UN PLANETA CON UN EQUILIBRIO INESTABLE

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Desde el colapso de la represa en Brasil hasta la nueva Energy Union, el año pasado marcó un punto importante en términos del medio ambiente. También fue el año de la Encíclica Laudato Sì, que coloca la creación (la naturaleza y los hombres) en el centro del debate mundial. No sólo se centra en la naturaleza, sino también en las relaciones humanas y económicas basadas en el concepto de respeto del hombre y no respecto a la mera ganancia. Algo se está moviendo, y es preludio de un progreso significativo para el 2016, con el pacto que los gobiernos conlleven cosas concretas las buenas intenciones.

¿Pero que ha ocurrido en este año que acaba de pasar? Inicia el 25 de febrero con la Unión Europea que ofrece su Energy Union, a partir de la crisis de Ucrania y el papel del gas en las tensiones con Rusia. Pero es en el mes de junio que llega la primera alarma: un estudio de la Science Advances por un equipo de científicos internacionales declara el ingreso en una nueva era de extinción global, causado por el hombre. Las actividades del hombre y su impacto de la destrucción del hábitat para el cambio climático, podrían ser responsables de una tasa de extinción incluso superior a cien veces a aquella natural.

Como un signo tangible, uno de tantos de este escenario, llega una temporada particularmente muy seca que causa algunos de los incendios más devastadores jamás vistos en California entre agosto y septiembre. Un fenómeno que tiene sus causas en la temporada de los incendios, aumentada en la última década de casi un mes, y en el cambio climático.

Pero el Medio Ambiente, quiere decir también business. Y sobre este frente son varias las cosas que sucedieron. En septiembre – como explica Lorenzo Colantoni en Radio Bullets -, Shell decidió de abandonar sus actividades de exploración en el Ártico, de frente de una fuerte oposición por parte de grupos ecologistas mundiales. El foco de controversia de la compañia en el Ártico, que le ha costado más de siete mil millones de dólares, para obtener sólo un pequeño descubrimiento en el Chukchi Sea en Alaska. También en septiembre, el EPA, la agencia estadounidense para la protección del medio ambiente, acusó a Volkswagen de utilizar un software para maquillar las  pruebas de control de las emisiones de los propios vehículos diésel. La investigación dará lugar al denominado “dieselgate”, que dará lugar a la retirada de once millones de automóviles, siete millones de costos de rectificación y la pérdida del 38% de las acciones entre septiembre y octubre.

Volviendo a las decisiones del gobierno, en octubre, los estados miembros de la ONU aprueban los Sustainable Development Goals, los objetivos de desarrollo sostenible que sustituyen a los Millennium Development Goals, que fueron aprobadas en el año 2000. En los nuevos target disminuye la diferencia entre los países en vía de desarrollo y aquellos industrializados, centrándose en la sostenibilidad como fil rouge de los diferentes sectores (energía, sanidad y similes). Aún falta un marco institucional adecuado para lograrlo, una bofetada a las reales posibilidades de realizar los objetivos.

También en octubre, Indonesia sufre a causa de uno de los peores haze de los últimos años, el manto de humo causado por los numerosos incendios provocados, causada por la deforestación de las zonas donde se cultivaran la soja y el aceite de palma. El fenómeno es tan extenso que afecta a más de 500 mil personas y cuatro países vecinos, Malasia, Singapur, Tailandia y Filipinas.

Un mes después, en noviembre, Brasil presencia el peor desastre ambiental de su historia, causada por la ruptura de la presa de Fundão, que ha descargado en el valle adyacente y por más de 800 km, 62 millones de litros de lodo tóxico de la mina en la cima de la presa. Además del impacto devastador sobre la biodiversidad del río Doce, el desastre golpeó fuertemente las comunidades indígenas que viven en la zona.

En un mundo que descubre una naturaleza más violenta, con trágicas consecuencias a menudo provocadas por la acción del hombre. Llega en diciembre el acuerdo historico sobre el clima histórico al final de la Conferencia de París. A pesar de las dificultades para conciliar los diversos intereses y los fracasos de las conferencias anteriores, la COP21 de París logra proponer un acuerdo ambicioso, cuyo éxito será decidido – como se ha mencionado – principalmente del compromiso real de los países signatarios en los próximos años.

En diciembre, las condiciones climáticas provocan emergencias en diferentes regiones del mundo. En Beijing, estas unidas a la producción electrica, industrial y a los transportes causando la enésima emergencia smog. El aire de la ciudad ha sido clasificata como “buena” o mejor en sólo 20% de los casos. Una situación similar, aunque si en una proporción menor, a lo que ocurrió en las ciudades italianas como Milán y Roma. El Reino Unido, por su parte, ha sufrido algunas de las peores inundaciones en los últimos años. Estos están asociados con otros eventos causados por el fenómeno de El Niño, como la sequía en Etiopía y en América Central, y los efectos del cambio climático.

En pocas palabras, el planeta está cambiando. Y no es por su voluntad. La contaminación, el calentamiento global, la deforestación están afectando el delicado equilibrio que nos sostiene. Si a esto añadimos que muchos de los recursos derrochados son arrebatados a los países pobres por el mundo civilizado, vemos con toda claridad como los argumentos relativos al respeto de la naturaleza y del ser humano están íntimamente conectados.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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