La verdadera vergüenza

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Una vez las familias más virtuosas se avergonzaban de serlo en público. Aquellos que en casa calentaban el pan para poderlo comer incluso cuando estaba seco, que colocaban un poco de agua en las botellas de champú cuando”parecía “que se había terminado, cuando encontraban la manera de reutilizar la pasta sobrante convirtiéndose al día siguiente en una tortilla, cuando iban al restaurante y no podían permitirse el lujo de hacer lo mismo. Y entonces aquí entraba en acción “el perro”. Con la excusa de llevar las sobras del restaurante en casa, se pedía una bolsa y lo que no había sido consumido terminaba en la mesa de la cocina. Pero la excusa debía ser creíble y, a continuación, además de pasta y la carne, se solicitaba al restaurante de colocar también los huesos, por otro lado … “el perro” eso es lo que come.

El concepto de ahorro, que había acompañado a las familias del después de la guerra, se ha perdido gradualmente. Se ha llegado a tirar la comida, así como a desperdiciar el agua, dejando grifos abiertos durante decenas de minutos, solo para lavarse los dientes, o luces encendidas durante horas. Nadie precibía la doble vía que estaban recorriendo: la falta de respeto para aquellos que esas comidas no se las pueden permitir y el consumo de energía que inevitablemente tiene un costo y que tienen el riesgo de agotarse.

El concepto por el que se balancea el planeta es uno, nunca lo hemos considerado. Hoy tenemos que hacerlo, porque la alarma lanzada por los que estudian la disponibilidad de los recursos mundiales es alta. El consumo de 250 mil millones de litros de agua en el uso de 1,4 mil millones de hectáreas de tierra cultivable y la emisión de 3,3 miles de millones de toneladas de CO2 cada año, no son números al azar, sino datos reportados por la FAO. Esto por lo que se refiere a los recursos.

En cuanto a los desperdicios, en un año en todo el planeta se desperdician alimentos por 1.000 billones de dólares (mientras que más de 900 millones de personas, especialmente en los países pobres, mueren de hambre). En Italia, se cuenta con cifras de despercios domésticos de 8,4 miles de millones de euros al año, un promedio de 650 gramos de alimento por familia, por un costo total de 6,7 euros por semana. No se puede seguir así. Y de está forma algunas novedades: la obligación de los supermercados con una superficie superior a 400 metros cuadrados de donar en beneficiencia alimentos no vendidos, y el establecimiento de la Family bag (solicitada por el Ministerio del Medio Ambiente), para llevar la comida del restaurante ordenados pero no consumidos. Pronto se convertirá en un hábito visible en cada local, y no existirá más el problema de la vergüenza.

Por otro lado, en la encíclica “Alabado sí” Papa Francisco no permaneció solamente en las afirmaciones de principio, sino que solicitó hacer el máximo para el equilibrio del medio ambiente mundial, incluso a partir de las pequeñas cosas. Se inicia con 100 restaurantes. Y esperamos que sea el momento de cambiar la cultura, y de avergonzarnos cuando se desperdicia, no vale lo mismo decir para los que ahorran.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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