EL ALFABETO DE LA MUERTE

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bambini jihadisti

Se llama “Huroof” la última idéa de Isis para entrenar los niños a la lucha armada. Aparentemente parece una inocua aplicación para Android, como hay tantas, que ofrece a los menores un suporte didáctico para aprender el alfabeto. La forma de enseñar es aquello clásico: a cada imagen se asocia una letra. Un poco como sucede en nuestras escuelas primarias donde la maestra indica la foto de un animal o de un objeto, invitando a los alumnos a repetir la inicial. Pero en este caso no hay patos, casas ni lechuzas. A cada una de las 28 letras del alfabeto árabe corresponde, de hecho, la imagen de un arma.

Así para la letra M, sobre un fondo con tonos pastel, aparece la representación de un cañón (madfaa en lengua árabe), para la B un rifle (bunduqiya), para la D un tanque (dabbaba), para la S una espada (sayf), para DH unas municiones (dhakha’ir), para la S enfática un misil (saroukh) y así sucesivamente. Una bofetada a la inocencia de cientos de niños, obligados a familiarizar con los medios de distrucción hasta los primeros años de vida.

Huroof (“letras” en árabe) ha sido creado por la casa de producción yihadista Maktaba al-Himma, no se encuentra en las clásicas tiendas sino se puede descargar a través de un enlace dedicado. Su despegue ha ocurrido a lo grande en todos los medios de comunicación de Daesh, desde las redes sociales hasta las tv. “Huroof enseña a los cachorros las letras del alfabeto”, dice el lema del espegue, que según la retórica del organización llama “cachorros” los niños, mientras los adultos sono los “leones” del pretendido Estado Islámico.

El Califato utiliza a menudo las aplicaciones para difundir su ideología. En febrero ha producido una que permite escuchar Radio al-Bayan, que transmite los mensajes de propaganda del organización. El noviembre pasado lanzó otra que es una especie de recolector de noticias sobre yihad.

Ni tampoco es la primera vez que Isis hace los niños destinatarios o instrumentos de la propaganda yihadista. El método hasta ahora más siniestro es lo de los numerosos vídeos que muestran niños obligados a decapitar o fusilar supuestos traicioneros o infieles. Hace tiempo un artículo del periódico República, que llevaba un reportaje de Foreign Policy firmado por Kate Brennen, cuentaba de menores en primera fila durante de las execuciones públicas, obligados a donar sangre a los milicianos heridos, pagados para denunciar a los traicioneros y entrenados para convertirse en kamikaze.

Testigos oculares en Mosul y Tal Afar (en Iraq) han visto niños vestidos con uniformes de Daesh caminar con armas casi más grandes que ellos patrullando las calles y detener los lugareños. Los expertos de derechos humanos de Onu han recibido noticias confermadas de adolescentes sometidos a entrenamiento militar por Isis en Mosul. La falta de escuelas y estructuras para la infancia en los territorios ocupados, además, hace de los campos de formación para jóvenes yihadistas los únicos lugares  donde pasar el tiempo y socializar con los de la misma edad. Aquí aprenden que la vida está liada a la guerra y el martirio por la causa es el máximo logro a que pueden aspirar.

Una moderna agogé (el duro entrenamiento militar a quien se habían sumetidos los antiguos espartanos desde los 7 años) o, si se prefiere, una “Juventud Hitleriana” en versión islamista, che viola a la infancia, produciendo consecuencias impredecibles en la psique de estos niños, destinados a convertirse en los nuevos profetas del odio.

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