HAWKING, EL HOMBRE SENTADO ENTRE LAS ESTRELLAS

277
  • Italiano
  • English
buco nero

Estar libres en la mente, más allá del cautiverio del cuerpo. Continuar a hacer su propio trabajo, gracias a una genialidad innata que te incita a mirar más lejos de la enfermedad. Estudiar, investigar, transmitir su propio saber para construir una nueva generación de científicos capaces de llevar lo más alto posible  el listón de la conociencia. Y llegar cerca del reconocimiento mayor: el Nobel. La de Stephen Hawking, famosísimo físico británico, es una historia única en su género. Una bofetada a quien tiene una visión limitada de la vida, liada sòlo a los gestos diários, y no tiene en cuenta las inmensas potencialidades que cada ser humano tiene.

Prestigioso académico, devoto al estudio de la teoría de los agujeros negros, de la relatividad y de la origen del universo, al inicio de los años 60 descubre tener una misteriosa enfermedad de la neurona motora. Una patología gravísima y desconocida (algunos sostienen que se trata de Sla pero la sobrevivencia después de más de 50 años desde la diágnosis parece excluir esta posibilidad) que lo obliga en las décadas sucesivas a una progresiva perdida de la capacidad motora. Hoy Hawking está completamente paralizado, las funciones vitales están aseguradas por una serie de productos técnicos avanzados y puede comunicar sólo gracias a un sintetizador vocal que le da la característica voz robótica a la cual nunca ha querido renunciar. Una especie de “marca de fábrica” sobre quien el científico mismo muchas veces ha ironizado, como testimonian los cameos en series de tv como “Los Simpson”, “Los Griffin” y “The Big Bang Theory”. Porque Hawking sabe reir de su tragedia y con esto da esperanza a miles de personas que se encuentran en sus mismas condiciones.

En su carrera ha recibido numerosos reconocimientos; sólo le falta uno: el Nobel precisamente. Sin embargo este reto también podría ser vencido. Recientemente un experimento hecho en Isarel podría confirmar la teoría (elaborada hace 42 años junto a su colega Jacob Bekenstein, muerto en 2015, y acogida con escepticismo por la comunidad científica) de la “vaporización de los agujeros negros”.

Según los estudios de los dos físicos estos misteriosos cuerpos celestes, que nacen de la implosión de estrellas gigantes y producen una fuerza gravitacional capaz de engullir qualquier cosa pase después de una frontera llamada “horizonte de los eventos”, existirían unas partículas infinitesimales que gradualmente roban pequeñas fracciones de energía al agujero negro a partir de sus márgenes para luego desaparecer de la “escena del crimen”; su acción implica que el monstruo galáctico “evapore despacio en el tiempo, vomitando en una exhalación de calor todo el polvo, la luz y las estrellas pasadas que había tragado”: hacia el nada. Esta visión hubiera sido demonstrada por el test del israelí Jeff Steinhauer, que sostiene haber creado en laboratorio el equivalente de un minúsculo agujero negro: ha resfriado el helio a temperaturas bajísimas, cercanas al cero absoluto, y lo ha sacudido rapidamente, hasta el punto de obtener una barrera infranqueable por los sonidos, justo como el horizonte de los eventos. A este punto habría encontrado fuera de este agujero negro trazas de paquetes de energía que constituyen las ondas sonoras, llamadas protones: justo como preve la teoría de Hawking.

Por ahora permanece un cierto escepticismo sobre al experimento. Según Salvatore Capozziello, de la universidad Federico II de Nápoles, investigador del Instituto Nacional de Física Nuclear (Infn) y presidente de la Sociedad Italiana de Relatividad General y Física de la Gravitación (Sigrav), para que pueda tener el suceso esperado el test tendría que “ricrear en laboratorio todas las leyes de la termodinámica de los agujeros negros”. Perplejo también Carlo Cosmelli, de la universidad La Sapienza de Roma, para quien el experimento de Steinhauer “es semejante a los que se hacen desde una decena de años sobre materiales que pueden tener vibraciones mecánicas”.

Serán necesarios, probablemente, muchos años aún antes de que la teoría se pueda eventualmente demonstrar científicamente. Si así fuera, Hawking sería el primero, junto a Bekenstein, a atrapar la quimera de la ciencia moderna: la unificación de las fuerzas fundamentales de la naturaleza (o sea la electromagnética, la débil y la fuerte) con la gravedad. Una descubierta que sería paragonable a la demonstración de la teoría de la relatividad de Albert Einstein. Pero sobretodo un logro extraordinario para un hombre que, aunque desde su silla de ruedas, nunca ha dejado de viajar entre las estrellas.

Avviso: le pubblicità che appaiono in pagina sono gestite automaticamente da Google. Pur avendo messo tutti i filtri necessari, potrebbe capitare di trovare qualche banner che desta perplessità. Nel caso, anche se non dipende dalla nostra volontà, ce ne scusiamo con i lettori.

No hay comentarios