LAS PRISIONES QUE NADIE COMENTA

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“Sus últimas palabras fueron para su esposa y familia. Después murió. Cerramos sus ojos, lo envolvimos en una manta militar y leímos silenciosamente el Corán, en nuestros corazones “. De está forma mueren los detenidos en las cárceles de Siria. Poco importa que en arrestarlos sea el gobierno o uno de los muchos grupos armados que apoyan a la oposición: quienes terminan en la cárcel tienen una alta probabilidad de no salir con vida. Se habla de torturas, de violencias sexuales, de condiciones  higiénicas y sanitarias acotando que son obscenas. Una bofetada a los derechos fundamentales del hombre, una desgracia difícil de la cual escapar, ya que la sangre versada es mucha, y en fondo, a nadie importa cual es el final de los “culpables”.

A pesar de que las organizaciones internacionales no tengan libre acceso a los documentos oficiales del Gobierno, la Onu ha publicado un informe en el que se describe con gran detalle la situación de los detenidos en Siria, una condición que el régimen del Presidente Bashar al-Assad conoce, pero que al parecer no tiene la intención de cambiar. En este informe, el Consejo de los Derechos Humanos señala al Gobierno Sirio, pero también emite una dura sentencia contra los varios grupos armados de la oposición y lo hace a partir de los testimonios de 261 ex reclusos, que han comentado aquello que han visto y sufrido durante su encarcelamiento.

Los ojos de los que sobrevivieron no se pueden olvidar. Están los que comentan de los prisioneros golpeados con barras, hasta su muerte, en frente de los compañeros prisioneros impotentes, que los alejaron a fin de no dejar testigos.
Algunos hablan de gritos desesperados que se prolongan durante varias horas, hasta que llega el momento de la muerte del prisionero. Otros, sin embargo, han informado de presos enfermos de diabetes, del corazón, con tumores, a los que le fueron negados medicamentos y tratamientos para salvar sus vidas, condenados a una muerte lenta e inhumana. Luego están los testimonios en relación con las condiciones de higiene en que viven los prisioneros, hacinados en celdas estrechas y atestadas, sin la oportunidad de bañarse, obligados a defecar en público y en la misma celda, obligados a beber el agua de la poceta del baño para no morir de sed. A continuación, las historias sobre los abusos, incluso sexuales, de hombres y mujeres privados de su dignidad, torturados y masacrados para obtener confesiones.

Por cuanto concierne a los grupos armados anti-gubernamentales, cambian los verdugos, pero no el modo con  la que los prisioneros son tratados. Por lo general, los “criminales” son militares del ejército sirio, capturados y encarcelados, periodistas demasiado curiosos, extranjeros que llegaron con la esperanza de ayudar y la gente común que entran en contacto con el mundo occidental. El secuestro de estas personas ocurren para obtener un rescate  o también para proponer un intercambio de prisioneros. A menudo, cabe acotar, la situación degenera y los rehenes son asesinados en las formas más crueles, lanzados desde muros muy elevados, fusilados, quemados vivos, degollados, todo esto ocurre mientras una telecámara graba sus últimos momentos de vida,  imágenes que luego terminan en la red y se utilizarán como medio de propaganda.

Existe, por último, el sufrimiento de las familias, que no saben nada de sus maridos, hijos, hermanos desaparecidos de repente y que nunca regresaron. Por lo general, los cuerpos de los prisioneros son llevados rápidamente al hospital más cercano, donde le atribuyen un número para demostrar que la muerte se produjo en el hospital, no en las cárceles del régimen. Algunos parientes más afortunados logran pagar bajo cuerda a los vigilantes, para recuperar el cuerpo del ser querido, para por lo menos velarlo y darle un entierro apropiado. Cualquiera que haya visto los restos de sus seres queridos, habla de cuerpos demacrados, casi irreconocibles, con evidentes signos  de tortura: quemaduras, excoriación, contusiones y señales de estrangulamiento.

La Onu no puede hacer nada, si no el de recomendar, informar a la comunidad internacional, pedir al gobierno sirio que se comprometerse a poner fin a esta violación de los derechos fundamentales del hombre y de las normas de derecho internacional. Pero delante de sí, tiene una gran barrera: por un lado una que parte de un régimen que no tiene la intención de admitir su culpabilidad, por otro lado, grupos de terroristas que actúan en la ilegalidad absoluta, ocultos detrás de las atrocidades de una guerra que está diezmando a todo un pueblo, que sólo quisiera de nuevo su dignidad.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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