EL PRESIDENTE DE LOS EXORCISTAS CONTRA SATANAS EN EL CINE

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El mundo cinematográfico y aquel de la televisión nos han acostumbrado, con una cierta periodicidad, en asistir a la transmisión de películas y fiction, cuyos temas tratan específicamente de la presencia y de la acción extraordinaria de los demonios en la vida del hombre y de la lucha que la Iglesia enfrenta contra de ellos. Sin embargo, aunque si se presenta estos argumentos a las masas, podrían fomentar el conocimiento de temas que – en su mayoría – la cultura moderna considera meras leyendas, por otro lado, es decepcionante e inaceptable la manera en que la presencia del mal, la posesión demoníaca, la oración de exorcismo y liberación, son presentados.

Generalmente, se asiste a la exaltación de la imprecisión, donde a surgir son las imagenes del mal, cuya fuerza destructiva tiene los contornos  terroríficos de monstruos y mucho más, dignos (o indignos) de otros géneros cinematográficos. Y, de nuevo, se asiste a la afirmación de temas doctrinales, hechos bíblicos, nombres y lugares plagados de inexactitudes y leyendas, por no hablar de la lectura psicológica de la fe católica y, a menudo de propuestas de individualismo secular de oponer a la fe y las normas de la Iglesia.
Sin embargo, lo que es más decepcionante son los diferentes mensajes transmitidos a los usuarios de estas ficciones escénicas (ficción, de hecho), que contienen poca verdad.

En cuanto a los sacerdotes que han recibido de la Iglesia la tarea de ayudar a las personas que necesitan del ministerio del exorcismo, no es inmediatamente evidente en estas películas la ocultación y la falta de atención hacia la maravillosa, estupenda presencia y acción de Dios – incluyendo su potente victoria sobre el mal – y sobre todo la ausencia de la Virgen en la lucha contra el mal. Cómo se verifica continuamente en nuestra experiencia de exorcistas, incluso si el diablo no quiere se ve obligado contra su voluntad de afirmar la verdad de nuestra fe católica con sus gestos, reacciones y palabras.

Por supuesto, esto no añade nada a lo que ya sabemos, pero sin embargo, es para nosotros muy reconfortante y alentador verificarlo de manera tan evidente y, al mismo tiempo, ver cómo Dios lleva el bien al mal. Por ejemplo, cuando, durante el exorcismo el fiel poseído se le rociá el agua bendita, el demonio, a través de él manifiesta una gran contrariedad, reaccionando violentamente. El demonio se ve obligado, por lo tanto, a presenciar la función del agua bendita que se utiliza, como se lee en el Misal Romano para “el perdón de nuestros pecados (veniales), la defensa de las trampas del maligno y el don de la protección divina.”

Cuando el demonio reacciona a la presencia de una reliquia y demuestra saber a cual santo pertenece, se ve obligado a dar testimonio de la santidad de aquella persona y del origen divino de la propia santidad.

Cuando el demonio habla o demuestra de saber un idioma que sólo lo conoce el exorcista, y no la persona poseída, eso, de hecho, da testimonio de su identidad, distinta de aquella del poseído. Cuando al escuchar una oración dirigida a la Virgen María, muestra toda su aversión hacia ella y, al mismo tiempo, su miedo – expresando también la razón por la cual la teme – se ve obligado a confirmar que la Virgen María es verdaderamente la Madre de Dios y la Madre de todos los hombres, la Inmaculada, la Concepción en alma y cuerpo en el Paraíso, la Reina del Universo, al lado de su Hijo Jesucristo, aquella que intercede por la humanidad. Ciertamente, estas conductas no sustituyen ni añaden nada de nuevo a las Sagradas Escrituras, pero reflejan la verdad.

Estas y otras consideraciones dan paso a la idea de que en las películas y en las fiction sobre los exorcismos exista una historia de fondo común que censura aquellos aspectos que confirman la sustancia de la verdad de nuestra fe católica, para proponer en cambio los principios del esoterismo y del dualismo maniqueo. No es casualidad que estos dos elementos no cristianos esten siempre contenidos, y claramente mostrados, el fundamento de las historias de exorcismos representado en las películas. Se presenta claramente la presencia de dos principios: luz y oscuridad, Bien y Mal, entre ellos coeterno, pero independientes y entre ellos opuestos, dos divinidades en una eterna lucha entre ellos y que afectan en todos los aspectos de la existencia y de la conducta humana (maniqueísmo).

No es esto lo que Dios nos revela en la Biblia. Satanás no es el dios del mal en contra del Dios del bien, sino que es un ser creado bueno por Dios,que con una parte de los ángeles, también estos creados buenos por Dios, se convirtieron en malvados, ya que con una elección libre e irrevocable, han rechazado a Dios y su Reino, dando así origen al infierno. Ellos intentan asociar al hombre en su rebelión contra Dios; pero Dios afirma su victoria segura sobre ellos. Satanás y los otros espíritus malignos a su servicio, por lo tanto, no son seres omnipotentes, no puede hacer milagros, no son omnipresentes, no pueden conocer nuestros pensamientos y no se pueden saber todo acerca de una persona, ni pueden conocer el futuro. El hombre que vive de la oración, de humildad, de penitencia y del abandono confiado en los brazos de Dios, es más fuerte que el diablo y de todas sus tropas diabolicas. Estas verdades no surgen en las películas que tienen que ver con el demonio.

Emerge en cambio aspectos esotéricos absolutamente extraños a la fe católica con la indicación de las doctrinas secretas, cuyas enseñanzas están reservadas para los iniciados, a los cuales están encargados la posibilidad de la revelación de una “cierta” verdad oculta (o mejor hacerla pasar como oculto por la Iglesia) y de significados ocultos. Las doctrinas propuestas por el mundo cinematográfico sobre exorcismos también esconden una especie de neo-gnosticismo en los cuales, el hombre, o más bien su esencia dominante, posee una forma de conocimiento superior e iluminada, resultado de la búsqueda de la verdad que pasa por la superación del mundo natural, conocida a través de los sentidos, para llegar a otro mundo, que escapa a los  no iniciados considerados profanos.

De hecho a la luz de este análisis simple parece que se intenta hacer pasar por católico un mensaje  de tipo gnóstico que tiende a constituir entre los espectadores un conocimiento maniquea que induce a distanciarse de la Iglesia, a fin de sentar las bases para la construcción una clase de “seres superiores”, cuyo status (profundamente secular) es la energía presente y futura de un mundo sustancialmente diferente de aquel que el cristianismo de Jesús ha propuesto y sigue proponiendo. Por desgracia, los fieles católicos, acostumbrados a despreocuparse de su propia formación a la fe, no están ni preparados ni en grado de discernir la ficción o mejor dicho la falsedad, de la realidad, y por lo tanto, aquello que inicialmente podría ser un buen servicio a la Iglesia y a la fe, se convierte en el acostumbrado y sutil  ataque de Satanás a los cimientos de la Iglesia Católica. (Fuente: Osservatore Romano)

Padre Bamonte, Presidente de los exorcistas italianos

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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