EL MIEDO POR CABLE

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Las periferías del mundo no son sólo aquellas donde hay pobreza: ni las historias son exclusivamente de matanzas. Hay otras donde la violencia es más sutil, de alguna manera “preventiva”. Elimina las personas, a su manera, como haría una bala: hace desaparecer quien no está bienvenido, asusta quien se queda. Golpear uno para educar cientos, se hubiera dicho en pasado.

Pinar Cetinkaya es una estudiante como muchas. Frecuenta el primer año a la Universidad Adnan Menderes de Aydin y vive junto a otras chicas en un dormitorio. Vive en la ciudad de Aydin, pero viene de Hakkari; es kurda y es en su idioma que habla con sus padres, que no conocen el turco. Y así, mientras una noche estaba al teléfono con ellos, ha notado que sus compañeras de piso la observaban de manera extraña. “Me miraban como si fuera una terrorista, porque estaba hablando en kurdo con mi familia” ha contado Pinar a los periódicos locales. “Cómo podemos estar seguras que tu no eres una terrorista?” le han dicho sus compañeras de piso.

Tres sus compañeras de cuarto han entonces presentado una denuncia contra Cetinkaya, junto a los administradores del hostal, acusándola de “propaganda terroristica”. La delación no hace parte del pasado.

Pinar fue echada del dormitorio y fue llevada en comisaría para ser cuestionado por policía. Además de esto, ha perdido parte de la beca que le dieron para frecuentare la Universidad.

Según la jóven lo que le sucedió es una verdadera discriminación racial. “No puedo hacer otros comentarios — ha luego dicho a los periodistas — todo sucedió por lo que han dicho dos personas, y mi versión de la historia no fue considerada. Jugaron con mi vida y mi futúro” ha luego terminado. Tres días después del interrogatorio ha intentado volver al dormitorio para llevarse sus cosas, pero no le permitieron entrar por miedo a que se hubiera puesto un chaleco bomba.

Ya hace un mes hubo otro caso de una estudiante acusada de terrorismo. Se trata de Gizem Yerik, una chica dei 23 años, estudiante en la Escuela de Arte de Bursa, sentenciada a cuatro años y ocho meses de encarcelamiento por publicar en su página Facebook unas frases en apoyo a la causa kurda. La chica fue así acusdada de propaganda terroristica y difamación hacia el Presidente de la República. Se fueron en su defensa también sus amigos y colégas, que han publicado una petición en Change.org para pedir la liberación.

De facto el mundo de las Universidades, de la información y de la cultura está bajo ataque. Hace algunos meses más de mil profesores universitarios de todo el mundo (entre los cuales también Noam Chomsky) firmaron un documento para pedir que el gobierno pusiera fin a las llamadas “operaciones de seguridad” en Kurdistán turco; los profesores turcos fueron así acusados de propaganda terroristica.

Hace un mes también un profesor inglés, Chris Stephenson, que vive desde 25 años en Turquía y enseña en una universidad de Istanbul, fue acusado de propaganda terroristica. Su culpa: tener en bolsa unas invitaciones para Newroz, la nochenueva kurda. “Yo no apoyo al terrorismo, estoy favorable a una solución pacífica del conflicto” ha dicho, añadiendo que las invitaciones llegaban por el partido filokurdo Hdp.

La historia de Pinar ocurrió en la misma semana en que el presidente Recep Tayyip Erdogan ha sostenido que algunas universidades en Turquía son brotes de terrorismo. Ciertamente una bofetada a la cultura, sino también una manera para sofocar el pensamiento? Una pregunta que se queda abierta como una herida.

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