CATÓLICOS – ORTODOXOS, LOS MOTIVOS DE LA DIVISIÓN

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papa kirill

Cuba, símbolo del último resurgimiento de la Guerra Fría, antes del deshielo en el eje Washington-La Habana, ahora se ha convertido en un escenario de otro punto de inflexión en términos de las relaciones internacionales: el primer encuentro entre el Romano Pontífice (como institución e independientemente de quién encarna este papel) y el Patriarca de toda Rusia, el líder espiritual de la comunidad ortodoxa más grande en el mundo. No es casualidad que Moscú se le conoce como la “Tercera Roma”, visto que por autoridad, sigue después de la Ciudad Eterna y Constantinopla (la actual Estambul).

La laceración entre las dos denominaciones cristianas más antiguas maduradas en la Edad Media, cuando Roma y Bizancio comenzaron a medirse en términos de autoridad y poder. El “Gran Cisma” ocurre en 1054, con la excomunión mutua entre las dos Iglesias, basada teológicamente sobre la cuestión de la “Filioque” (es decir, el hecho de que para la tradición latina, el Espíritu Santo procede también del Hijo, mientras que para aquella griega no) . La verdadera razón del contrasto se refiere, sin embargo, en las prerrogativas del Pontífice y en particular si y cual tipo de juridicción tenían en las otras sedes patriarcales (es decir, las Iglesias fundadas directamente por los Apóstoles de Jesús). Todos estaban de acuerdo en el reconocer en el Papa una especie de “primacía de honor”, pero muchos no aceptaron que podría ejercer poderes administrativos. Además Constantinopla, después de la caída del bloque occidental, fue también la capital del imperio y no quería someterse a un poder político extranjero.

La Ortodoxia, sin embargo, no es un monolito sino que está dividida a su vez en diferentes iglesias. El acercamiento con Bizancio se produjo, por ejemplo, en 1964, gracias a un encuentro entre Pablo VI y Atenágoras I. Aquella con el Patriarcado de Rusia, históricamente más tarde respecto al bizantino, ocurrirá sólo hoy. Decisivo, en este sentido, fue el colapso del bloque soviético que, aunque si con altibajos, ha acercado a Moscú al Occidente y ha dado un mayor margen a una confesión realizada durante décadas, bajo un estricto control por el poder político. Y muy pronto, sin embargo, para hablar de unidad. Se trata sólo de un primer paso hacia el objetivo común: la reconciliación de todos los fieles en el ámbito de una sola Iglesia.

El encuentro entre Francisco y Kirill, es una obra maestra del ecumenismo que realiza el sueño inconcluso de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Y es el fruto de un diálogo complejo, donde no han faltado, sobre todo durante la Guerra Fría, momentos de tensión. Bergoglio se ha introducido en un proceso ya iniciado por sus predecesores, pero ha sido capaz de acelerar demostrando en varias ocasiones, signos de apertura hacia el este. Decisivo fue el impulso hacia una mayor colegialidad de la Iglesia. El pasado 17 de octubre, con motivo del cincuenta aniversario del Sínodo, el Papa hizo un llamado a una “descentralización saludable” del aparato eclesiástico. El Pontífice dijo en esa ocasión, “no está solo, por encima de la Iglesia; sino dentro de ella, como bautizado entre los bautizados y dentro del colegio episcopal como obispo entre los obispos “. Una Iglesia cada vez más Sínodal, según el Santo Padre, “podrá dar mayor  luz al Ministerio Petrino” porque también para ser “sub Petro no significa restringir la libertad sino garantizar la unidad”. Esta “conversión del Papado” ha sido, por supuesto, recibida con satisfacción por los ortodoxos.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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