LA ALEGRÍA OCULTA DE PADRE PÍO

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padre pio

En San Giovanni Rotondo, el viento sopla entre los olivos plantados en la plaza frente al gran santuario. Aunque si los restos mortales del Padre Pío, por el momento, ya no se mantienen custodiados dentro de la cripta, los peregrinos continúan visitando los lugares donde el humilde capuchino de Pietrelcina vivió durante muchos años. Se respira la misma atmósfera de siempre, pero falta algo. No se ve muchas túnicas aletear. Son pocos los monjes que permanecen en la basílica diseñada por Renzo Piano, el mínimo necesario para la celebración de los oficios sagrados. La mayor parte del convento está en Roma, junto con las reliquias del santo, que durante años veneran y protegen.

En la Capital, miles de fieles llenaron la Basílica de San Lorenzo al Verano para rendir homenaje al “Santo de la Misericordia”. En recibir a los peregrinos, los capuchinos de San Giovanni Rotondo. Entre ellos también está Padre Marciano Morra, el último de los frates aún vivo, que vivió con el Santo de Pietrelcina. Destaca una característica de Padre Pío que pocos conocían: la alegría. “Era un hombre que sufría, y aquellos que sufren no tienen ganas de reír. Él no podía caminar a causa de las heridas (estigmas), o por causa de fiebres muy altas. Y estos son sólo dolores físicos. Las confesiones eran un tormento. Sentía todo el tiempo: ‘He blasfemado a la Virgen’. Se sentía ofendido, golpeado al corazón. Por no hablar de las calumnias. A pesar de todo esto, cuando estaba con nosotros en el monasterio, o con los amigos, era un hombre alegre “.

El Fraile Marciano recuerda de un episodio que se llevó a cabo en los pasillos del convento. Un pintor esperaba al santo, sosteniendo un lienzo en el que había dibujado su rostro. “Fue un diseño mal hecho, feo. Él le pregunta: “¿Quién es este?” El pintor le respondió: ‘Padre, eres tú. Me gustaría que lo firmara, y que me escriba una dedicación ‘. El santo le pidió una pluma y escribió: ‘No tengan miedo, soy yo: Padre Pío’. ¡Siempre tenía una broma preparada! También hacía chistes, como aquella del campesino que nunca había viajado y tenía que tomar el tren. El mismo va a la estación y pide el billete al empleado ferroviario, el cual le responde: “Si usted tiene que ir y volver durante el mismo día le conviene comprar ida y vuelta, así ahorra ‘. El campesino acepta y se sube al tren, que en esa época todavía usaban el carbón como combustible. Era uno hermoso. Cuando el tren entra  en el túnel la luz desaparece y el humo entra en el vagón. El hombre, asustado, grita y pregunta: “¿Dónde estamos? ‘Un pasajero le responde:’ ¡En el infierno! ‘El campesino responde:” ¡Me alegro de haber comprado el billete de ida y vuelta! Este era Padre Pío. Un santo de la alegría”.

Todos conocían, sin embargo, su carácter agudo cuando confesaba. “Muchas veces levantó la voz y reprochaba – recuerda el padre Marciano -. ¿Y por qué? Era la imagen del padre de familia. El que hace que sus hijos de comporten bien, dando buenas lecciones … Pero si el hijo no cambia camino, el padre tiene que intervenir, debe llevarlo de nuevo al camino justo. Si este no lo hace, no es un buen padre. Padre Pío era un buen padre, que cuando estaba en frente de un penitente que confesaba sus pecados, pero que no tenía ninguna intención de cambiar de dirección, de cambiar su vida, levantaba la voz y lo reprendiá! “Una bofetada a aquellos que siempre han señalado al capuchino como un moralista, que reprochaba al prójimo.

El traslado de las reliquias a Roma, ha creado un nuevo encanto en torno a la figura del fraile. Sin embargo, para los hermanos del Padre Pío, esto tiene otro significado: “Fácilmente uno es influenciado del movimiento, de la organización … Esto, para nosotros los frailes, nos hace reflexionar. Estamos llamados a seguir su camino, aquel que él nos abrió; nosotros somos hermanos del pueblo. Tenemos que rezar, porque sin la oración, no se hace nada”.

Hace también reflexionar el hilo conductor que conecta a Papa Francisco con Padre Pío. Ambos llevan el nombre de Santo pobre de Asís (en su época, de hecho, el capuchino de las estigmás se llamaba Francesco Forgione), ambos son “misioneros” de la misericordia, y ambos advertían a los pecadores. “Esto es hermoso – continúa Padre Marciano -. Podemos decir que el Papa está interpretando a Francisco de Asís, pero en el campo de la guía del pueblo toma papel protagonico también Padre Pío, ya que es moderno. Papa Francisco es moderno, y por lo que son casi una realidad muy similar. También es útil a Papa Francisco, no sólo a través de la intercesión del cielo, sino también con su testimonio de vida “.

Padre Pío encarna la enseñanza de San Pablo, cuando en su carta a los Gálatas, escribió: “Para mí no hay gloria sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gal 6, 14). El capuchino en el vértice de su vida “coloque la Cruz de su Señor como su fuerza, su sabiduría y su gloria.” Ardía de amor por Cristo, y para todo se confió en  Él. Los tesoros que Dios le había concedido, los dono al prójimo, al servicio de los hombres y de las mujeres que acudían a él cada vez más numerosos, generando una inmensa multitud de hijos e hijas espirituales, que continúan con su misión en el mundo.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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