DISCAPACITADOS, UNA CANASTA CONTRA LOS PREJUICIOS

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Puede el deporte ayudar a una persona con discapacidades a superar sus límites y romper el muro de desconfianza que la sociedad tiene hacia él? La respuesta es afirmativa: un sí claro y fuerte, y Daniele Fabbri es una prueba tangible. Miembro del Asociación Comunitad Papa Juan XXIII, Daniele ha fundado el asociación “Encuentro sin barreras”, una iniciativa con la cual, junto a otros voluntarios, ha dado vida a un equipo de básquetbol en silla, “Wheelchair Basket Forli”. Diez chicos con problemas congénitos o procedentes de traumas que se entrenan una vez a la semana en un gimnasio municipal de Forli. “Se ha creado un pequeño grupo, luego otros chicos se han acercado, antes con curiosidad mezclada a escepticismo y después con una pasión siempre mayor y gana de aprender y amejorar”, cuenta Daniele.

El deporte es para todos, esto es el mantra del asociación con el que Daniele está dando vuelta por las escuelas de toda Italia para sensibilizar a los más jóvenes sobre la importancia del actividad deportiva como instrumento de integración: una iniciativa sustenida por el Comité Paralímpico y por la Fundación “Banco de ahorros de Forli”. “Es fundamental que los jóvenes pueden acercarse a la realidad de la discapacidad sin quedarse como víctimas de prejuicios y miedos que lamentablemente hay en nuestra sociedad, a menudo de manera insuspechada”.

Prejuicios que frecuentemente se transforman en una verdadera aversión hacia la discapacidad, la que los expertos llaman “handifobia” – desde las palabras franceses “handicapé” y “phobie” – , verdadera intolerancia hacia los discapacitados y sus necesidades. Una reacción que muchos utilizan como defensa hacia algo que no conocen, que los asusta y pone en duda sus seguridades. Una bofetada a la dignidad de quien lucha contra mutilaciones, dolores e invalidez.

Así es, por lo tanto, que el deporte llega a ser una oportunidad única para conocer la diversidad y aprender a no tener miedo: “Dos chicos de octavo grado – explica Daniele – han empezado a entrenarse con nosotros para estar cercanos a un compañero de clase con el síndrome de Duchenne. Elegidas como esta nos hacen comprender cuanto es importante el apego emocional y relacional con quien está cerca de nosostros”. Amistades destinadas a durar mucho tiempo, porque fundadas sobre el conocimiento de los límites y de los puntos fuertes del otro.

También los deportes más “físicos”, como judo, pueden ser óptimos instrumentos educativos, y es justo el contacto físico que derriba las barreras entre los chicos, discapacitados o menos. “Judo pone a prueba y desarrolla la resistencia y la fuerza, pero aspira a la disciplina y al respecto de las reglas y del próximo – explica Daniele -. También con pocas reuniones el actitud cambia, pasa de la desconfianza a la participación, permitiendo que se siembren las semillas de una relación que se puede desarrollar aún más”.

La de Daniele no es una historia aislada. En Italia hay decenas de asociaciones que tienen como objetivo implicar a los discapacitados en actividades deportivas, las más diferentes, pero todas tienen el mismo problema: la falta de dinero. “Necesitaría más tiempo, más colaboradores y recursos – cuenta Daniele -. Por ejemplo, para renovar las utilerías del equipo de básquetbol”. Los chicos de “Wheelchair Basket Forli” necesitan nuevas sillas para continuar a entrenarse, tan para jugar al básquetbol, como para afrontar la vida. Sobretodo, sin embargo, a ellos sirve mucho amor.

Libremente inspirado en “Siempre”

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