LOS 10 TRABAJOS MÁS PESADOS DEL MUNDO

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lavori umili

Humilde, en la etimología latina, signifíca “atado a la tierra” (desde humus, suelo). En este tiempo de crísis del capitalismo financiario, acompañada y seguida por la crísis industrial, en que la moneda – y en particular el papel moneda – es un bien devaluado, el “volver a la tierra”, a la humildad, parece como el verdadero camino de salvación. El trabajo más humilde es el más digno y rentable. A partir del primero, el trabajo de la tierra, precisamente, lo del granjero, que cultiva los campos y cria los animales. El actividad del agricultura ha marcado el paso de la humanidad desde el estado salvaje-primitívo hasta aquello de civilización, cerca hace 10000 años. Es el trabajo más importante, porque sirve para satisfacer una necesidad primario para la misma sobrevivencia. Y hoy muchos, también entre graduados y burgueses, eligen volver al trabajo de la tierra como refugio de una sociedad tecnificada siempre más enferma y pobre, economicamente y espiritualmente. Mattia Di Nicolò, Yuri Marchionni y Valerio Pierantozzi, por ejemplo. Tres amigos treintañeros, que han dejado sus ocupaciones – quien como precario, quien con mayor estabilidad – para crear juntos una empresa agraria biológica y que respeta la biodiversidad.

Desde un indágen de Coldiretti resulta que son más de 70mil los jóvenes que vuelven al agricultura. Hay, sin embargo, la otra parte del planeta que, en Italia, tiene los colores de horror. Para muchos jornaleros, sobretodo inmigrantes, mujeres y menores, el trabajo de la tierra es una esclavitud. Son los “invisibles” al mundo y a la dignidad: sin un contrato o con cheques falsas, trabajan duro más de 14 horas al día, por menos de 3 euros la hora, a menudo sin acceso al agua potable y a los servicios sanitarios, en condiciones de seguridad ad alto riesgo para la salud y para la vida misma. Unos están hasta obligados a drogarse, para soportar el peso de días como zombi de humanidad. En Calabria, en Apulia, en Campania, los esclavos de la tierra son más de 100mil. Principalmente, es un comercio manejado por la hampa local. En el silencio de las instituciones, al oscuro de las fuerzas del orden y de los medios. En otros Países desarrollados, en cambio, trabajar la tierra signifíca tener una perspectiva de riqueza, no sólo para el “padrón”. En Suisa se ofrecen también 3mil euros al mes a los aspirantes a granjeros.

Trabajar el huerto es también una experiencia de paz. Es un aprendimiento a curarse, de una planta y de un animal, desde la sembra y el nacimiento por todas las fases de desarrollo. es una educación a la responsabilidad, a la estabilidad, al amor, a la paz. Don Tonino Guerra invitaba a “llenar de estupor la fantasía de los chicos con el aparecer de una hoja y el lento llegar de un color sobre un tomate”. Es el trabajo humilde del enseñante, que “cultiva” los alumnos justo como céspedes, siguiendo e impartiendo reglas de buena convivencia con el atención y el respeto para la personalidad libre y original de cada uno. Los “semillas” de un buen profesor, de conocimientos y de saberes, sino de virtudes humánas y civiles, de entrenamiento a “ ser ciudadanos del mundo”, hacen crecer la “planta” de la persona adulta, convirtiéndolo en un buen trabajador de humanidad.

También el artista trabaja la tierra. Lo escultor modela el arcilla, la cera, el yeso, el hierro, el bronce, talla la madera, la piedra, el mármol, el pintor dibuja y compone y utiliza los colores, para crear formas nuevas de vida en sus obras, sobre el ejemplo de la naturaleza o inventando reglas de composición, encontrando un nuevo sentido en la realidad. Así – explica el filósofo Immanuel Kant, en “La Crítica del Juicio” – el genio humilde del artista, que trabaja entra racionalidad e imaginación, produce belleza. No obstante, el arte està considerada como una de las actividades del hombre más “elevadas” culturalmente, junto a las actividades intelectuales. Para los Griegos, siete musas supervisaban a las siete áreas de excelencia de la creatividad humana: poesía, historia, canto, música, tragedia, oración, teatro, danza, astronomía y geometría. Y la del artista es también una “carrera”. Existen portales de oferta y de búsqueda de trabajo especializados (como artjob) y hay un Sindicato nacional de los artistas (Asnai), un Albo y muchas asociaciones. Mientras crece el número de los llamados “artistas callejeros”. En Italia, serían al menos 10mil, entre malabares, volatineros, acróbati, mimos, bailarinos y cantantes. Sólo en Roma y Milán, en más de 3mil se han inscrito en los registros comunales.

El arte de construcción es una manera de trabajar la tierra y transformarla por el uso del hombre. El albañil “toma las medidas” y con cinceles, espátulas y palas, con picos, pala y mazo, construye las casa y las abbellisce. Así el arquitecto y el ingeniero, organizan el espacio dotándolo de los instrumentos técnicos útiles para satisfacer las necesidades biológicas del ser humano, de seguridad y belleza.

Humilde signifíca también “con los pies en la tierra” (de ilìum, hueso ilíaco). Un trabajo pesado es, por tanto, un trabajo concreto, “útil”. Espalda derecha y pies dritta e piedi en la tierra han, por ejemplo, médicos e enfermeros, y también oficiales y carabineros. Quien, es decir, pone a disposición su tiempo, su propias capacidades y competencias para ayudar la humanidad a estar bien, están al servicio de la salud y del bienestar del cuerpo personal y social.

En el lenguaje común, el término humilde indíca quien “está en la tierra”, abajo, en la gerarquía social. El camarero y el criado, por ejemplo, ejecutan tareas operatívas por orden de alguien. Sin embargo, como evidenciaba el filósofo Hegel en la “Fenomenología del Espíritu”, quien depiende del otro, entre criado y padrón, es el último. El señor es el verdadero esclavo, porque depiende del trabajo del otro. Por lo tanto, quien está realmente “abajo” es quien gerarquicamente – y a menudo economicamente – ocupa una posición más elevada.

Grande es el trabajo que se realiza con humildad, con amor a la vida, al mundo y a sí mismos. Es una buena manera de estar en la tierra. Hay, pues, desgraciadamente, trabajos humillados y trabajos humillantes. Los primeros, son aquellos a quienes no reconocen la justa dignidad, la merecida remuneración y el obligado mérito de su verdadero valor para la realización de la persona humána y el crecimiento en los principios de humanidad. Los segundos, son aquellos que ofenden la dignidad de la persona, y no pueden tampoco ser definidos tales. El trabajo, de hecho, es un actividad que implica el uso de energías y recursos para el alcanzamiento de un fin que, de todos modos, debe consistir en un servicio útil a la sociedad, para el que se obtiene una remuneración aecuada al autónoma y digna esistencia. Cada otra condición es una bofetada a la civildad del trabajo, del derecho, del hombre.

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