LA SEQUÍA QUE SECA EL ALMA

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Hay otra manera de mirar al conflicto en Siria, vuelto con fuerza en las páginas de todos los periódicos del mundo después del ataque Daesh que mató más de cien personas. Algunos científicos de la Universidad de Santa Bárbara en California sustienen de hecho que el choque fue agravado por los tres años de sequía peores que nunca se han grabado en la región, desde 2006 a 2009. El fenómeno sigue una disminución de las lluvias medias constante grabado desde 1931, y por el consiguiente secado del suelo. La sequía por tanto ha afectado el agricultura frecuentemente atrasada y fuertemente dependiente por la lluvia de diferentes regiones de la Media Luna Fértil, en particular Siria, aumentando los flujos migratorios de los campos a las ciudades, que en aquellos años incluyeron hasta un millón y medio de personas. Y todo aumentando las tensiones ya existentes, sobretodo por una respuesta no adecuada a la consiguiente hambruna por parte del gubierno sirio.

En 2015 y 2016 la sequía y la hambruna han amenazado y aún amenazan fuertemente África Subsahariana. El análisis es de Lorenzo Colantoni para Radio Bullets: “Dos son los casos más preocupantes – afirma -. El primero se refiere a África meridional y a la oriental: el 22 de diciembre Lesotho declaraba el estado de emergencia por la sequía, el 5 de febrero Zimbabue, el 18 Suazilandia, el 15 de marzo toda la Southern Africa Development Community (de Congo hasta Sur África), el 12 de abril Malawi. También Sur África, considerado a menudo el granero africano y con el agricultura más avanzada de la región, ha sufrido fuertemente las consecuencias de la sequía, y así Mozambico. Todo ha dependido por una de las manifestaciones más fuertes de siempre de El Niño, un fenómeno climático de por sí recurrente”.

Sin embargo es justo el cambio climático que ha aumentado la intensidad y la recurrencia de los eventos climáticos, y así la peligrosidad. Lo que preocupa es que el aparición del cambio climático podría repetirse en este medio cada año y quizás desde antes de lo que se espera, pondrá en crisis los sistemas agrículos más débiles (Malawi) y más fuertes (Sur África): hasta febrero el 40% de las regiones de Zimbabue estaban en un nivel crítico desde el punto de vista de las reservas de comida, hasta mayo o incluso septiembre podría estar así más de los dos tercios del país.

El último caso es lo de Etiopia, pero aquí la situación es más complicada. Una combinación de elementos, entre los cuales siempre El Niño, podría causar la peor sequía de los últimos 50 años en las regiones de Tigray y Afar, aún más grave que la detrás de la hambruna de 1983–1985, que causó más de 400.000 muertos. 14 millones están ahora en el riesgo, pero en una de las economías africanas con el mayor crecimiento (10,3% de crecimiento del PIB en 2014) es dificil comprender el porqué. Muchos piensan que esta es la demonstración de lo que sostenía el premio Nobel Amartya Sen en su “El desarrollo es libertad: las hambrunas ocurren en los regímenes autoritarios y no en las democracias”, porque estos tienen que enfrentarse menos con el pueblo que mandan.

Qué tiene que ver por tanto el cambio climático? Tiene que ver frente a la manera de que lleva las debilidades de estos sistemas un poco lejos. Si en el siglo XX se han grabado al menos cuatro hambrunas en Etiopia, el clima del XXI podría doblar o triplicar estos números. En Países con fuerte crecimiento, sino con fuertes disegualdades, como Etiopia o Mozambique, el impacto podría ser devastador. Una bofetada a quien relega como catastrofista cada alarma sobre las condiciones de los Países de Tercer Mundo. Ciertamente el Occidente no tiene los instrumentos para modificar el clima (aunque pudieramos discutir mucho sobre el llamado efecto invernadero) ni todo está liado a sus políticas, pero hubiera podido ayudar creando las condiciones para una diferente gestión de los recursos y el consiguiente crecimiento social, al menos en África. Así no fue, y ahora la situación es muy complicada.

Si no mata la guerra, de hecho, lo hace la exasperación, también en la otra parte del mundo: Marathwada, provincia del estado indio centro-occidental de Maharashtra, desde el inicio del año ha contado casi 400 suicidios de agricultores. Después de cuatro años de sequía, las cosechas están mínimos y los campesinos desesperados, sin recursos y ahogados por las deudas. Muchos se matan (como dice el periódico indio “The Indian Express”). En los primeros 4 meses de 2015, 278 campesinos se habían quitado la vida. En el mismo período de este año, el número ha subido a 370. El 7 de mayo se ha llegado ya a 392. El oro azul, dentro de pocas decenas de años, podría ser el bien más precioso para que combatir; en cualquier parte de la Tierra.

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