Eurofuturo

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Más que a una moneda única, el Euro se podría considerar como la materialización de un sistema de cambios fijos, aquel que anteriormente era el SME, que si por una parte ha permitido a los Estados miembros con deuda pública más elevada, de refinanciarse durante años a tasas de interés muy bajas (no una pequeña ventaja) y a los privados y sociedades de simplificar la contabilidad y los procesos de exportación, por otro lado está mostrando todos los aspectos críticos que un sistema de este tipo se va a crear con el tiempo y que pueden remontar a la descripción del Ciclo de Frenkel:

1. El País ha aceptado la unión monetaria, con la liberalización de los movimientos de capital.
2. Los crecientes capitales extranjeros, que encuentran convenientes invertir en un País donde las tasas de interés son más altas, pero han fracasado los riesgos de cambio.
3. El flujo de caja hace crecer los consumos y la inversión, por lo que crece el PIB y la ocupación.
4. Sin embargo, también aumenta la inflación y la deuda privada; por lo que se crean acciones e inmuebles ficticios.
5. Un evento casual crea pánico entre los inversores extranjeros, que detendrán la financiación.
6. Inicia la crisis: se desencadena un círculo vicioso entre la caída del PIB y el aumento de la deuda pública. El gobierno recorta el gasto público y aumenta los impuestos, lo que agrava la recesión.
7. El País se ha visto obligado a abandonar el tipo de cambio fijo a depreciar.

En la actualidad, pareciera que hemos alcanzado al punto 6, mientras que la evolución descrita en los primeros cinco puntos pareciera ser realmente la Eurozona entre el 2002 y el 2011, cuando estallo la crisis de las deudas soberanas en los países periféricos.
¿Es posible que todos estos problemas puedan haber sido generados sólo por la adopción de una moneda? ¿Cómo es que las opiniones sobre eso se dividan entre los partidarios de la neutralidad de la moneda y que abogan por un retorno a la “soberanía” monetaria? ¿Quién tiene razón?

Pensemos, en primer lugar, lo que es una moneda. Sin duda, es un medio de pago, una “mercancía numeraria” que fue creada para fomentar los intercambios de comercio y la formación de los precios, que, no es una función trivial, para ser utilizado como una “reserva de valor”, es decir, para el ahorro. En un mundo de equilibrio, de hecho, esta sería neutral, y cualquier cambio de la masa monetaria injustificada causaría inflación, en caso de aumento, o deflación, en el caso de reducción, para regresar el sistema a una condición de equilibrio y dejar sin cambios el valor real el stock valutario.
Un “mundo en equilibrio” significa que, al mismo tiempo, se obtengan las condiciones necesarias: la libre circulación de mercancías, personas y capitales, la falta de barreras de acceso al mercado, la información perfecta (con el fin de simplificar la discusión).

Es obvio para cualquiera que el mundo no presentan ninguna de estas características, convirtiendolo casi en ridículo las críticas a la política “neo-liberal”, que nunca se han visto en la acción de los estados. En presencia de estas evaluaciones no es posible afirmar que una moneda puede ser neutra y las políticas monetarias han, por tanto, tenido un impacto significativo en los mercados.

De aquí a la crítica de la moneda única el paso es breve, ya que las acciones de la gestión de Mario Draghi en los vertices del BCE, ha dado pie la centralidad de las decisiones de cambio en el seno de la política económica europea. Demostrando cómo un trabajo, serio y coherente, del Banco Central también puede distender la crisis que parecía capaz de conducir a la implosión de toda la zona.

El verdadero problema del Euro es consecuencia de los tiempos y de las modalidades de la introducción de la “moneda única”, por una especie de “pecado original”, así que  queriendo utilizar el vehículo monetario para impulsar una mayor integración política y económica de toda la Eurozona y no entendiendo que, en cambio, la adopción de una moneda unificada es la consecuencia de un proceso de agregación y de armonización del mercado subyacente. La pregunta que surge es espontánea, en este punto, es “dentro de diez años, el Euro y la Unión Europea existiran todavía?”.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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