La “fuerza maravillosa” del Cristianismo

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Don Luigi Sturzo decidió de entrar en la vida  política y económica italiana con un objetivo preciso: cristianizar es decir moralizar, el mundo político y económico. Dos mundos que desde siempre han estado dominados por comportamientos contrarios a la doctrina cristiana, sobre todo en el vertice de los gobiernos y de las empresas. Por lo tanto,de aquí las grandes injusticias y la consecuente pobreza generalizada que al final del tiempo “nutren” la propuesta revolucionaria de Marx. Propuesta que León XIII, en la Encíclica “Rerum Novarum”, juzgó como una medicina peor del mal que quería curar. De hecho, Marx incitó al feroz conflicto entre los trabajadores y los “patrones” en el sistema, árbitro único y único jugador.

Para León XIII, la solución de la “cuestión obrera”, el Papa escribió en 1891: “La concordia produce la belleza y el orden de las cosas, mientras que un perpetuo conflicto entre capital y trabajo no puede dar que la confusión y la barbarie. Ahora en cerrar la brecha, es decir en cerrar las mismas raíces, el cristianismo tiene una riqueza de fuerza maravillosa “.

Fue una invitación recibida con entusiasmo por el joven Luigi Sturzo, que en 1891 tenía 20 años de edad. Estudió teología y la filosofía, sino también economía social, bajo la dirección de Giuseppe Toniolo. Y pronto pasó de los estudios a los hechos, en primer lugar a la dirección administrativa del Municipio de Caltagirone, en Sicilia, como vice-Alcalde, a continuación, a nivel nacional con la fundación del Partido Popular Italiano. Con su acción constructiva, todos dedicados a la consecución del bien del prójimo, demostró cómo era cierto que “el Cristianismo tiene una richeza de fuerza maravillosa.” Comprendí que la primera regla de la buena gestión pública es el siguiente: la razón política (la llamada “razón de Estado”) y la razón económica nunca debe pisar, sino siempre respetar la razón moral. De lo contrario, esas dos razones, más pronto que tarde, se demuestran irracionales e inmorales.

En un primer momento el fascismo y después el estatismo impidieron su pensamiento económico-social para demostrar la gran validez de aquella “fuerza maravillosa.” Por desgracia, muchos políticos y empresarios, muchos de los cuales se definían a sí mismos cristianos, no fueron capaces de captar ni su mensaje ni aquel de las muchas Encíclicas sociales escritas por los Papas sucesores de Papa León XIII. Sturzo recorrió el tiempo de la “Gaudium et Spes”, pidiendo una renovación del tejido eclesial, para que se convirtiera en capaz de influir en la sociedad y orientarla en una nueva visión del bien común.

La gran esperanza es que ahora Papa Francisco – a la que el Siervo de Dios Don Luigi Sturzo sería totalmente en plena sintonía- tenga mayor audencia de sus predecesores por parte del mundo político y económico; dos mundos que continuan a pisotear (y muchas veces criminalmente) la razón moral.

Giovanni Palladino
Periodista, escritor, ex presidente del Centro Internacional de Estudios Luigi Sturzo

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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