EL DESTINO DE LAS “ESPOSAS DE BOKO HARAM”

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La reciente publicación, por parte de la Cnn, de un vídeo de Boko Haram que muestra unas de las estudiantes secuestradas en Chibok (Nigeria) ha recordado a una comunidad internacional dormida el drama vivido por cientos de chicas, sacadas de sus casas y esclavizadas. Una tragedia, la de los secuestros, que no ha terminado hace dos años sino continua sistemáticamente a repetirse. Pero si el destino de las prisoneras aún es un misterio no lo es lo de las decenas de mujeres y adolescentes liberadas o huidas por el infierno de yihad. Una vez volvidas en sus pueblos, al trauma de la reclusión se asocia, a menudo, el rechazo de los familiares que no quierene volver a tenerlas con ellos.

El secuestro se convierte en un estigma, como si la culpa fuera de las víctimas y no de los verdugos. Si luego están embarazadas, quizás por los estupros sufridos, o han dado a luz durante del cautiverio, el alejamiento casi es un proceso automático. Los bebés nacidos son llamados “hienas entre los perros” y a ellos está prohibido socializar con otros niños. Una bofetada a la humanidad de quien ha últimamente hablado, en una entrevista a Adnkronos, Marco Simonetti de “International Alert”, asociación que se ocupa de dar un futúro a estas chicas a través de una difícil reinserción social.

“En los campos de desplazados donde trabajamos, estas chicas están llamadas ‘las esposas de Boko Haram’, otras mujeres no quieren lavar la ropa junto a ellas, la gente teme que hayan sido radicalizadas, que se pongan violentas”, ha cuentado Simonetti, recordando los casos de jovenes mujeres transformadas por los terroristas en kamikaze.

Las violencias sexuales sufridas luego, como se decía, se convierten en deshonra para las familias de origen. Un drama en el drama. “Unos maridos – ha explicado – sobretodo si la boda era reciente, no quieren llevarse las esposas”. Frecuentemente también son “las suegras a convencer el hijo a repudiare la nuera, o otras esposas en el caso de familias musulmanes”. También para los padres puede ser difícil volver a aceptar las hijas, que “en este contexto tradicional están consideradas mujeres ya arruinadas”, suspechadas de haberse convertido en cómplices de terroristas que quizás han matado a otros miembros de la familia. Y el estigmatización es aún más grave cuando hay niños fruto del estupro de los terroristas. “Estos niños están rechazados por toda la comunidad – dice Simonetti – le llaman ‘hienas entre los perros’, diceno que tienen mala sangre como el padre terrorista, la gente tiene miedo que ataquen sus hijos como las hienas cuando encuentran a los perros”.

El único modo para abordar este drama es buscar el camino de la reconciliación de las chicas con sus comunidades. International Alert ha organizado unos grupos en que estas jóvenes mujeres cuentan sus historias, asistidas por operadores específicamente formados provenientes de asociaciones de voluntarios locales.
Pero hay también, cuenta Simonetti, “sesiones de diálogo con las comunidades locales, sacerdotes cristianos e imanes musulmanes, jefes tradicionales, porque sean ellos a difundir un mensaje de reconciliación y aceptación. Hemos desarrollado un manual sobre los métodos de reconciliación compatibles con el Corán y las tradiciones locales, promovemos debates en las radios locales, estamos intentando guiar el discurso a nivel local hacia el aceptación”.

Gracias a Ong son 160 las mujeres y las chocas víctimas de los secuestros de Boko Haram que han tenido la posibilidad de contar su propia tragedia vivida en un espacio protegido, en cuatro campos de desplazados en Maiduguri, capital del estado norte oriental nigeriano de Borno. En los mismos refugios, más de 200 personas han participado a sesiones de diálogo, sobre la gestión del trauma. Para permitir a estas chicas reiniciar sus vidas después del horror.

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