DINERO PÚBLICO PARA CAMBIAR SEXO A LOS NIÑOS

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DINERO PÚBLICO

“Hacerse primavera, significa aceptar el riesgo del invierno. Hacerse presencia, significa aceptar el riesgo del ausencia” decía El Principito; y había un baluarte que pensábamos no se podía afrentar: la infancia.

Creyentes, ateos, políticos o científicos, es decir todos siempre hemos encontrado cierto un punto de convergencia: la protección de los niños, su respecto a ultranza, su cura. En cambio es crónica de estos días que en Gran Bretaña el Sistema Sanitario Nacional prevee tratamientos farmacológicos para menores con trastorno de genero, es decir desorden de la identidad sexual.

Todo ha empezado en 2014, cuando Londres ha decidido poner en marcha la administración de terapias hormonales para retrasar la pubertad a niños de nueve años, como preludio a una eventual intervención quirúrgica para el cambio de sexo. El tratamiento está ofrecido por el Servicio Sanitario Nacional, por tanto pagado con dinero público: se trata de fármacos “ipotalamicos”, que reducen la producción de testosterona y estrógenos. Si pues se valutara que los problemas de genero permanecen, los niños pudieran estar sometidos a otras curas. Sólo el año pasado, el Estado ha gastado 2,6 millones de esterlinas para administrar a más de mil niños tratamientos previos al cambio de sexo.

Muchas las asociaciones insurgidas para llamar al imprudencia de tratar farmacológicamente organismos muy jovenes aún, tan más cuanto que durante de la pubertad es dificil distinguir el trastorno de genero de otras formas de malestar, para quien existen percursos de cura menos invasivos. Una de las fundaciones que colabora en valutar los casos de medicalización es Nhs Foundation Trust con sede en Londres que, según algunos, sería liada al proyecto Mk Ultra, ya cerrado, con el cual la Cia actuaba unos programas para el control mental.

Por cierto, como corolario de esta operación, hay una ideología precisa por la cual el determinismo biológico sería obsoleto y habría que ser abandonado a favor del determinismo psíquico: es decir podemos convertirnos en lo que pensamos justo, no lo que somos desde del nacimiento.

Joseph Ratzinger en 2013, al término del Pontificio Consejo “Cor Unum”, ya había vislumbrado unos riesgos y había hablado de filosofía de la sexualidad. El Papa emérito había proféticamente declarado: “Ser hombre o mujer no sería más un dato originario de la naturaleza de aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social del cual se decide autonomamente, mientras hasta ahora era la sociedad la que decidía. La profunda inexactitud de esta teoría y de la revolución antropológica en ella subyacente es evidente”.

Inmensa es la ternura pensando en estos niños que en vez de estar ayudados en comprender las raíces del malestar, están “congelados”, a la espera de alguien que valorase si pueden convertirse en lo que son o menos. Es un claro ejemplo de incapacidad de aceptar la naturaleza humana también cuando está imperfecta, problemática, dudosa. Todo eso lidia con el no saber correr el riesgo intrínseco a la existencia: lo de encontrarse en situaciones complejas, que a veces no tienen solución.

Parafraseando Saint-Exupery: el hacerse primavera lleva consigo la posibilidad del invierno y en esta contradicción, en este paradoxo, tiene que estar el ser humano para no convertirse en el nada. Si refrendamos un determinismo que rechaza la naturaleza, quien decidirá lo hacia que tender? La verdad es que ninguna operación nunca podrá quitarnos del lindísimo aunque controvertido y continuo esfuerzo de vivir: aquí está la bofetada​ más verdadera a nuestra arrogancia.

 

Traducción editada por Emanuela Piluso

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