RAÚL CASTRO BLINDA LA REVOLUCIÓN

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REVOLUCIÓN

Ni cambios ni reformas ni aperturas. Raúl Castro ha decidido blindar la revolución cubana durante los próximos cinco años con una vieja guardia en la que cree ciegamente, la misma con la que combatió en Sierra Maestra hace más de medio siglo. Gerontocracia e inmovilismo a los que suma una estudiada contraofensiva contra Barack Obama, convertido otra vez en el enemigo de siempre, para frenar así su popularidad tras el viaje de marzo a La Habana. Uno de los delegados del VII Congreso comparó al presidente estadounidense con un Flautista de Hamelín llegado desde el Imperio dispuesto a cautivar a los cubanos con su “música”. Raúl Castro ha resultado reelegido, con el 100% de los votos, primer secretario general del Partido Comunista de Cuba (PCC), el partido único de la isla “y a mucha honra”.

Era lo esperado, hasta ahí ningún sobresalto en un congreso que había levantado grandes expectativas pero en el que casi nada nuevo ha sucedido y que se ha desarrollado a espaldas de una sociedad que mira a otros lados para decidir su futuro. La elección se ha realizado en presencia de su hermano Fidel, ausente durante las tres jornadas previas, lo que obligó a que Raúl depositara dos papeletas (la suya y la de él) con los nombres de los que forman el nuevo Comité Central del partido.

“Con lealtad meridiana y la fuerza unida”, subrayaba el líder histórico, quien al acudir al cierre del cónclave y vaticinar la “victoria del pueblo cubano” daba su visto bueno a las decisiones tomadas durante los cuatro días.Junto a ellos, como segundo secretario y mano derecha de Raúl, el ortodoxo José Ramón Machado Ventura, la sorpresa que tenía guardada bajo su guayabera. Su reelección como segundo secretario del PCC desmiente las tesis manejadas en los mentideros políticos y diplomáticos de La Habana, que daban por segura la incorporación de un político más joven en busca de la renovación. Entre los dos suman 170 años, pese a que Raúl ha apostado por una renovación “paulatina” de las estructuras del partido, que pondría límites de 60 años para el Comité Central y 70 para el Buró Político. Ambos llegarían con 90 años al siguiente Congreso.El Buró Político, órgano principal del Comité Central, estará encabezado por el primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel (quien hoy cumple 56 años), y por varios miembros de la vieja guardia, como Ramiro Valdés, Esteban Lazo, Leopoldo Cintra o López Miera. De esta forma el vicepresidente se confirma como principal candidato para sustituir a Raúl Castro en 2018, año anunciado para la retirada del primer mandatario. Eso sí, se mantiene al frente pese a no haber ascendido ni un escalón en el organigrama del PCC.

Desde que hace cinco años fuera elevado a la posición de candidato a la sucesión, Díaz-Canel ha profundizado su imagen de funcionario gris, sin apetencias por el poder, con ninguna palabra de más y muchas de menos. Secretario del PCC en provincias y ex ministro de Educación, el vicepresidente sabe que quienes le precedieron cayeron con estrépito, ya fuera por ambición, por brillantez o por hablar demasiado. La lista es larga: Carlos Lage, que fuera número 3 del país, al igual que Carlos Aldana; los excancilleres Felipe Pérez Roque y Roberto Robaina; el expresidente del Parlamento, Ricardo Alarcón o Carlos Valenciaga, secretario de Fidel. Sorprendente, sin duda, es la ausencia de Alejandro Castro, el único hijo varón de Raúl, del nuevo Buró Político. El todopoderoso coronel ni siquiera forma parte del Comité Central, según las actas del Congreso. Granma, órgano oficial del PCC, hizo pública su participación en los debates, incluso se conoció que fue negociador con EEUU. Acaba de ser nombrado asesor en la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional.

Tampoco fue promovida su hermana Mariela Castro, directora del Centro de Educación Sexual. Otro miembro de la familia presidencial, el general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, exyerno de Raúl y presidente de Gaesa, el imperio económico de los militares, sí repite como integrante del Comité Central. Por encima de ellos, en el Buró Político, se ha situado el canciller Bruno Rodríguez, protagonista del zafarrancho de combate contra Obama, pese a ser uno de los dirigentes considerados más moderados en la nomenclatura cubana. “Hubo un ataque a fondo a nuestra concepción, a nuestra historia, a nuestra cultura y a nuestros símbolos… Obama vino a encandilar al sector no estatal de la economía, como si él fuera el defensor de los que venden perros calientes”, criticó Rodríguez

Artículo tomado de www.elmundo.es

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