LESBOS, LA ISLA “IMACULADA” El Gobierno griego adecenta el centro de detención de Moria con el traslado de cientos de refugiados a otro campo para la visita del Papa

191
LESBOS

“Ni fronteras ni naciones”. Lo escribió alguien ya hace, furioso con la política migratoria cerril de la UE, en uno de los muros hormigonados que cercan Moria, cárcel para refugiados llegados a Grecia y hotspot -eufemismo- para Bruselas. Pero el Papa Francisco no podrá leerlo este sábado, cuando la visite. Y es que cuatro brochazos que han cubierto el grafiti -como unos escobazos-, más comida y un traslado de internos están tratando de maquillar, en los últimos días, la imagen deplorable del complejo.En Moria, el Papa Bergoglio, junto al Patriarca de Constantinopla Bartolomé y al Arzobispo griego Jerónimo, firmarán una declaración conjunta sobre la crisis de refugiados.

Se prevé que cundan las críticas a la Unión Europea, hoy fortaleza inaccesible para quienes huyen de países en guerra, como Siria, Irak o Afganistán, de regímenes represivos, como Eritrea o Sudán, o del hambre y la pobreza de Pakistán o Bangladesh. Las autoridades harán lo posible para que las cámaras no den fe, in situ, de los dardos papales.”Están ocultando lo malo”, asegura a EL MUNDO, a través de Internet, un preso en Moria de origen sirio llamado Hamza. El joven, que hace dos semanas denunciaba a este periódico la insuficiencia de alimento para todos los internos de la abarrotada prisión, reconocía ayer que “al menos, últimamente, la comida es suficiente”. Hasta hace poco un pírrico tupper, un zumito y un panecillo eran todo lo que el ejército griego, responsable del rancho, proporcionaba a los miles arrestados allí.

El 20 de marzo pasado entró en funcionamiento el pacto Turquía-UE, por el que Grecia debe arrestar y devolver a suelo turco a todo refugiado que alcance sus costas. En protesta por esta medida, numerosas ONG se retiraron total o parcialmente del campamento, lo que descubrió varias tareas como la alimentación o la provisión de mantas. Según ha podido saber este periódico, Euro Relief, una ONG griega de marcado talante cristiano, está gradualmente cubriendo estos flancos descuidados.Alaa, otro refugiado preso en Moria, critica que durante semanas muchos reclusos han tenido que dormir al raso por falta de espacio dentro de las casetas prefabricadas. Pero las autoridades eclesiásticas se encontrarán este sábado con que 700 refugiados, sobre todo de familias sirias, han sido trasladados al amable campo de Kara Tepe, cerca de Moria, gestionado por el ayuntamiento local. Aun así, en Moria, donde se ha estimado que no caben más de 2.500 personas hacinadas, durmieron anoche hasta 3.500.Evitar que una marabunta clame contra su situación es no sólo una obsesión dentro de Moria, donde ya ha habido numerosas protestas y reyertas por sus pésimas condiciones de vida, sino también fuera de la cárcel.

Las patrullas policiales se han mostrado en el puerto de Mitilene, la capital de la isla, especialmente agresivas con la presencia de refugiados en las calles durante la visita que realice el Sumo Pontífice. La otra fijación es la seguridad. “En Moria hay aún más policías que antes. Y más limpieza”, suspira Alaa.Emmanouil Chatzichalkias, un abogado griego que trabaja asistiendo a los presos en Moria, lamenta la intensificación de la presencia policial en Moria, los obstáculos que los agentes imponen a su labor y los esfuerzos para que aquella cárcel sea todavía más cárcel. “Últimamente están alzando nuevas verjas en los aledaños, copadas con alambres de espino”, explica por teléfono. “Y dentro siguen los problemas como la falta de acomodo y la omisión de la lectura de derechos a los internos”, añade.A pesar del acicalamiento de Moria, no hay alfombra que cubra las algo más de 50.000 almas que viven atrapadas en el limbo migratorio griego. Los llegados antes del veinte de marzo pasado, no sujetos a deportación a Turquía, disponen de permisos temporales de estancia en suelo griego y de la vaga posibilidad de ser relocalizadas a otro país de la UE, o de serles concedido el asilo en Grecia, aunque la mayoría quieren ir a Centroeuropa. Casi todos los llegados tras el 20 pidieron asilo, anunció Atenas.

A favor de ellos llega el Santo Padre, que ha convertido la tragedia de la migración en uno de los ejes de la política exterior de su papado. En un “llamado”, proclamado anteayer en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco subrayó que su viaje a Lesbos tiene por objeto “expresar cercanía y solidaridad tanto a los prófugos como a los ciudadanos de Lesbos y a todo el pueblo griego, tan generoso en la acogida”. Obvió a Bruselas, cuyas autoridades las principales ONG han tildado de “ajenas a la realidad”.El campo de Moria era una antigua prisión para inmigrantes, equivalente a un CIE (Centro de internamiento de Extranjeros) en España. Con la masiva llegada de refugiados a partir del verano de 2015, esta cárcel se usó para registrar a los recién llegados. Los equipos de Frontex trabajaban día y noche cogiendo huellas dactilares, haciendo entrevistas personales y fotografías de carnet para probar que los refugiados no mentían sobre su origen. En su interior varias ONG proporcionaban asistencia médica, ropa seca y comida caliente. Fuera, autobuses y taxis llevaban a los solicitantes de asilo al puerto para que tomaran el ferry a Atenas. El acuerdo con Turquía acabó con todo eso, con el régimen abierto del campo y con la renuncia de las ONG a participar de las detenciones. Y Moria volvió a ser la prisión que visitará el Papa.

Artículo tomado de www.elmundo.es

Avviso: le pubblicità che appaiono in pagina sono gestite automaticamente da Google. Pur avendo messo tutti i filtri necessari, potrebbe capitare di trovare qualche banner che desta perplessità. Nel caso, anche se non dipende dalla nostra volontà, ce ne scusiamo con i lettori.

No hay comentarios