QUIENES EMPUJAN A LOS NIÑOS AL SUICIDIO

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SUICIDIO

El tiene once años, ella tiene doce. Diferentes ciudades pero el mismo infierno. Palabras similares en las cartas que les dejaron a sus padres antes de lanzarse al vacio; “espero que algún día ustedes me perdonen”, escribió Diego, un niño español que murió hace varios meses, cuya historia fue contada sólo en los últimos días. “Disculpenme”, fue en cambio el legado de la niña, que intentó suicidarse saltando desde el balcón de su casa en Pordenone. El mismo deseo de suicidarse, de pasar del asfalto al Cielo en un instante, sin siquiera escuchar el “crack” de los huesos triturados, la sangre hacer camino en la boca. El olvido de la muerte preferible a la conciencia de una vida muy difícil de llevar. Con ese miedo de regresar a la escuela que abre paso en las vísceras cada día que Dios reina en la Tierra. “No puedo regresar y no tengo otra forma para no ir”, fueron las últimas palabras de Diego; “espero que ahora esten contentos”, dijo idealmente la chica italiana a sus compañeros de clase.

Allí, en las aulas, bajo la mirada inconsciente de los docentes se llevaba a cabo una escena de tormento diario: risas, burlas, chantajes, tal vez incluso palizas. Y una fuerte amenaza “no puedes hablar o tendrás problemas”. Una bofetada a la inocencia. Porque el acoso es un delito que no toma con sí a los prisioneros, mata por una parte y por otra, el espíritu y muy a menudo también el cuerpo.

“Se trata de un fenómeno complejo y es difícil tener datos precisos sobre los suicidios que están relacionados con eso – explica para Interris.it,  la Profesora Annamaria Giannini, profesora ordinaria de Psicología ante la Universidad  La Sapienza de Roma – porque detrás de algunos casos, existe la intimidación pero no se está al tanto. Después depende del tipo de persecución y de cuales efectos produce “. Ciertas son las consecuencias sufridas por las víctimas, que están arraigadas en un silencio ensordecedor y no comunican su malestar, ni siquiera a sus padres. “Si optan por la opción de suicidarse es porque no ven ninguna alternativa – hace hincapié el profesor -. Se avergüenzan de hablar incluso con sus seres queridos. Forma parte de un mecanismo complicado, donde es muy importante  la formación de padres y madres. Deben prestar atención a los cambios bruscos, especialmente cuando ven que sus hijos no quieren ir a la escuela. ”

Pero, ¿quién es el agresor y porqué lo hace? “A menudo son chicos frágiles, inseguros que transmiten a través del uso de la fuerza su baja autoestima. Tienen poco coraje, son problemáticos “. Pero esto no debería ser una excusa, porque “las verdaderas víctimas son aquellos que son objeto de violencias, que tienen miedo de salir, viven en la angustia, sufriendo de trastornos del sueño. Ellos deberían ser protegidos “. Tutelados, ayudados a salir del túnel, a abrirse y hacer denuncias para evitar un círculo vicioso difícil de interrumpir. Además la infancia y la preadolescencia son momentos cruciales en la vida de una persona, caracterizados por cambios de humor y de una gran emotividad.

Y no es casualidad que en los últimos años, se hayan incrementado los casos de suicidio entre los jóvenes. Una tendencia preocupante que se ven afectados por muchos factores. “Depresiones graves, angustia existencial … Las razones que pueden empujar a un chico de suicidarse son muchos – destaca la profesora Giannini – En muchos casos, después es difícil identificar una causa desencadenante. El joven se encuentra en medio a un dolor que no sabe como superar. No logra pedir ayuda. A veces, antes de quitarse la vida, deja un mensaje con la motivación que lo llevo a ello. Pero muchas veces esto no sucede y muchos padres, especialmente si el hijo ha decidido, por ejemplo, saltar bajo un tren a toda velocidad, no aceptan la hipótesis del suicidio. Prefieren pensar que se trataba de un accidente “.

Para matar al menor no sigue una anotación en particular, se adopta con aquella que se tiene a disposición. En resumen, no existe un método de suicidio más utilizado por los jóvenes. “Un adulto que tiene a disposición un arma utilizará la misma en la mayor parte de los casos. Un médico o una enfermera que tiene acceso a los medicamentos y conoce sus efectos, normalmente optará por el envenenamiento. Pero un niño no tiene estas opciones, por lo que decide ahorcarse, saltar de la ventana o entre los binarios de un tren”.

Para evitar tragedias similares es fundamental el papel de los padres. “Ellos deben captar cada cambio, obviamente, no aquellos que entran en la norma de edad de la adolescencia. Por ejemplo, el no frecuentar a sus viejos amigos pueden ser una señal. Me doy cuenta que en la edad de la red, no es fácil tener conocimiento de todo en la vida de sus hijos. Y sobre todo si, a través de la web, entran en contacto con personajes sospechosos o procedimientos de seducción “.

Según los expertos, los adolescentes de hoy se enfrentan con una sociedad en plena crisis de valores, siguiendo modelos de plástico – desde los atletas a las soubrette hasta los protagonistas de los reality – que predican el logro del máximo resultado con el mínimo esfuerzo. Y desde una edad temprana, se encuentran proyectados en núcleos donde la dimensión de escuchar está reducida al mínimo, donde los medios de comunicación y las redes sociales sustituyen las figuras parentales cada vez más evancescentes. Y el “no” de mamá y papá tiene una petición específica o un deseo que ya no es experimentado con fines educativos (como decían nuestros abuelos  que “es más fácil decir que no que sí”), pero como una derrota personal. Porque tal vez un compañero ha conseguido lo que quería. La sensación de insuficiencia, de aislamiento respecto al contexto social, se convierte en un abismo cada vez más profundo. “No estén tristes”, fue el mensaje que Papa Francisco hace algún tiempo dirigido a los jóvenes. Una invitación para enfrentar la vida, a no sucumbir ante la adversidad. En fondo al túnel, al final, siempre hay una luz. Sólo tienes que seguirla.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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