de sangre o sufrir la violencia” decidió abandonar el suelo italiano, invitando los súbditos fieles a la corona a respetar la nueva forma del Estado, para evitar otros sufrimientos después de la guerra. Fue la fin de una época iniciada con el Risorgimento, en el cual Casa de Saboya tuvo un papel de protagonista.

El siguiente 28 de junio la Constituyente (que miraba una prevalencia de democristianos, socialistas y comunistas) designó Enrico De Nicola como jefe temporal del Estado. Empezaron por tanto los trabajos para la redacción de la nueva Carta fundamental en sustitución del Estatuto Albertino, que no estaba adecuado a los nuevos tiempos – había estado una concesión del rey – y se había demostrado demasiado débil cuando permitió el ascenso y la continuación del fascismo.

En octubre, después de poco más de 70 años desde aquel referendum, los italianos serán llamados de nuevo a las urnas, esta vez no para decidir la forma del Estado sino para cambiar la Costitución, primogénita de la República. El debate político, con sus banalidades, polémicas estériles y peleas vergonzosas, no debe hacernos perder el sentido de solemnidad de aquel momento. Lo debemos a quien ha luchado para permitirnos ejercitar libremente nuestra soberanía. Y a nuestros abuelos, que en aquel 2 de junio comprendieron por la primera vez qué significa ser artífices de su propio futúro.

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