COMENZAR DESPUÉS DE UN AÑO DE MUERTE

230
  • Italiano
  • English
anno di terrore

De París a Túnez, de Bangkok a Garissa hasta las ciudades nigerianas. Historias de terror y sangre que hanno manchado de manera indeleble el 2015, un año que se recordará sobretodo por el “salto cualitativo” de yihad internacional. No más células organizadas y coordinadas por una especie de “cúpula” sino disidentes, adiestrados para colpir y matar sin discriminación. Parece transcurrido un siglo desde cuando los qaedistas de Osama Bin Laden concentraban los ataques sobre lugares símbolo del progreso y del poder occidental, de las Torres Gemelas a las metros, pasando por las embajadas. La muerte se ha hecho invisible, preparada para manifestarse de repente y por todas partes: estadios, restaurantes, redacciones de periódicos, escuelas, salas de conciertos y universidades. Un amenaza constante a aquella cotidianidad en que, hasta ahora, nos hemos sentidos a salvo. Una bofetada a la libertad que esta parte del mundo ha sido capaz de conquistarse.
Estado islámico, al-Qaeda, Frente al-Nosura, Boko Haram, al-Shabab. Muchos nombres y un solo objetivo: terrorizar. Fin logrado a través de los estragos de los últimos 12 meses.

“El extremismo violento es un amenaza para la paz y la seguridad del mundo, daña sus valores y pone en arriesgo nuestras poblaciones”, ha dicho el secretário general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, en un foro sobre el terrorismo en octubre. “Grupos como al-Qaeda, Daesh, al-Shabab o Boko Haram golpean los valores universales del respeto de la persona y rechazan la Carta Onu a favor de la tolerancia y de vivir en paz”, ha añadido. Las acciones de yihadistas causan cada día muertos en Países como Siria, Iraq, Afghanistan, Nigeria y Pakistan, pero su objetivo supera estos. Quieren de hecho que el impacto mediático de sus acciones resone a nivel mundial, gastando a los Países más ricos y considerados más seguros. Justo de esta strategia ha nacido el ataque más grave de la historia francés, en París el 13 de noviembre pasado, cuando unos militantes de Isis han aprobado el terror disparando con armas automáticas y haciéndose explotar en ataques coordinados.

Con 130 muertos y cientos de heridos, la Capital transalpina, símbol universal de democracia y libertad, se ha paralizado y Francia ha declarado guerra al terrorismo. Poniéndose el centro mundial del miedo, que se ha propagado rápido como una ola en cada continente. Francia ya había vivido un dramático ataque en enero, cuando presupuestos militantes de al-Qaeda habían asesinado 12 personas en la sede de la publicación satírica semanal Charlie Hebdo. En ambas las ocasiones, los yihadistas han logrado violar los sistemas de seguridad, así como ocurrido en otros seis episódios menores en el año.

Y las acciones han disfrutado de la potencia de la transmisión en vivo, a través de cientos emisoras de televisión y redes sociales que se han concentrado contemporaneamente sobre los hechos. Los terroristas han buscado la misma resonancia mediática también para ataques como lo de al-Shabab a la Universidad de Garissa, en Kenya, adonde fueron matados casi 20 estudiantes. O después de los ataques de Túnez, antes contra el muséo del Bardo y luego en la playa de la ciudad de Sousse. En estos casos han elegido atacar a los Países ricos no en su centro geográfico, sino en los símbolos que están caros a ellos: la cristianidad de los estudiantes matados en Kenya, los occidentales en Tunisía.

Y también en estos casos ha funcionado, porque ha propagado el eco de las noticias y ha hecho crecer el sentido de inseguridad y vulnerabilidad. Lo mismo se ha ocurrido en Bangkok, adonde habrían estado unos “lobos solitaros” a cometir el peor ataque terrorístico en la historia del País, haciendo explotar dos bombas en un centro comercial y matando a 20 personas, entre los cuales varios extranjeros. Y aún, más de cien muertos del ataque en Ankara contra una marcha de paz a quien participaban estudiantes y curdos, atribuido al Daesh, o el avión de turistas rusos abbattuto sobre Egipto, han enforçado el poder y la visibilidad de los grupos extremistas.

Así los yihadistas han logrado transmitir, según los expertos, a los ciudadanos de Países occidentales también la sensación que el peligro se esconde en cada rincón y que nadie puede sentirse seguro. Mientras tanto, sin embargo, a pesar del aparencia mediática, siguen siendo los musulmanes las primeras víctimas de las acciones del terrorismo islamista. Sólo en Siria, en más de cuatro años de guerra los muertos han sido más de 250000, muchos de los cuales en ataques terrorísticos. Las cifras oficiales de 2014 dicen que el 79% de los muertos por terrorismo ha sido registrado en Iraq, Afghanistan, Pakistan y Siria, todos Países musulmanes, y en Nigeria, adonde Islam es la religión mayor. Actos de violencia extrema este año han sido cometidos también en Maiduguri en Nigeria, Biyi en Iraq, Kunduz en Afghanistan, Kerawa en Camerun, Yamena en Ciad, al-Qadih en Arabia Saudí. A pesar de todo, el mensaje recibido por la opinión pública occidental es diferente. Lo que ella recuerda sólo son los ataques contro nuestro mundo. Una visión miope, buena sólo para fomentar el rencor hacia poblaciones ya destruidas por la guerra. El miedo que genera odio… Esta es la victoria más grande del yihad.

Traducciòn a cargo de Emanuela Piluso

Avviso: le pubblicità che appaiono in pagina sono gestite automaticamente da Google. Pur avendo messo tutti i filtri necessari, potrebbe capitare di trovare qualche banner che desta perplessità. Nel caso, anche se non dipende dalla nostra volontà, ce ne scusiamo con i lettori.

No hay comentarios

Dejar respuesta