El futuro de los vencidos

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morelli

“¡Problemas para los vencidos!”. Esta vieja advertencia nos recuerda que la civilización humana ha surgido y se ha desarrollado, por un lado, recuerda, de acuerdo con la visión y las directivas de los ganadores en los diferentes conflictos y en las innumerables guerras combatidas por la humanidad durante milenios, por otra parte, con el duro trabajo de los “esclavos”, con el silencioso y, a veces rebelde sacrificio de los “vencidos”.

No pocas veces, estos últimos han sido portadores de una expresión de una civilización superior en referencia a sus ganadores. Ellos, los vencidos, una vez que están sometidos, han tenido siempre  que ceder su voluntad para dar cumplimiento a la de los ganadores, incluso y sobre todo, en un respetuoso homenaje a la “fuerza”, al “poder”, que los ha llevado a la supremacía. En algunos casos afortunados, el esclavo capturado – una expresión de la civilización de los vencidos – era usado como pedagogo de los hijos de los ganadores y, bajo la circunstancia de toda una vida dedicada al servicio fiel de los ganadores, no era extraño que recibiera, como muestra de agradecimiento del buen trabajo desarrollado, la condición de “liberado”.

La condición en la que la antigua esclavitud colocaba a los vencidos, en comparación con las formas más solapadas y menos evidentes de esclavitud o pseudo-esclavitud en la sociedad moderna, pone de manifiesto la extraordinaria importancia que tenían los esclavos por sus amos, incluso simplemente como ” mano de obra “; hasta el punto de que a menudo entraban a ser parte de la familia y constituían una muy importante dotación. Por lo que los amos eran los primeros interesados en la salud, al cuidado y a las normales exigencias que un esclavo tenía que cumplir para hacer con eficiencia sus servicios para aquellos que deparaba el destino, incluyendo la vida y la vida saludable. Excluyendo los posibles lazos emocionales que a largo plazo también podía surgir, el vínculo de puro y simple  interés que unía al amo a su esclavo que se rompió en la modernidad, con el efecto combinado de la abolición de la esclavitud en las formas palpables con la introducción de la moneda y del trabajo salariado.

La existencia real en la era moderna de una desaparecida ética y perdida responsabilidad social, con el colapso de las protecciones conquistadas a lo largo de los siglos por las clases subalternas en las mismas sociedades occidentales y el claro resurgimiento de “formas libres de explotación” de los seres humanos obligados a sobrevivir en condiciones de mínima subsistencia y a veces incluso en absoluta miseria, ofensivas para la dignidad humana, debería hacer reflexionar, y hacer llamar por su verdadero nombre ciertas operaciones de “trata de personas” o de “nueva esclavitud” que tienen lugar ante nuestros ojos para grandes partes de la sociedad global.

La herramienta que hace del hombre de hoy que ya no sea un esclavo, pero – aún peor que antes! – Un mero servidor, un desecho de la sociedad humana, es la privación de la posibilidad de un trabajo y la desaparición de un ingreso mínimo de subsistencia.

Debemos recordar que, en la historia humana, que podríamos llamar la élite en el sentido Paretiano, que siempre ha sido la fuerza para gobernar el mundo, y cuando se impuso la razón, ha prevalecido sólo porque les han permitido a los que tenían el poder. Un cambio pacífico en el equilibrio, o en las estructuras globales o locales de nuestros tiempos, es impensable que pueda llevarse a cabo sin el consentimiento de quienes ahora detentan el poder. Para usar una eficaz expresión popular, se podría decir que “no se puede ir al paraiso a pesar de los santos.”

Algunos podran argumentar que la fuerza en el mundo globalizado está hoy fragmentada y dividida en diferentes manos “elitistas”, que el progreso ha cancelado la esclavitud, mientras que la tecnología ha ampliado en gran medida las “armas” que se pueden utilizar – más allá de las químicas, bacteriológicas, nucleares y de neutrones – hasta convertirlas tan refinadas como para ser capaz de aplastar al enemigo sin privarlo de su existencia y sin causar graves daños materiales a lo que existe. La guerra económica- financiera es un ejemplo típico.

Todo esto es tan cierto que se han convertido en “armas” en las manos de los grupos de poder, incluyendo códigos informáticos, lo que es lo mismo, software, capaces de señalar un título en el “mercado” y, simulando en fracciones de segundo transacciones de alta frecuencia, cambiando el valor momento a momento, a través del mecanismo de la oferta y de la demanda, y por lo tanto manipular el  mercado al propio gusto. Se ha convertido en una tortuosa “arma”, la desestabilización de las grandes áreas en las que se nutren los intereses, hasta conducirlas a la guerra civil y en producir refugiados en su propia casa, también utilizados como una herramienta de ataque en planes hegemónicos inconfesables, o simplemente para forzar, a través de las migraciones de las zonas deprimidas, la contención de los salarios.

Se han convertido en armas de la élite, refinados conceptos  de economía y de finanzas que, a través del juego de los diferenciales de la inflación inducidos en las zonas de libre comercio en la moneda común, puede echar por tierra toda una completa economía privilegiando otra. Se han convertido en evidentes “armas” de élite, los llamados productos financieros derivados, herramientas de ataque para regir los precios de las materias primas y de los alimentos y provocar en los gobiernos locales ingeniosamente crisis, los bancos e instituciones. Se han convertido en “armas” de la élite , la deuda pública soberana, disparadas a través de los intereses pagados por las naciones privadas de su soberanía en favor de los bancos privados, por lo que las crisis inducidas reduzcan sus tasas de crecimiento reales,al punto de ser inferiores a las tasas de interés reales que grava la deuda, y así coloca esas naciones en condiciones de “no sostenibilidad de la deuda”, la herramienta principal para requerir a plegarse a su voluntad.

En todos estos casos, se trata de instrumentos todos destructivos, que también permiten entre otras cosas mostrarse hipócritamente amigable con su vecino, considerandolo en su intimo no como un rival de batir, a quien apretar la mano al final de la pelea, sino un “inferior” de someter.

Las visiones terribles de los “desvaríos” inmersos en teorías de conspiración van contrarrestados no con la fuerza de las armas, viejas y nuevas, sino a través de los comportamientos, el buen ejemplo, la inteligencia, la educación, la corrección. Esto es lo que necesita el mundo globalizado, si la humanidad quiere dar un salto cualitativo hacia una nueva fase de la historia. En alternativa, no podrá que ser “el llanto y crujir de dientes” general, salvo por supuesto, que a excepción de un pequeño número de “humanos”, para las fortunadas, fuertes y poderosas élites.

Rocco Morelli
Director Cientifico de la Asociación Ambiente y Sociedad

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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