FAMILIA CONTRA LA NATURALEZA

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ALDO BUONAIUTO

Contra la naturaleza, o sea antinatural. Para hacer frente al complejo tema sobre las uniones civiles, pero no sólo eso, se necesita partir necesariamente de este concepto. Se trata de discriminar, sino de definir antropológicamente – sin influencias – lo que es la familia natural.

Una cosa es disciplinar y regular legítimamente los derechos de las parejas, otra cosa es establecer que una pareja conviviente sea definida por la ley “familia”. En un país civilizado puede ser obvio que deba haber una norma que regula las relaciones entre las personas, respecto a los derechos y deberes de uno respecto al otro y, ampliando el concepto, los deberes del Estado hacia ellos.

Pero la ideología que se ha insertado en este problema actual es muy compleja, no teniendo en cuenta nuestra cultura, tanto desde el punto de vista civil como religioso. Esto determina determinadas posiciones que no son aceptables.

Una cosa es hablar de las uniones que el Estado reconoce y que regula los derechos, otra cosa es la institución del matrimonio. Se debe tener en cuenta del valor que la Constitución concede al matrimonio basado en la familia sin subestimar los principios cristianos, que hacen que sea un sacramento. Legitimar la unión entre personas del mismo sexo, no implica el derecho a la paternidad, a pesar de que esta ú ltima se concrete. Esta última está vinculada, en nuestra civilización, al concepto de familia, o sea al hecho de que es concebido un hijo en el amor y que se les transfieran no sólo los genes, sino también la conciencia de la diversidad que existe entre el ser hombre y ser mujer. Ambas figuras son insustituibles hasta completar la identidad de manera rotunda de la persona in fieri, en devenir.

Por otro lado, si recordamos, regresan a la mente las batallas libradas por una cierta corriente progresiva en el criticar duramente esos  famosos Colegios de una vez, donde las personas del mismo sexo se veían obligados a crecer; era estigmatizada la ausencia de las dos figuras, masculina y femeninas, fundamentales – se decía – para el equilibrio adecuado en el desarrollo de una persona. Cuántos fracasos y cuánto daño se  atribuyen a ese modelo, el mismo que ahora se quisiera reproducir incluso dentro del núcleo fundamental de la sociedad, obligando a un niño a vivir relacionandose con personas del mismo sexo.

Ya existe una profunda crisis de la familia, por muchas razones socio-culturales. Las cuales está produciendo una generación de jóvenes desorientados, frágiles, frustrados, privados de los puntos de referencia necesarios, incapaces de cultivar un genuino sentido de la responsabilidad personal. No agregemos a las generaciones actuales un peso y una carga de las consecuencias impredecibles.

Muchos males de nuestro tiempo derivan de la introducción de nuevas normas que debían expresar una idea de progreso y de conquista, mientras que en realidad han destruido una tela de valores esenciales para una sociedad sana. Uniones civiles, stepchild, alquiler de vientres; como si ahora, dada la crisis económica y de valores, se pudiera alquilar cualquier cosa. Las transformaciones de ciertos comportamientos han ocurrido en tiempos tan rápidos, que sólo más tarde nos dimos cuenta del hecho de que las innovaciones se arrastraban detrás de resultados negativos o también ofreciendo el derecho a problemas complejos.

El significado religioso de la vida y el poder que Dios le ha dado a la familia, pequeña Iglesia doméstica, se ha completamente perdido. El hombre ha dado la espalda a el Creador, se ha olvidado de los preceptos y las enseñanzas eligiendo la autosuficiencia y la auto-referencia. Todo esto parecía hacer la vida cotidiana más fácil y agradable, que en lugar se desperdicia y sin la perspectiva de un compromiso con el fin de una meta duradera.

La Iglesia Católica no juzga ni condena, de hecho acoge sin reservas a cada persona; Sin embargo, también es un testigo y garante de los principios evangélicos irremplazables e inmutables. El patrón es claro, desde las primeras enseñanzas de la Biblia: “Dios creo el varón y la hembra” hasta la Sagrada Familia de Nazaret.

Estamos ofreciendo a los jóvenes una sociedad éticamente más pobre y sumisa a las reglas de lucro, que está sujeto a los egoismos y propone cambios. Pero estos últimos son en realidad mistificación, no conquistas de la civilización.

El diablo siempre ha trabajado para eliminar la armonía, el equilibrio y la función de la familia; el intento de suprimirla como nunca parece una amenaza viable. Destruir la familia, demoler la sociedad: el fin del mundo.

Este es el momento de luchar y orar, para que nos enfrentaremos a una situación de complejidad que actualmente no podemos conocer … sino imaginar; por otra parte el  stepchild, por ejemplo, que en su mismo nombre prefigura el futuro: step, de hecho, significa paso. El primero lo tenemos delante, y muchos  tropezaran … Los otros, ¿A donde nos llevarán?

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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