KIM JONG UN SE “RINDE” AL FLAMENCO

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kim jong un

Quizás el recuerdo más emotivo que traen es cuando María Gracia acabó de entonar ‘La coplilla del olé’ y las 4.000 personas que llenaban el Gran Teatro del Este de Pyongyang se pusieron en pie y aplaudieron clamorosamente; algunos se llevaban la mano al corazón, otros hacían reverencias con la cabeza, incluso se escuchaba cantar el estribillo de la pieza en bambalinas. “Oleeee con oleee y oleeeé”, canta la propia María Gracia, la vocalista de Noches de España, grupo de copla, flamenco y baile clásico español.La compañía acaba de aterrizar en Barajas tras más de 20 horas de vuelo y escalas, provenientes de la hermética capital de Corea del Norte. Nos han citado a las doce de la mañana en el centro comercial de Vallecas (Madrid) donde desayunan y tratan de sacudirse el ‘jet lag’ y la fascinación por el reino de Kim Jong un que traen como souvenir inesperado en la maleta. Hablan de su aventura allí como si fueran el mismísimo Neil Armstrong pisando por primera vez la Luna o Rodrigo de Triana gritando “¡Tierra!”. No en vano se han convertido en los primeros españoles que actúan en Corea del Norte. Un hito. Y en plena tensión nuclear en la península, después de que Seúl constatara que el régimen es capaz de producir minibombas nucleares. “Ser los primeros en abrir un país es algo muy importante, hemos sido pioneros, hemos hecho historia”, dice visiblemente orgulloso Tommy Lara, quien fuera representante de Sara Montiel hasta su fallecimiento, ahora a cargo de este grupo flamenco. Vienen los de Noches de España también cantando excelencias de la actividad educativa y cultural de Pyongyang, deslumbrados por el escaparate que Kim Jong Un ha puesto ante sus ojos. “El teatro era impresionante, un escenario de 30 metros de ancho y 4.000 localidades. La orquesta se dividía y la mitad de los instrumentos se colocaban a la izquierda y la otra a la derecha, pero en el momento de actuar unas plataformas móviles se accionaban y se unían las dos partes. Las luces, el sonido… esos micrófonos saliendo del suelo. Ha sido un choque brutal entre la imagen previa que llevábamos del país y lo que hemos visto”, se deshace en elogios ante el despliegue de medios María Gracia, quien saltó a la fama tras ganar en 1989 el programa de TVE Gente Joven y ha actuado con Carlos Cano o Manolo Tena entre otros artistas. “La palabras que resumen la actividad en ese teatro son la perfección artística y técnica. Profesionalmente son perfectos. Y mira que he visitado teatros en Miami, Colombia o Argentina…”.

Para entender cómo estos españoles han acabado zapateando en Pyongyang y contagiando el “ole con ole y olé” a los norcoreanos hay que prestar atención a la leyenda impresa en la tarjeta que Tommy Lara desliza sobre la mesa: Caballero de Honor de la Coronelía Guardas del Rey/ Alférez de Infantería Honorario /Caballero de la Casa Real de Trastámara/ Gran Cruz de la Justicia. “Por estas razones tengo contacto con muchos embajadores y cuando llegó a España el de Corea del Norte, hace dos años, nos conocimos y nos caímos bien. Me habló del festival y comentamos de llevar a María…”.El evento que menciona Tommy es el Festival de la Amistad y de las Artes de Abril. Se trata la mayor celebración del país: 10 días de espectáculos y festejos en conmemoración de la fecha de nacimiento -15 de abril- de Kim Il sung, el abuelo del actual líder norcoreano, “presidente eterno”, fundador de Corea del Norte en 1948 y al frente del país hasta su muerte en 1994. Es así como el grupo Noches de España acabó en subido en un vuelo ‘charter’ que despegó de Moscú y cuyo pasaje estaba compuesto exclusivamente por los miembros de algunas de las 28 delegaciones invitadas al festival, mayoritariamente artistas de países amigos como Rusia, China, Cuba o Mongolia. Sólo los españoles eran novatos. “Nada más llegar al aeropuerto de Pyongyang, nos deslumbraron con la organización: una fila perfecta de autobuses esperándonos; los fotógrafos perfectamente alineados, cada uno con una escalerita de tres peldaños y un ayudante”, explica Antonio Lara, hijo de Tommy, también en la dirección de la compañía.Luego le siguió el fastuoso desfile de bienvenida. Los artistas organizados por países, cada uno con su estandarte, como en los Juegos Olímpicos. María saca su ‘tablet’ y muestra uno de vídeos que grabó como prueba de que no exagera su relato. Y ahí les ve desfilando, caminando por una interminable avenida, mientras miles de coreanos agitan ‘pay-pays’ de plumas a su paso: ellas ataviadas con coloridos ‘chimajogoris’, el traje típico; ellos, encorbatados; todos marcialmente colocados en las aceras y gritando una palabra incomprensible que los artistas españolizaron como “mayo”. María -cuyo vestuario, firmado por Justo Salao, también deslumbró a los norcoreanos- ha traído muchas más grabaciones y todas reproducen escenarios fastuosos. Está filmada La Escuela de los Niños, por ejemplo, que la ha impresionado enormemente; y muchos planos de la ciudad tomados desde el autobús en el que la organización los llevaba en las escasas visitas, todas controladas, que han realizado. En las imágenes se ven edificios muy modernos, construcciones que los españoles comparan incluso con las Cuatro Torres madrileñas. Refieren una ciudad muy limpia y ordenada. “Yo he visto en las calles muchos Mercedes, Hyundai y Lexus circulando, también había mucha gente que iba en bicicleta y caminando”, cuenta María. “Esperaba una ciudad decadente, de edificios agrietados y me he encontrado una Pyongyang moderna, en la que se está construyendo mucho”, añade Antonio Lara.

Los alojaron, como al resto de delegaciones, en Yanggakdo, un lujoso hotel de 47 plantas de corte occidental, con un restaurante giratorio en la azotea desde el que se divisaba toda la ciudad, Y con bolera, spa, karaoke, piscina y pubs en los que servían Ballantines o Beefeater. El Yanggakdo está en el centro de la capital, pero aislado del entorno, en una especie de isla, sólo accesible por un par de puentes.Es la amabilísima cara que Pyongyang muestra a escasos turistas. Lejos de la vista de éstos queda la Corea Mr. Hyde que algunos periodistas, como la española Berta Herrero -cuyo valioso testimonio publicó este diario- han podido atisbar, burlando el control del régimen. No llegó Berta a los famosos campos de trabajo coreanos pero sí a divisar a los esqueléticos campesinos que malviven lejos de la boyante Pyongyang o a los niños sucios y sin uniforme entre pastos y arrozales.Los alumnos de la Escuela de los Niños visten inmaculadamente: pantalón o falda azul, camisa blanca, pañuelo rojo al cuello. Acuden a esta institución por las tardes, tras el colegio, y se reparten en aulas en las que tocan instrumentos con una maestría, sincronización y sonrisa impresionantes. Siguen las partituras por una moderna pantalla de plasma colgada en la pared de cada clase. El único sitio donde a los 18 artistas españoles invitados al festival no se les permitió grabar fue en el Museo de los Regalos, un edificio de cuatro plantas, “con tres alas de 1.500 metros cuadrados cada una”, donde se exhiben cientos de miles de obsequios al régimen. “Hay de todo, esculturas, pinturas, medallas, un águila de tres metros hecha con conchas y regalada por los pescadores, un jade de Japón de mi tamaño”, explica María. Y un balón de la NBA, creen que recordar que gentileza del baloncestista estadounidense Dennis Rodman, amigo Kim Jong un y asiduo visitante del país.Siendo el motivo de tanto festejo el 104 aniversario de Kim Il sung era obligada la visita a su santuario, la casa donde nació, y hasta allí fueron guiados los artistas extranjeros, a la humilde vivienda de labradores donde el fundador cultivaba arroz. Aunque el colofón fue la entrega de premios, donde los españoles, los debutantes, se llevaron la palma, con tres trofeos, tres premios de oro: a los cantantes, al ballet y a la organización “Decían ‘Spain, Spain, Spain’, y yo no daba abasto”, cuenta Tommy Lara, muy satisfecho con el resultado del viaje: “Íbamos con la ilusión de visitar un país cuanto menos original, pero sobre todo íbamos con la perspectiva de artistas, de que conocieran la cultura española, de que les gustara cómo cantamos y bailamos, nuestros trajes… Y creo que lo hemos conseguido”, añade. -María, ¿y tú te irías a vivir a Pyongyang? -A vivir, no, no. Pero a pasar seis meses actuando, sí. Y si nos dicen que el año que viene nos invitan de nuevo, doy saltos de alegría.

Artículo tomado de www.elmundo.es

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