MISERICORDIA, UNO CONTRA TODOS

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“No es con la clava del juicio que traeremos de vuelta a la oveja perdida al redil, sino con la santidad de vida, que es principio de renovación y de reforma en la Iglesia.” Papa Francisco se dirigió de está manera a los “misioneros de la misericordia”, sacerdotes provenientes de todos los continentes que el Miércoles de Ceniza, enviarán en todas las diócesis del mundo como testigos del valor del perdón a través del sacramento de la confesión.

La reconciliación, la Misericordia precisamente, constituye el verdadero valor del pontificado de Francesco. Es el mismo programa del Vicario de Cristo, que utiliza el diálogo para ir más allá de los errores cometidos en la Historia. Es un Papa que mira hacia el futuro y no se queda en el pasado, ve los errores y es capaz de pedir perdón, así como invita al perdón a los poderosos de la Tierra. Él eligió estar presente en el mundo en el que también se han cometido delitos graves, y su misión es hacer superar las barreras, las cercas, la desconfianza, el odio.

Eran en 726 – de los casi 1.200 totales – aquellos que se encontraron con el Pontífice en la Sala Regia, en la víspera de la ceremonia en San Pedro, donde se les dará el mandato. Entre ellos también nuestro Director Responsable, Don Aldo Buonaiuto, un miembro de la Comunidad Papa Juan XXIII, fundada por Don Oreste Benzi.

“Un misionero de la misericordia lleva sobre sus hombros el pecador, y lo consuela con el poder de la compasión”, les dijo el Papa, que “en esta aventura misionera” quizo indicar “como ejemplos dos santos ministros del perdón de Dios, San Leopoldo y San Pío, junto con muchos otros santos sacerdotes que en su vida han dado testimonio de la misericordia de Dios “. “Ellos os ayudaran”, agregó. Ser misionero de la misericordia “te pide que estes presente en primera persona como testimonios de la cercanía de Dios y de su forma de amar”, afirmó Francisco, recordando antes que todo que “en este ministerio son llamados a manifestar la maternidad de la Iglesia.”

“No podemos correr el riesgo de que un penitente no perciba la presencia maternal de la Iglesia que lo acoge y lo ama – advirtió -. Si falla esta percepción, debido a nuestra rigidez, sería un grave daño en primer lugar para la fe en sí, porque impediría el penitente de ser insertado en el Cuerpo de Cristo”. “Al entrar en el confesionario – advirtió – recordemonos siempre que es Cristo quien acoge, es Cristo quien escucha, es Cristo quien perdona, es Cristo quien da la paz”: “Nosotros somos sus ministros; y necesitamos en primer lugar siempre ser perdonados por Él. Por lo tanto, cualquiera que sea el pecado que es confesado -. o que la persona no se atreve a decirlo, pero lo hace entender, es suficiente- cada misionero está llamado a recordar su existencia pecaminosa y a ponerse humildemente como canal  de la misericordia de Dios “.

Bergoglio recordó que la confesión del 21 de septiembre de 1953, fiesta de San Mateo, después de la cual en Buenos Aires, a los 17 años, sintió la vocación sacerdotal, pidiendo a los confesores “La actitud de un padre.” Y además del “deseo de perdón”, también se centró en la “vergüenza” del penitente, componente determinante para la conversión: “vergüenza por todo lo que ha ocurrido, tanto para tener que confesarlo a otro”: “La vergüenza es un sentimiento íntimo que afecta en la vida personal y exige por parte del confesor una actitud de respeto y estímulo”, ha recalcado. Para ello, continuó, “no estamos llamados a juzgar, con un sentido de superioridad, como si fuéramos inmunes del pecado”: “ser confesor según el corazón de Cristo es equivalente a cubrir al pecador con el manto de la misericordia, para que no se avergüenze más “. Todavía – hablando ‘improvisadamente’ – el Papa advirtió contra aquellos confesores demasiado severos o enfermizamente “curiosos”. “Algunas personas dicen – Lamentandose -:” No, yo no voy. Fui una vez y el cura me ha atacado, me hizo preguntas oscuras, de curiosidad”. “¡Por favor! – Exclamó Francisco – Esto no es ser un buen pastor, esto es ser el juez que cree que él no ha pecado. O es un pobre hombre enfermo que está intrigado con las preguntas “.

“A mí me gusta decirle al confesor – continuó -: ‘si tú  no sientes el ser un padre, no vayas a la confesión, o mejor aún, haz otra cosa”. Porque se puede hacer tanto daño a un alma si no se le acoge con el corazón de un padre, con el corazón de la Madre Iglesia “. Al final, después de la bendición, también existe el espacio para las bromas. Aprendimos por el Arzobispo Rino Fisichella, su delegado para la organización del Jubileo, que entre los misioneros habrá uno que se dirigirá al extremo norte de Canadá, en una comunidad de esquimales, saludó así: “Y aquel que se dirige al Ártico ¡que se cubra bien! “.

En el detalle, la bula papal permite a los Misioneros de la Misericordia de absolver algunos pecados particulares: 1) profanación de las especies eucarísticas mediante la eliminación o la detención de las mismas para su uso sacrílego; 2) violencia física contra el Romano Pontífice; 3) la absolución de un cómplice en el pecado contra el Sexto Mandamiento del Decálogo; 4) violación directa del sigilo sacramental por parte  del confesor.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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