LA MONJA QUE ACUNABA EL NIÑO JESÚS

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crostarosa

Para la profundidad de sus escritos espirituales y su punzante personalidad, es considerada una de las más grandes místicas de 700 italiano. A hermana María Celeste Crostarosa Papa Francisco recientemente ha reconocido sus virtudes heróicas y el milagro que la elevará a los altares como beata. Nació en Naples el 31 de Octubre de 1696 con el nombre Giulia Marcella Crostarosa, hija de Francisco y Paola Battistini Caldari, descendiente de una noble familia de Abruzos, señores de L’Aquila y Pizzoli.

Desde la infancia muestra una gran inteligencia y capacidad de razonar. Transcurrió infancia y adolescencia en la serenidad de su casa, sumergida en una profunda vida espiritual. En 1716 junto a su madre, acompañó su hermana Orsola al monasterio Teresiano de Marigliano, y aquí decidió con convinción, de quedarse ella también: sólo tenía 20 años.

Se quedó en el monasterio por siete años, llevando a cabo con responsabilidad las tareas afidadas. Aquí conoció a padre Tomás Falcoia de los Pios Obreros, que había fundado en Scala (en provincia de Salerno) un monasterio bajo la regla de la “Visitación”. En este monasterio María Celeste trasladó junto a su hermana, después de la cerrada de Marigliano. En los nueve años que transcurrió en Scala, hubo unas visiones celestes y persecuciones humánas, todos factores que contribuyeron a formarla en la santidad. El 25 de abril de 1725, cuando aún era novicia, recibió la primera revelación grande: le apareció en sueño Cristo que le confió la responsabilidad de crear un nuevo Instituto le cuyas Reglas estaban dentro de la vida del Salvador, “como un libro abierto”.

En otra visión, Jesús le revela el vestido del nuevo orden, e le preanuncia los sufrimientos que la obra implicará. Para obediencia a la maestra de las novicias, redacta el texto de las reglas, así como, interiormente, le dictaba el Espíritu Santo; contemporaneamente práctica un rigroso ayuno con pan y agua. Encuentra numerósos teólogos napolitanos para pedir consejos sobre las reglas, que le aprueban confirmando la inspiración.

En septiembre de 1730 llega a Scala para descansarse. Aquí encuentra San Alfonso María de Liguori, fundador de los Redentoristas, el cual, conocida la nueva regla, le introduce en el monasterio en mayo del año siguiente. Después de poco tiempo llegan los momentos difíciles: padre Falcoia creó algunas dificultades, retocando el texto de la Regla y obligando María a aceptar las condiciones, para evitar la expulsión del Institudo. En 1733 fu costringida a dejar el monasterio de Scala, adonde había sentido las más intensas comunicaciones divinas: la estatua de un Niño Jesús, entre sus brazos, vino a la vida, y ella le acunaba. Se retiró en Nocera Inferior, donde por orden del obispo local, reformó el monasterio en que estaba como huésped.

Pues fue llamada a Foggia para la fundación de un monasterio con la nueva Regla. Fue en la capital dauna que en 19 de marzo de 1738, María Celeste pudo realizar el sueño de su vida consagrada, fundando la nueva rama de las Redentoristas o Monjas del SS. Redentor, dando a sus hijas el vestido que Jesús le había revelado hace 14 años, como uniforme de la nueva Institución. En Foggia, en los 17 años de su mando, formó las muchas discípulas a la vida cristiana, dando a ellas las riquezas espirituales de quien estaba dotada y que aún hoy son una preciosa herencia para sus hijas (más de mil monjas) desparramadas por todo el mundo. También San Gerardo Maiella, que habitaba en el cercano pueblo Deliceto, se confiaba con  ella por muchas horas, considerándola como una madre. Por la población de Foggia y de Gargano era llamada la “santa Priora”.

Murió en Foggia el 14 de septiembre de 1755, día de la Exaltación de la Cruz, la festividad principal del orden Redentorista. La Causa para su beatificación fue introducida el 11 de agosto de 1901. Su pensamiento, su espiritualidad, sus experiencias místicas, están contenidas en numerósos escritos de valor. Durante su vida demonstró su inteligencia fuera del común; poseía las capacidades para alcanzar lo que quería, arrastrando detrás de ella cientos de personas con la fuerza de la persuasión y del ejemplo.

El autenticidad de las revelaciones sobre el nuevo Instituto está universalmente reconocida por la Iglesia; las Congregaciones de los Redentoristas y de las Redentoristas la reconocen como la “Madre que en el trabajo de una vida dolorosa e incomprendido por muchos, cumplió la obra pesada de la gestación de la Congregación”. Una perla escondida hermana María Celeste, que pronto, gracias al reconocimiento del milagro, será revelada al mundo como ejemplo y modelo de perfecta vida cristiana.

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