SIN TRABAJO SE MUERE

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lavoro grigio

Dos muertos en dos días, por el frío y por las dificultades, de ciudadanos “normales”. En Pesaro, en las Marcas, un licenciado con más de cuarenta años de edad, sin trabajo y sin hogar. En Milán, en Lombardía, en el Norte rico, un desempleado de casi cincuenta años de edad, que vivió durante algún tiempo en el coche, a pocos pasos de una parroquia, de San Pedro Mártir, dedicada a la acogida de los solicitantes de asilo de los extranjeros. Al mismo tiempo, se difundieron los datos de Eurostat sobre el empleo en los 28 Estados de la Unión Europea. Italia es la penúltima, superada sólo por Grecia para la primacía del horror de los derechos civiles. Aún así, “Italia es una República fundada en el trabajo”, se lee en el artículo 1 de nuestra Constitución, aunque si en varias ocasiones se ha tratado de modificarlo en el tiempo. Una para todos, la propuesta Bonino. Abolirlo sería sin duda más coherente. Debido a que, en Italia, el trabajo no es un derecho sino un privilegio. El trabajo no tiene dignidad, y se tiene cada vez menos, durante veinte años hasta ahora, desde que se introdujo el concepto de “flexibilidad” como sinónimo de precariedad. Y precariedad significa explotación.

Están almenos 46 tipos de contratación de trabajo, entre el subordinado, para-subordinado, autónomo y relaciones contractuales especiales. Pero, en una inspección más cercana, los diferentes tipos de contrato subordinado como empleado a tiempo indeterminado consisten en una limitación de los derechos del trabajador y de su dignidad. Los dicen los expertos. Mayor fatiga, inseguridades, salarios más bajos. “Más contratos no significa más trabajo”, escribe Tito Boeri en www.lavoce.info, la página web de los especialistas en economía fundada en el 2002 por el Presidente del Instituto Nacional de la Seguridad Social junto con Pietro Garibaldi.

Siempre, de hecho, Boeri apoya una reforma del mercado de trabajo que combina la garantías que se les deben al trabajador con las exigencias de la producción: un contrato único  a tiempo indeterminado de protecciones en aumento con un salario mínimo garantizado. Para la reforma de las pensiones en el 2016, Boeri propone la introducción de un salario mínimo para los trabajadores mayores de 55 años, establecido sobre la base del número de miembros del núcleo familiar.

La realidad, hoy en día, tiene los colores de la tragedia. Aumenta el trabajo en negro. Sólo en los primeros seis meses del 2015, la guardia de finanza descubrió más de 18 mil trabajadores sumergidos en la irregularidad, que fueron sacado a la luz en más de 40 mil empresas, que representan el 60 por ciento de aquellas controladas, con infracciones por el horario de trabajo y la seguridad , sobre los salarios y sobre la falta de pago de las contribuciones. Serían alrededor de 2 millones de trabajadores “desconocidos” a las autoridades competentes, para una economía en la sombra de unos 42 millones de euro y una evasión de 25 millones de euros entre impuestos y contribuciones. Luego está el trabajo negro “legalizado”, de las muchas relaciones de trabajo autonomo, contratos de colaboración a proyecto y afines, registrados en la llamadas gestiones separadas, que esconden las relaciones de trabajo dependiente. Está, en definitiva, un trabajo “gris”, regularizado formalmente pero básicamente irregular. Italia, entonces, es una República – por así decirlo – basado en la explotación laboral o negada. Para algunos, sin embargo, regalado. Están quienes, de hecho, asumen cargos ejecutivos súper pagados  que están incorrectamente clasificados como tipologías de trabajo, ya que pertenecen más bien a la clase de regalías, no sólo por los privilegios.

Es una bofetada a la civilización de los derechos. Un robo del alma, como declaró con humor sabio Roberto Benigni. Emilia Romagna está en el primer lugar para los trabajadores que se encuentran subordinados que son, sin embargo, sumergidos. Seguido de Lombardía y Toscana. En el cuarto lugar Lazio. La ley no sanciona de manera correcta, grave, estos abusos que a veces adquieren caracteres de violencia personal, ya que son agresiones sistemáticas a la dignidad de quien trabaja. La Ley n.248 del 2006, prevé una multa entre 1.500 y 12.000 euros, con un incremento de 150 euros por cada día de trabajo irregular.

La Jobs Act (Ley núm. 183 del 2014) no ha mejorado la situación. “Aquella expresión, a tiempo indefinido, es engañosa. La verdad es que de indeterminado está presente sólo el cuando, el momento en que su empresa se verá obligada a darte las gracias, pero te dejamos en la deriva”, en el borde del barranco- desempleo, dice Edoardo Landucci, 30 Años , ingeniero aeroespacial. En cuatro meses ha perdido su empleo en tres ocasiones. La ley establece que, en el caso del despido sin causa justificada, la empresa debe pagar una compensación monetaria insignificante, equivalente a dos meses de salario por cada año de trabajo, hasta un máximo de seis meses, incluso durante períodos superiores de tres años. Ha ocurrido, después, que el acuerdo, para algunos negociantes turbios , los incentivos de contratación indefinida previstos en la ley de estabilidad del 2015, con la excepción del 100 por ciento, hasta 8.060 euros, durante tres años, de las contribuciones INPS pagada por los empleadores. Si, de hecho, los empresarios más “honestos” que han utilizado este beneficio para regularizar la situación de sus empleados, con una desgravación fiscal significativa, también están aquellos que se han beneficiado con contratos a tiempo indeterminado ficticios, donde después de cheque bancario regular del salario previsto en el contrato, han sido – y siguen siendo – pagados en efectivo, es decir, en negro, la mitad o un poco más del salario, de esta manera llegando a ganar incluso de la labor de su empleado con esta reforma para nada a favor de la defensa de los derechos.

El siguiente paso en la Jobs Act  tendría que ser la eliminación de otras formas de relación precaria, o al menos su limitación a situaciones objetivas de la necesidad de flexibilidad, como los trabajos temporales. De esto, sin embargo, no se habla. Y poco se dice también, muy poco, de las víctimas en el trabajo y del trabajo, incluidas aquellas que no tienen un empleo.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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