LA MUJER NO ES UNA FÁBRICA

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Lo denominaban “maternidad subrogada”, pero deberían llamarla “subrogación”, explica Elisa Anna Gómez, madre “por sustitución a pagamento”, que vivió y vive la terrible experiencia de la maternidad negada, “esclavizada”, dice. Compartió su dolorosa experiencia en la rueda de prensa celebrada ayer, martes, 2 de febrero, por la asociación ProVita Onlus con el Senador Lucio Malan, en el Senado, donde era objeto de debate en el aula el proyecto ddl Cirinnà, con su muy discutido artículo 5, que prevé la posibilidad de adopción del hijo del partner de la pareja homosexual y que, según los juristas más respetados e influyentes, sería un pase para la regularización de hecho de los hijos “adquiridos” en el extranjero con la práctica del denominado “útero en alquiler”, en nuestro país prohibida por la ley n. 40/2004.

Una práctica – afirmó al unísono con Gómez, con una fuerza moral y desprecio ético, incluso el Presidente de Pro Vida Onlus Antonio Brandi – que es inmoral, totalmente equivocado e incivilizado, tanto porque es “altruista”, de forma gratuita, como comercial , a pagamento. En la Resolución de 5 de abril del 2011, incluso el Parlamento Europeo se ha pronunciado en contra de la maternidad por alquiler, en el ámbito de la lucha contra la violencia contra las mujeres, solicitando a los Estados miembros el “reconocer el grave problema de la subrogación de la maternidad, que constituye una explotación del cuerpo y de los órganos reproductores femeninos “(20), señalando que” las mujeres y los niños están expuestos a las mismas formas de explotación y son considerados mercancias  en el mercado internacional de la reproducción “, incluso así “incrementando la trata de las mujeres y los niños, así como también las adopciones ilegales transnacionales” (21). Sí. Y sin embargo, Europa es invocada cuando y como conviene.

En pocas palabras, la maternidad subrogada constituye una grave violación de los derechos humanos, de la mujer, del niño. Es la comercialización de la relación entre los padres e hijos a través de la gestación por cuenta de terceros, principalmente detrás de la compensación económica. Por su carácter mercificatorio y mercantil y peligrosa ambigüedad en la definición de la paternidad, que viola los derechos humanos codificados en la Carta Internacional de los Derechos Humanos y del ciudadano del 1948 y en la Convención sobre los Derechos del Niño, de 1989, en la cual, entre otras cosas , se reconoce el derecho a la verdad sobre los propios orígenes. De hecho, niega el principio natural que es el fundamental de cada derecho, que “mater semper certa est” (“la madre es siempre segura”).

“El niño es un sujeto de derechos, no es un objeto, un iPhone o un hermoso coche”, declaro Brandi. “Todos nosotros tenemos deseos. El deseo de tener un hijo es natural. Pero no es un derecho. No todos los deseos se pueden satisfacer”. Sobre todo si afectan los derechos de los niños, previstos en todas las convenciones internacionales. La maternidad subrogada, por ejemplo, que “no aparece directamente en el proyecto de ley ddl Cirinnà, pero que el Stepchild Adoption hace que sea posible”.

“No eliminen a los niños sus derechos antes de nacer”, ha sido el apremiante llamado de Elisa Anna Gómez a los italianos al final de su dramática – y arriesgada – intervención. Arriesgada, sí. Debido a que un juez le impuso un bloqueo informativo sobre su historia, después de haberla declarado, simplemente, “donante de material genético”, no madre, y sin embargo, condenandola al mantenimiento de la niña que ha procreado y traído al mundo, pero que no puede ver. La mujer, en definitiva, es tratada como una “incubadora”, una “fábrica”, o más bien, una “industria de la vida.”

La historia. Es decir, la realidad de muchas de estas maternidades subrogadas-alquiladas, y no son los peores casos. Elisa vive en Minnesota, es madre de tres hijos, fue abandonada por su marido y tuvo que hacerse cargo de los niños sola, con miles de empleos. La hija mayor, cuando tenía dieciséis años, demostro serias dificultades psicológicas y emocionales de estrés, debido al abandonó de su padre. Para curarla, y para mantener a todos sus hijos, en el 2006, decidió unirse a un foro del denominado “útero en alquiler”. En los países donde es admitido, existe un tráfico de negocios multimillonario, de agencias que, detrás de la coartada cultural o seudo, tanto así de dar a las parejas homosexuales la oportunidad de ser padres y del amor que vence sobre todas las cosas, asegurando que la madre embarazada – que se le denomina “portadora”- no tiene ningún derecho. Acepta en dar a sus ovulos y de dar a luz para una pareja de homosexuales que “al principio me había parecido maravilloso”, detrás de una compensación de 8 mil dólares y la promesa de que podría haber mantenido una relación con el hijo que había dado al mundo y la seguridad de que este habría sabido que era la madre. “Las cosas han cambiado drásticamente en cuanto di a luz”, informa. “Dejaron el Estado sin darme comunicación, aunque si legalmente era mi hija”, reconstruye. “A partir de ese momento me sentí como un fantasma.”

Elisa ha desarrollado un trauma similar a la de los veteranos de guerra. “Cuando acepte de ser una madre en alquiler no podía prever el cómo me sentiría con el nacimiento de la niña y cuando me la quitaron”, dice, arrepentida. “Fui tratada como un útero de usar. Sólo puedo decir que es un dolor que no se va, una herida que arde en todas las fibras musculares y en el corazón “. En el 2007, comenzó su batalla legal para reconocer su maternidad y el derecho a tener una relación con la bebé. El primer juez solo le permite de verla durante cuatro horas al mes y le impone de pagar a la pareja adquiriente 600 dólares al mes por mantenimiento. Incluso la ley tiene sus paradojas, en un país que se declara civilizado, como los Estados Unidos, pero que ciertamente no posee una historia de civilización del derecho. Demasiado “joven” respecto a la democracia para poder declararse bastante madura en lógica y derechos. Le es entonces impuesto el silencio sobre su historia e incluso la prohibición del uso de Internet por motivos personales. El juez de la apelaciónle hace realizarse ocho evaluaciones psicológicas, todas con resultados a su favor. Es declarada “en perfectas condiciones mentales, pero muy adolorada por la sustracción de su hija.” La niña permanece con la pareja que la había “adquirido”. Queda también la obligación para ella, de pagar el mantenimiento mensual. Pero ella no tiene el derecho de verla. No sabe nada de ella, desde hace ya seis años, desde que su hija (por naturaleza y por derecho moral) tenía dos años y medio. Desde cuando, le decían los mismos padres por contrato, que podía dormir solo en el asiento del coche, porque allí había sido la última vez que vio a su madre.

“Los contratos de alquiler de vientres son prácticas de esclavitud”, afirma, sin duda, la madre subrogada arrepentida. “El vínculo entre la madre y el hijo es tan fuerte por naturaleza que cualquier ley, que el permitir romperlo es inmoral. La maternidad subrogada es inmoral “, repite. “La Stepchild Adoption, de ser aprobada, hará que la subrogación de la maternidad una realidad dolorosa en Italia. Que no da derechos a los que no tienen, pero que los eliminan a aquellos que deberían tenerlo, al niño, que es arrancado de la madre “. Es una bofetada, muy fuerte, para aquellos que tienen poca sensibilidad, a los partidarios de una ley que, de hecho, serían cómplices del mercado de la vida. De acuerdo con los estudios de la Aberdeen University de cinco organismos especializados en este “servicio” a nivel internacional, la cifra de negocios de la maternidad en alquiler ha aumentado en un 1000 por ciento en cinco años, desde el 2006 al 2010, especialmente en los países de bajos ingresos, tales como India, Vietnam , Sudáfrica.

En algunos Países, no sólo la maternidad subrogada está regulada legalmente, sino que la madre subrogada es incluso obligada a respetar el contrato y castigada en los casos de violación: en Israel, por ejemplo (donde, sin embargo, es prevista una “indemnización mensual por el dolor y el sufrimiento “sufrido), en Australia Ovest, en Nueva Zelanda, en Grecia.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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