El suicidio social

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En Italia se tienen menos hijos y cada vez más tarde. El país se está envejeciendo, la esperanza de vida disminuye. No sólo esto: tres de cada diez mujeres que tenían un empleo han renunciado al mismo después del embarazo. Casi una de cada cuatro mujeres (22,4%) con menos de 65 años, ha interrumpido su actividad laborativa por razones familiares. La fotografía (atención, no “predicciones”, sino datos reales) está realizada por el Istat. ¿Catastrofismo? No, estadísticas. Sobre las que, sin embargo, vale la pena hacer una reflexión.

Los niños, las mujeres, los ancianos son las categorías que también la tradición quiere como privilegiadas. Y están estrechamente relacionadas entre sí, ya que el niño nace de la mujer, y que la familia – con sus decanos – ha sido durante años, el lugar principal del welfare, fingiendose como un punto de apoyo respecto a la criticidad que la sociedad real planteaba (desempleo , costo de los estudios, asistencia sanitaria).

Hoy va en crisis este sistema; resultado de decisiones equivocadas bajo el perfil económico, de pérdida de las conquistas sociales, de un relativismo que ha colocado al “individuo” en el centro del Sistema País, penalizando precisamente a las familias.

Y como prueba de fuego, los indicadores que el Istat nos describen son una demostración de cómo socavan los pilares de la sociedad, la caída sólo puede ser la consecuencia inevitable. Tienen menos hijos aquellos que no pueden permitirse el lujo de llevar adelante una familia, porque no hay trabajo, sino también porque – seamos sinceros – en muchos casos, no existe el deseo como tal, de formar una familia, y por lo que se ve a un bebé como un problema.

Faltando la familia, no están presentes los que apoyan las decisiones de los jóvenes, que por lo tanto, tienen dificultades para construirse un futuro que garantice una asistencia a los ancianos, que mientras tanto, pierden autonomía. Estamos en presencia de un corto circuito, y la sociedad moderna no se ha demostrado el estar lista para el desafío de los tiempos. Si por una parte se pide a las mujeres (y a los hombres) de trabajar más tiempo, por otro lado no se organizan los puestos de trabajo para permitir la curación, al mismo tiempo de las necesidades profesionales y los hijos, obligando por lo tanto a la elección.
También aumenta la mortalidad, y para hacer una broma se podría decir que la especie humana no tiene más energía para resistir. Pero no hay nada de que reír al respecto …

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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