Terrorismo y las elecciones erradas

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En la época actual, si queremos mantener en equilibrio las instituciones de nuestras democracias, la reflexión sólo puede articularse. El tema de la seguridad es quizás aquel que mejor se presta para describir la complejidad de un paso histórico similar. Italia, por ejemplo, ha experimentado el dramático dilema del conflicto entre la libertad personal y la seguridad durante los años de plomo. Benigno Zaccagnini, el secretario de la Dc durante el secuestro de Moro, razonaba sobre esta supuesta alternativa en una carta a uno de sus hijos.

Le advirtió de “no aceptar ninguna limitación de los grados de libertad, incluso si ésta era la condición para una conquista atractiva o encantadora”. La respuesta colectiva firme pero democrática que las instituciones han sabido ofrecer acerca del terrorismo subversivo, después de muchos años, asume bajo esta luz, un valor  aún más noble. Italia fue capaz en efecto de derrotar el terrorismo sin convertirse en un Estado policial.
Un debate similar se ha inflamado después del 11 de septiembre de los Estados Unidos. Las limitaciones parciales a la libertad, a partir del derecho a la privacy, a cambio de una mayor seguridad. A pesar de dividirse, el país aceptó y después de casi quince años, a pesar de la alternancia de gobierno, están todavía en vigor, en gran parte las medidas adoptadas después del ataque a las Torres.

Hoy es el turno de Europa. París bajo el fuego de los terroristas, París marchando por los valores que ella misma ha dado al Occidente. Después de la extraordinaria reacción emotiva a los ataques del 2015, se produjo un intenso debate sobre cómo reaccionar ante el miedo. Con un riesgo Capital, una vez dictado por la prisa: derogar de los pilares de nuestro modelo de democracia y libertad, para sentirnos más seguros.

Una vez más, un atajo. Tal vez el más insidioso, si pensamos en  cuántos son los siglos, cuántas guerras, cuántas víctimas humanas, cuantos pensamientos filosóficos, se necesitaron para construir la Europa de hoy. El peligro es siempre el mismo, así como también los términos de la cuestión: la tentación de no hacerse las preguntas más estructurales, de no disolver uno tras otro los nodos más espinosos, de confeccionar de prisa soluciones de impacto inmediatas de anunciar la opinión pública. El muro tirado es mejor, el corte de la cinta está a favor de la telecámara. Y poco importa si después aquel muro será derrumbado ante la primera tormenta, cuando el clamor habrá pasado. Se pensará a ello cuando sucederá.

Alrededor de todo esto se discute. En Italia, mucho menos. Como para las tragedias de la inmigración, editoriales sobre la onda emocional, hechos de crónica de prensa y un poco más. En cambio, la cuestión debería sondearse con el mayor nivel de atención, porque trata de todos los aspectos de nuestra vida: la política, la administración, la economía.
El mundo occidental está lleno de impulsos que van en esta dirección. La tentación debe ser abordada desde la raíz. No es reduciendo el alcance de la participación que se vuelve más eficiente. No es limitando la libertad de circulación que se llega a tener más seguridad. No es con la concentración de poder y la reducción de los contrapesos democráticos que mejora la governance. Una buena forma de participación democrática es una condición esencial para el bienestar, la democracia, la seguridad. He aquí otro de nuestros valores que no es negociable.

Extraído de “Ir juntos, ir lejano”.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

 

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