LA VENGANZA QUE CONSUME EL ALMA

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vendetta e perdono

Afirma el sociólogo Paolo Terenzi en “Sociología del sentido común: estudio sobre Hannah Arendt”: “Perdonar es la única reacción que no sólo hace frente, sino actua de manera nueva e inesperada….La capacidad de perdonar es el remedio a la irreversibilidad”. El perdón es un nuevo inicio, para sí mismos, para su propia vida, para las relaciones afectivas, regeneradas por las heridas de la culpa, del abandón, de la traición. Es el no resignarse a la victoria del mal. Es la revancha del amor sobre la muerte, sobre el “luto” del dolor. Cura al rencor que mata, el alma y la existencia, junto a las relaciones. No anula lo malo inmediatamente, no restaura una situación precedente a la ofensa, sino produce una transformación interior y exterior, crea una nueva relación con sí mismos y con los demás, dona una nueva posibilidad de vida.

“El perdón es la esencia del amor”, escribía el sacerdote sociólogo Andrew Greeley. Es “una gran luz de amor y de ternura”, como ha declarado Papa Francisco. De hecho – ha dicho el Santo Padre – “Dio perdona no con un decreto, sino con una caricia”. No obstante, el hombre no tiene la misericordia de Dios. Perdonar no es fácil, reconciliarse, con su propio pasado, con quien ha usado violencia contra de nosostros y con nuestro mismo sufrimiento, con la sociedad, que a veces sentimos hostil y enemiga, con las Instituciones del Estado, que a veces parecen acosarnos más que defendernos, no es cierto un recurso obvio. Por eso hay quien se dedica por trabajo a educar al perdón y usa la terapia de la reconciliación. El Centro Estudios Humanista “Salvatore Puledda”, organiza cuatro encuentros en Roma el miércoles, a partir de 25 de mayo, de las 20.30 a las 22. 30, el “Laboratorio Rododentro. Psicología de la Reconciliación”, en el Academia de Ciencias humanas y sociales (Asus). Tres expertos orientadores – Vito Correddu, Gianluca Frestagli y Francesca De Vito – junto a la psicóloga Roberta Consilvio han constituido un grupo de trabajo sobre el tema de las raíces de la venganza y sobre la reconciliación.

“Rododentro” es un juego de palabras, con el nombre de la planta fuerte y persistente que florece en los jardines en otoño, para hablar de aquel malestar que crece y se refuerza por dentro generado por el conflicto y por el resentimiento, que se convierte en deseo de venganza, explica a Interris.it Vito Correddu. Y añade: “No es sólo un sentimiento individual, sino es una característica cultural, histórico. El rencor es la situación de nuestra sociedad. Alimentado por un sentimiento general de injusticia, de injusticias sufridas, a nivel individual y colectivo. A palabras, en el papel, todos tenemos los mismos derechos, el principio de igualdad está entre los derechos fundamentales de la Constitución republicana, pero, en realidad vivimos graves desigualdades, que sentimos como una violencia”. Es una bofetada a quien tiene responsabilidad política y civil.

Cómo se manifiesta este sentimiento general de violencia e injusticia sufrida, también por parte de las Instituciones?
“La injusticia sufrida se convierte a menudo en injusticia practicada, en un círculo vicioso. Genera una desconfianza y un resentimiento que se orienta hacia un chivo expiatorio, que puede ser un familiar, una persona cercana, o un grupo o una comunidad, por ejemplo hacia los refugiados, o hacia la política en general y las instituciones. Normalmente, de todos modos, se dirige hacia sus iguales o los subordinados, hacia subjetos más débiles y no más fuertes. Y se confunde la venganza con la justicia”.

Cuál es la verdadera justicia?
“La verdadera justicia es reparadora, no punitiva-salarial. Sigue la ley áurea, del hacer a los demás lo que queríamos que nos hagan a nosotros mismos, y no la ley de las represalias, ‘ojo por ojo y diente por diente’. También desde el punto de vista social, la justicia reparadora tiene por objetivo la reintegración de la persona que ha cometido el error, ayudándola en el reconocimiento de su propia culpa y por eso rehabilitarse civilmente. Lo que hoy no sucede en nuestras cárceles. La ley tiene que ser útil a la reconciliación, a la pacificación en la sociedad, no es un instrumento de venganza. La reconciliación necesita de la colaboración de todos, de quien ha cometido el mal y de quien lo ha sufrido”.

Cómo puede ocurrir la reconciliación de los ciudadanos, de la sociedad, con las Instituciones, con el Estado, con la política?
“Hay que pasar desde las declaraciones formales de principio hasta la realidad concreta. Si la Carta Constitucional declara que nuestra República está fundada en el trabajo y, por tanto, el trabajo es un derecho primario, el Estado tiene que crear las condiciones por las cuales sea así en la realidad y no puede atrincherarse tras los problemas financieros para negar este derecho fundamental, no puede sumetirlo a otros intereses. Esto necesita, obviamente, de una transformación antes de todo cultural, y personal, individual. Necesitamos de una educación a nuevos modelos de comportamiento y de socialidad, a una visión humanista, la cual implica una educación a la reconciliación, que es una educación a la justicia. Contrariamente a la creencia, la venganza no es instintiva, sino cultural. Lleva a una satisfación momentánea, pero produce graves daños también a los beneficiarios”.

Papa Francisco habla del humanismo cristiano “de fraternidad”. Es esto el camino también para una educación a la paz social, a la justicia y a la reconciliación?
“Por supuesto. Papa Francisco ha centrado un tema fundamental no sólo para los cristianos, sino para toda la sociedad. El Jubiléo de la Misericordia es de verdad una ocasión extraordinaria para cambiar nuestra manera de vivir y estar juntos. Esperamos produzca verdaderos cambios, en la Iglesia y en la comunidad civil. Desgraciadamente, la venganza ha llenado también cierta religiosidad. Se ha confundido por siglos el Dios justo con el Dios rencoroso. No recibir la venganza por parte de Dios fue vivido, por muchos llamados cristianos, como un abandón. El amor de Dios es justo y misericordioso, lleva la paz, no la venganza. El Papa hace hincapié en la misericordia, en el perdón, en el amor que reconcilia, con si mismos y con los demás”.

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