BISTURÍS CON FALLAS Y JERINGAS QUE VALEN ORO, LA SANIDAD CAE EN UN PRECIPICIO

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“Bisturí”, “aquí tiene doctor”, “¡pero no corta!”. No es el sketch  de un cómico, sino la realidad con la que a menudo, se enfrentan los cirujanos italianos, obligados a trabajar con instrumentos vencidos, a veces riesgosos para los pacientes. La alarma fue lanzada por la Asociación de Cirujanos de los Hospitales, por sus siglas en italiano  “Acoi”, después de las repetidas señalaciones procedentes de los médicos de todo el país. Los nuevos bisturís, puestos a disposición de los doctores son de “mala calidad” y aumentan la probabilidad de sufrir daños estéticos o de contraer enfermedades infecciosas en el quirófano. Una bofetada a los enfermos y a los contribuyentes que apoyan la sanidad con sus impuestos.

El caso recuerda aquel que en el pasado se centraba en los diabéticos, cuando algunas partes que no funcionaban de los medidores chinos de la glucosa en la sangre, llevaron a muchos enfermos a la sala de emergencias. Diego Piazza, Presidente de Acoi, explica lo sucedido: ” Aumentando el trauma cutáneo para entrar en la superficie, se aumenta el riesgo de contaminación bacteriana de la herida. Es claro que, teniendo que usar más fuerza para entrar en la superficie, se toma el riesgo de cortar más allá de las intenciones del operador. ”

Pero, ¿que es lo que ha llevado a esta situación paradójica? La reducción del gasto sanitario, que han llevado a los organismos competentes a buscar productos de bajo costo, descuidando el aspecto de la calidad. Una elección que resultó ser miope. “Se trata de una elección antieconómica – dijo Piazza – porque para una misma intervención puede ser necesario utilizar más bisturís, lo que no ocurriría con un buen bisturí que, por el contrario, podría ser utilizado más de una vez durante la misma operación. Se logra hacer un corte con un bisturí que no es de buena calidad, pero nos hemos visto en la necesidad de usar incluso tres en la misma operación. El mayor problema es cuando se baja demasiado la calidad  en la alta tecnología, de la que puede depender la vida del paciente, como en el caso de las válvulas cardíacas”. Una situación similar, ha sido denunciada por el Prof. Francesco Corcione, Presidente de la Sociedad Italiana de Cirugía, que había informado de un problema con un dispositivo ” básico” como los guantes, demasiado delgados y frágiles, que ha obligado a los médicos a utilizar dos pares juntos.

Se comentará:  que la racionalización de los costos es parte de una maniobra mucho más amplia en la reducción del gasto público. Lástima que no siempre los dictados de la spending review sean respetados. Aunque si por una parte, de hecho, se ahorra en los bisturís y con los guantes, por otra parte, en algunas regiones, el sistema sanitario sostiene gastos excesivos (también puede tocar el 800%, entre un hogar de cuidados y otras) para productos tales como las agujas, gasas, prótesis y jeringas. Tomemos en consideración algunos ejemplos citados en el último informe de la Autoridad de Supervisión de los Contratos Públicos. Comprar una jeringa estéril, debería costar a un local de salud u hospital sólo 2 céntimos de euro, y no 65 como ocurre en algunas partes de la Península. Mientras que el precio de un día de comida para un paciente no debería exceder de 9,40 euros, y la comida para un empleado no debería ser de más de 4,62 euros.

La brecha entre el Norte y el Sur de Italia nos dejan sin palabras. Tomando como ejemplo la misma jeringa para insulina, se descubre que para un hospital del norte adquirirla cuesta 4 centavos, y en el Sur, el costo puede llegar hasta 24. Se podría también ahorrar en los servicios de lavandería, no excediendo en el desembolso, para cada paciente, de 3,50 euros por cada día de hospitalización. No sólo. Un  screening realizado junto Agenas, la Agencia Nacional sanitaria de los servicios  regionales, análizando de las ofertas de los contratos adjudicadas en los últimos años, destacó el hecho de agujas pagadas desde un mínimo de 9 centavos y un máximo de 25 euros, con una diferencia  de 177%, suturadoras desechables para los que están quienes han gastado 188 euros y los que llegaron a gastar 520 euros, gasa de algodón compradas a 2,89 euros como a 7,47 euros, con un incremento del 158%. Hospitales que pagan 284 euros para un reemplazo de cadera y otros que pagan 2.575 euros, con una diferencia del 806%. Todo esto para los mismos productos. Sin olvidar los stents coronarios que pueden costar desde 150 a 669 euros. Igual paga el Bolsillo, siempre que sobreviva a la operación realizada con un bisturí con fallas …

Traducción a cargo de Adriana Montiel

 

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