AQUELLAS PALABRAS QUE HIEREN

1698
  • Italiano
  • English
parole e violenza verbale

Hay aquella vez que no puedes soportar más y las palabras te llegan a la garganta de repente y las expulsas antes de darte cuenta.Son palabras duras como pedras. Son afilados como cuchillos para la carne cruda. Llegan al corazón de quien está delante de ti antes que tú sepas que les has echado. Son una bofetada, un puñetazo en la cara sin utilizar las manos. Sucede, sucedió, a todos. A alguien, desgraciadamente, no sólo una vez. Luego no es más como antes,, aunque se haga la paz. El pentimiento no borra el daño. hay aquella herida, entre dos personas que se quieren. Aunque curada, siempre puede volver a abrirse, a la próxima pelea, cuando las consas no se encuentran bien y hay el riesgo de deslizarse aún sobre el límite de la violencia verbal.

Ya. Porque también la verbal es violencia, de pleno derecho. Puede hacer mal, muy mal, hasta más de la física, hasta matar sentimientos y autoestíma, ahogar el amor por si mismos y por la vida, destrozar relaciones y familias y toda una existencia. Enferma el alma.

Es una forma de dominio de los hombres hacia su compañera. Una forma de “control obsessivo”, la llaman los expertos. Pero, en realidad, no se refiere sólo a las relaciones afectivas o semejantes. Afortunadamente, pertenece al experiencia de todas las relaciones en que no haya una condicción de simetría entre los interlocutores, uno es más débil o más dependiente del otro, materialmente o psicológicamente, y se deja usurpar, mortificar también con el látigo de las palabras. Ya sea, es él mismo a reaccionar con la rabia verbal a los abusos psicológicos y morales del otro.

La violencia puede estar en lo que se dice, más que en el tono o en el volumen dela voz. También la verdad puede ser violenta, para si misma, sólo por ser monstrada sin censura. eselegida de las palabras que nos hace agresores. La palabra como arma, de defensa o de ataque. Y, en muchos casos, el ataque disfraza un instinto de defensa. En el sitio web “doctissimo.it”, por la violencia verbal, se lee: “Es normal que el comportamiento de los demás a veces te enfada. Es el destino de la vida en pareja, en familia o en la sociedad en general. La cercanía a los demás pide de hecho hacer concesiones y aceptar comportamientos diferentes. Inútil enfadarte por las puequeñas manías de tu compañero o tu compañera o quejarse con tu hija que pasa demasiadas horas a la semana al teléfono”. Y continua: “La violencia verbal de todos modos no se límita sólo a las malas palabras o a un excesiva irritación. Puede esconderse en tu tono o en tu manera de enfrentarte con los demás. Algunas observaciones o palabras a veces son golpes violentos. dejan heridas, aunque invisibles”.

El psicólogo Francesco Boz, especialista en neurociencias, doctor de investigación en psicología clínica, sobre su blog “psiche.org”, el miércoles 25 de mayo, ha publicado un interesante artículo, con el título “Los efectos destrozantes de la violencia verbal”. Escribe: “Cuando se pelea en dos, uno siempre está más luchador que el otro y actua como si durante de la discusión no existiera ningún golpe prohibido. Más especificamente, hay personas que durante las discusiones piensan en las consecuencias de sus palabras, y otras que en cambio liberan toda la rabia que tienen al interior como si aquel momento fuera descontectado de todo el resto. Esta dinámica de la comunicación es particularmente evidente en las parejas. Diferentemente de otras relaciones, como por ejemplo la entre jefe y sumetido o entre padre y hijo, la relación entre dos que se aman tiene que ser simétrica. En teoría, la palabra de él vale cuanto la de ella, y viceversa. Justo porque empiezan en el mismo plan, las consecuencias de no pensar en las consecuencias de lo que se dice son destrozantes”.

Y aún: “Quien ataca, verbalmente o fisícamente, lo hace porque se siente amenazado, es una respuesta instintiva que hace parte de nuestra historia genética y biológica. hay quien para atacar ha desarrollado los músculos y quien en cambio ha reforzado el cerebro. La persona que ataca verbalmente, cuando lo hace tiene la mente confusa, sabe donde afectar para hacer mal y lo hace desordenadamente, sin ningún proyecto. Su mente hierve dentro y se cierra para dejar fuera el mundo exterior. No hay nada que puedes decir que lo hará calmar, sòlo quiere herirte”.

Para Boz, quien ataca verbalmente tiene una elevada inteligencia especulativa, pero es una persona muy frágil, que controla con dificultad los impulsos. En cambio, quien sufre la violencia de las palabras en aparencia pasivamente, generalmente es una persona introvertida, con una elevada inteligencia social, pero dependiente afectivamente. En la realdiad las categorías resisten a cada intento de fijarlas rígidamente. Hay personas que usan las palabras sin mucha inteligencia y extrovertidos con graves dependencias psicológicas y afectivas. En cada caso, la violencia hace daño a quien la usa y a quien la sufre, siempre, de cualquier forma. Destruye el espíritu, la personalidad, los afectos.

Descargar la rabia con las palabras, en los momentos de estrés, es una tentación común. Si se convierte en un costumbre, pero, es una verdadera patología e puede transformarse incluso en crimen, punido según el código penal. También  estereotipos exprimidos verbalmente y prejuicios son una forma de violencia, psicológica y moral. “Serìa un error llamarla una violencia menor”, declara Evan Stark, profesor en Rutgers University, autor del libro “Control coercitívo” sobre la violencia psicológica hacia las mujeres, en una entrevista a Huffington Post. “La gravedad de este tipo de abuso está en su frecuencia, no en su intensidad, y en su efecto cumulatívo”.

En una sociedad confundida e indigente como la en que vivimos, para muchos que están sòlo y hambrientos y que se escalan en difíciles existencias, con relaciones sociales y afectivas siempre más complicadas, sirve una educación a la relación y a la comunicación verbal. La “ciencia” de la comunicación “no violenta” se basa sobre pocas simples reglas, evidenciadas, entre los demás, por la investigadora Wayland Myers, autora del libro “The Basics as I know and use them” (“Las bases que conozco y que utilizo”). Hay tres principios fundamentales: describir eventos, emociones y necesidades sin exprimir juicios; evitar insultos o un actitud de defensa, exprimendo claramente al otro sus propios sentimientos, emociones y deseos, con la conciencia que estos producen un efecto sobre la otra persona. Pedir de manera explícita y calma lo que se quiere que el otro hiciera sin pretensiones, rogaciones encarecidas, imposiciones, amenazas, manipulaciones mentales.

La regla más cencilla, sin embargo, es la más banal, la regla áurea: no hacer a los demás lo que no queríamos que nos hagan a nosotros. Y ser capaces de pedir perdón, temprano y sinceramente, de nuestros errores.

Avviso: le pubblicità che appaiono in pagina sono gestite automaticamente da Google. Pur avendo messo tutti i filtri necessari, potrebbe capitare di trovare qualche banner che desta perplessità. Nel caso, anche se non dipende dalla nostra volontà, ce ne scusiamo con i lettori.

No hay comentarios

Dejar respuesta