Si el gobierno bloquea a la policía

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El complejo fenómeno de la migración de un gran número de personas que buscan una oportunidad para la propia existencia, que con respecto al pasado, se caracteriza por la creencia religiosa y de sus peligrosos aspectos extremistas. Indiscutible que en nuestros países, en los próximos años, se incrementará el porcentaje de ciudadanos de cultura y la religión musulmana, que son atraídos cada vez más al sistema de derechos y de seguridad de nuestras sociedades, aspectos percibidos como derechos de libertad para proteger a la comunidad y al individuo . Los valores indicados son una conquista de nuestra civilización en la que hoy en día, se basan los Estados de la Europa unida. Nosotros por lo tanto, tenemos el deber de defender los valores de la cultura común, que une a los pueblos de Europa, incluso en lo que se refiere a aquellos aspectos no secundarios de la vida pública, preservando incluso los recorridos históricos y culturales, sociales y políticos del  laicismo. Así como para aquellos que encuentran su máxima expresión, en la protección de los procesos democraticos y de las libertades individuales de cada persona, independientemente de su sexo.

Dicho esto, los costos derivados de la gestión del orden y de la seguridad pública y aquellos para la adaptación de las retribuciones, la profesionalización y el equipamiento de las fuerzas policiales, deben coincidir con la complejidad de los tiempos, a las exigencias generales y a la solicitud de mayor seguridad que demandan los ciudadanos. Sobre este tema, los gobiernos europeos discutirán durante muchos años, y tendrán que invertir si quieren salvaguardar nuestra civilización y nuestra democracia. La tarea encomendada a la policía no es un gasto innecesario, sino por el contrario una inversión necesaria, de lo contrario la gestión de los flujos migratorios y las actividades de prevención del terrorismo internacional, de origen islámico que se debe abordar, serían imposibles de realizar, solo por mencionar dos de los aspectos que hoy en día se consideran emergencia.

En nuestra forma de pensar la creencia religiosa es seguramente un asunto privado, pero sin duda, siempre y cuando no se convierta en un peligro para la sociedad, por lo que incluso en los lugares de culto, se deben observar las reglas, requisitos y controles, actividades que sólo los policías tienen la experiencia para desarrollar con habilidad, tacto y discreción. Objetivamente, la presencia de los musulmanes en nuestro continente después de la masacre en París y, diez años antes, con la revuelta de los suburbios que inició en Clichy-sous-Bois, ha convertido en plástica la complejidad y la contradictoriedad de las diferentes culturas y civilizaciones que, con el tiempo, inevitablemente, aumentan y se enfrentarán, si no son capaces de convertir en marginal e irrelevante el radicalismo religioso y político.

La cultura democrática y política de las poblaciones europeas que provienen de los países musulmanes, pero que crecen en nuestras ciudades, puede facilitar el intercambio social de los espacios comunes, en donde todos puedan expresar su derecho a la ciudadanía universal. La integración trae con sí la participación natural a la vida pública, si el objetivo final es el desarrollo de una convivencia adecuada y constructiva, precisamente con el fin de evitar el riesgo de la prevalencia de los radicalismos, todos debemos contribuir a fortalecer la cultura de los derechos y los deberes de una ciudadanía común, en el respeto de la cultura y de las creencias del otro. Sigue siendo inaceptable la creencia de un neocolonialismo religioso por parte de los componentes más extremos del mundo islámico. En pocas palabras, no creo que se le pueda escapar a nadie, que la función que la policía desarrolla en esta delicada fase de nuestra historia, es estratégica para el futuro de nuestra sociedad.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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