UN HIJO DIFERENTE

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FIGLIO

Cuando la ley positiva no se basa en el derecho natural, las reclamaciones se vuelven derechos y los derechos se alteran. La misma Constitución se frena a través de cambios lingüísticos al interno de la propia ley. Por ejemplo, al introducir el nuevo término “formación social específica” en lugar de “familia”, como resulta en el proyecto de ley (que con razón) Cirinnà disputa, con el nombre de la ponente en el Comité de Justicia. Nuestra Constitución, de hecho, es explícita en el definir, en el artículo 29, la familia como una “sociedad natural fundada en el matrimonio”, y por lo tanto, en la unión entre un hombre y una mujer. La institución del matrimonio nace para la protección de los hijos, tiene sus raíces en el potencial creativo de los cónyuges. Y aquí está presente el nudo gordiano. El denominado “Stepchild Adoption” prevé la posibilidad de uno de los dos de la pareja de adoptar al hijo del otro.

Para el Presidente Emérito de la Corte Constitucional Cesare Mirabelli, se trata de una “maraña” jurídica, antes que política. De hecho, para algunos, se trata de una autorización implícita para la inseminación heteróloga y al embarazo en alquiler. Y sería un primer paso – step, de hecho, como lo indica el mismo nombre – para las adopciones por parte de las parejas homosexuales. Entonces surge la pregunta, muy seria, del interés prioritario de los menores, de los derechos de los niños, en primer lugar, aquel de tener un padre y una madre, así como de la certeza de una identidad biológica. Y es un ataque a la familia natural, justo cuando la política debería esforzarse por garantizar la aplicación del principio constitucional en el artículo 31, es decir, que el Estado debe “facilitar” la formación de las familias y el desempeño de sus responsabilidades, como por ejemplo la educación y la protección jurídica y social de los derechos fundamentales de la persona.

“Las uniones civiles para parejas homosexuales,” en el ddl Cirinnà, se equipara al matrimonio por los derechos y deberes (incluyendo, la reversibilidad de la pensión) y no se aplica a las parejas heterosexuales. Se asimila, de hecho, la unión homosexual al matrimonio, con otro nombre. Se contrae ante un funcionario público, con la presencia de testigos, al igual que sucede con los matrimonios. Se puede tomar el apellido de uno de los dos de la pareja, se puede optar por la comunión o la separación de los bienes. Y se “divorcia” para separarse. Muchos son, de hecho, las similitudes al derecho matrimonial con respecto al contenido del decreto.

Para el Presidente Emérito de la Corte Constitucional Mirabelli, así como el texto fue presentado, consiste en una “constricción” legislativa. Debemos proteger los derechos individuales de las parejas homosexuales, sobre la base del artículo 2 de la Constitución, y por lo tanto, ajustando la unión afectivas de solidaridad y sus relaciones patrimoniales libremente, con la disolución de la unión con una simple declaración de las partes. “Inaceptable” la adopción, para el jurista. El “Stepchild Adoption” debería ser tachado del ddl y, posiblemente, tratado en sede de reforma de las adopciones. El texto, de hecho, se refiere a la ley de 1983, relativa a la adopción de los minores. Incluso para el psiquiatra infantil Angela Magazù, jefe médico del Hospital local de Matera, muy inapropiado. “Tener un hijo a toda costa es egoísmo, no es un derecho”, declara a In Terris. “Una pareja, heterosexual u homosexual, o cualquiera que sea, se puede realizar de muchas maneras, no necesariamente a través de la procreación o la paternidad.”

Incluso en las parejas heterosexuales, la adopción del hijo de uno de los dos partner por parte del otro es extremadamente rara, incluso cuando el menor no tiene al otro padre. ¿Por qué, entonces, esta situación prevista en el ddl Cirinnà? Es evidentemente un escamotage,  para introducir la adopción. En cambio, “los niños necesitan de un padre y de una madre, de ambas figuras de referencia, masculina y femenina, para crecer bien y llegar a ser adultos equilibrados y adaptados, conscientes y responsables”, afirma Magazù. Si “las diferencias no están en las potenciales afectivas y cognitivas, que son, sin embargo, en la forma de compartir la vida diaria, se juega y se plantea”. La madre se ocupa de los hijos, representa la seguridad, la atención, el consuelo. El padre transmite una visión del mundo, enseña las reglas. Cierto, declara neurosiquiatra, se necesita entender como enfrentar de la mejor manera esta realidad, de las parejas homosexuales con hijos, con las que “aún se debe llegar a un acuerdo.” La solución propuesta por la especialista del infancia es de pensar en “custodias supervisadas, en lugar de la adopción”, con controles periódicos sobre el estado de bienestar de los menores bajo custodia y con la evaluación de caso por caso.

En cuanto al argumento según el cual “Europa nos los pide”, utilizada por algunos políticos para “forzar” la equiparación de las uniones homosexuales al matrimonio, es una bofetada a la verdad. El experto de derecho dice: “No captamos la información relativa al Imu e incluso del impuesto de matriculación …”. Además, la Corte Europea de los Derechos del Hombre se ha expresado dejando libertad a los Estados miembros, ya que “no prohíbe ni impone el otorgamiento del status matrimonial a las uniones entre personas del mismo sexo.”

Los colores de la familias “arco iris” están lejos de ser colores pasteles. En su blog, y luego en las páginas de “Tempi”, Robert Oscar López, profesor de literatura Inglesa de la Universidad de California, contó su drama como hijo de una madre lesbiana, creciendo sin un padre, desde la edad de dos años, junto a la pareja de ella. “Sentí que faltaba”, dice. “Desde el externo podría aparecer como un hijo modelo, pero dentro de mí tenía una gran herida, que trataba de aliviar con el sexo.” Inicialmente tuve relaciones homosexuales. La formación de los menores resulta por imitación. Después descubrí de tener impulsos heterosexuales. “Una familia homosexual no es un ambiente adecuado en el cual criar a un niño”, dice López.

La investigación del psicólogo estadounidense Mark Regnerus, la más amplia hasta los momentos (alrededor de 248 hijos de homosexuales) y científicamente confiables, demuestra que aquellos que crecieron con dos personas del mismo sexo son de 25 a 40 veces más desfavorecidos que aquellos coetáneos que vivían en familias con un padre y una madre.

El próximo 26 de enero, se reanudará la discusión del decreto en el Senado. Mientras tanto, las llamas de la controversia enciende las luces de la atención sobre las graves implicaciones éticas y sociales, además de culturales, del voto con el cual nuestros parlamentarios se expresarán de acuerdo con su conciencia y, esperamos, no con inconsciencia.

La asociación “Generación familia” hace un llamado a los senadores de todos los partidos, de modo que no se presten a lo que parece ser una operación de “colonización ideológica”. Este “pseudo-matrimonio” es “una opción hipócrita de compromiso ” – dijo el portavoz, Filippo Savarese – quien tiene el riesgo de ser “una bomba de relojería, a punto de explotar en los tribunales.” Ciertamente, es un ataque a la familia natural, que utiliza el arma de la ley.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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