LA ITALIA DE LA MALVERSACIÓN TOMA DINERO DE LOS MINUSVÁLIDOS

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En la Italia de los astutos, desgraciadamente estamos acostumbrados a ver diferentes estafas de diferente naturaleza. Y lo que más duele, es que a menudo, se nutre de los pobres, de los últimos, de los que no pueden defenderse, ya que ni siquiera conocen la percepción de lo que está sucediendo.

Lo vimos con la Mafia Capital, y con el dinero y los sobornos en giro alrededor de los centros de acogida para los inmigrantes, lo encontramos en otro caso emblemático, esta vez, proviene de Calabria.

La sentencia 25/2016 de la Corte de Cuentas, ha evidenciado de que manera criminal se utilizan los fondos puestos a disposición por el Estado para la “nueva contratación de trabajadores desfavorecidos  y/o personas con discapacidad.” El protagonista de esta negativa historia es la compañía Mari srl, condenada a pagar 85.000 euros a la Región, por haber tomado ese dinero con un noble propósito y de haberlos utilizado para otros fines, hasta el cierre de la empresa por fracaso.

Dejando obviamente de un lado a todas aquellas personas vulnerables que, en la promesa de una formación y después de un trabajo, habían vislumbrado un rayo de luz en una vida de privaciones. Arrojando un doble daño: impuesto fiscales, por lo que se refiere al dinero erogado y no utilizados para el proyecto de reintegración, de imagen, porque por la enésima vez, los Fondos sociales europeos terminan en los bajos fondos. Una bofetada al país y a la sociedad.

¿Qué ha ocurrido? Que la empresa solicito a la Región una contribución para la formación y después el empleo permanente de 5 personas, los cuales ciertamente deberían tener determinados requisitos.

La “promesa” de operar de una cierta manera ha sido satisfecha de la erogación del dinero: 10.000 euros por las actividades educativas, 75.000 para el incentivo de la ocupación. Lástima que todo este dinero nunca terminó en los bolsillos de los trabajadores que tenían el derecho; y que incluso algunas figuras profesionales señaladas como posibles destinatarios, no posean ni siquiera los requisitos para poder acceder a esos fondos.

En resumen, una estafa con varias capas, pero que ha sido identificada por los hombres de la Guardia de Finanzas, que han procedido a través de procedimientos judiciales después de negar, con resultados probatorios, que los esfuerzos fueran correctamente cumplidos y mantenidos por el beneficiario de los fondos públicos.

Ninguno de los puntos previstos ha sido respetado, y está claro de esta forma, que detrás de él había una intención criminal y no sólo una repentina y momentánea dificultad. No se pusieron en marcha en los 30 días la formación preparatoria para el empleo, no se formalizaron las contrataciones, no se mantuvo el número de empleados permanentes durante 36 meses desde la fecha de empleo: Nada en absoluto, como en la niebla clásica de la administrativa típica italiana. “La sociedad – escriben los jueces -, además de insolvente, ha cesado toda actividad empresarial y está sujeta a un procedimiento de quiebra. Como explicarlo: ese dinero el Estado nunca los volvera a ver …

Aunque sí , de todas formas, el hacha de la justicia administrativa ha seguido su propio curso, y ha puesto a cargo al ex administrador la suma total de 85.000 euros, como compensación por sumas indebidamente percibidas.

Es el último caso de una larga serie de estafas, que demuestra cómo la mala práctica sigue estando fuertemente arraigada en Italia. De frente a miles de personas que donan su tiempo como voluntarios para asistir a aquellos que son menos afortunados, para ayudarlos y darles consuelo, existe otra parte de la sociedad, que aprovecha donde ve oportunidades de ganancias a las espaldas de los más débiles. El hecho de que conocemos lo dura que es la batalla, sin embargo, no significa que bajemos la guardia. Ni bajar el perfil de investigación, ni bajar el perfil cultural. Por este motivo, es importante contar estas historias, para que no pase como algo “normal”, una actitud sólo porque es dominante en la sociedad.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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