UNA CORTINA CONTRA LA CRÍSIS

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Hay quien la ve como una luz que da un poco de esperanza en un mundo cerrado y egoista, pero hay también quien la describe como un oprobio que estropea el barrio, con aquel tropel de desperados que piden algo. Promover la iniciativa de “La cortina contra la crísis” no es por eso fácil, teniendo que arregrárselas entre la dificultad objetiva de hallar recursos y la subjetiva de desprecio que muchos hoy, envolvidos en sus propios problemas, muestran tener por los de los demás.

A pesar de todo en la plaza que está frente a la Parróquia Don Bosco, en Roma, se logra cumplir un pequeño milagro: de las actividades de la consulta médica callejera abierto en 2008 por Antonio Calabrò, el médico fundador del asociación Condividi, hace tres años nació el proyecto de la “Cortina contra la crísis”. No sólo: en el tiempo se han podido abrir una ventanilla para el trabajo, una sobre el derecho a la habitación y otra sobre la violencia contra las mujeres, sino también un proyecto de escuela para los refugiados que pueden frecuentar cursos de italiano reconocidos. Muchas idéas que nacen bajo una única cortina, la de la compartida: todos los del grupo de voluntarios son de hecho “nacidos” del oratorio de la iglesia.

El centro médico preve la presencia de psicólogos, médicos sociales, un dentista con su caravana, logopedas; prestan su servicio gratis, y todos provienen del Policlínico de Tor Vergata. A ellos pueden dirigirse todos los que no pueden permitirse asistencia médica y curas básicas.

Desde este año ha sido activado un comedor popolar autogestionado en que desde el jueves hasta el domingo quien tiene necesidad puede comer gratis. No está abierto sólo a los desamparados, sino también a todas las personas o familias que por la crísis no pueden disponer a la comida diária. El proyecto está totalmente autogestionado y no recibe ningún financiamento, ni estatal  ni municipal, sino vive y sobrevive gracias a la generosidad de los voluntarios, de los habitantes del barrio y de su gana de compartir.

El proyecto preve también la distribución de paquetes alimentarios de necesidades básicas. “La recogida alimentaria está apoyada también por una red de ciudadanos, amigos, tenderos y habitantes del barrio que han comprendido la importancia del proyecto y han elegido ayudarnos como pueden”, cuenta una de las activistas.

Hay quien dona conserveras, botellitas de agua, verduras o fruta, en resumen lo que sirve para llevar a la mesa una verdadera comida. Además los alimentos duraderos que llegan en la cortina, son utilizados para preparar paquetes alimentarios de necesidades básicas que son distribuidos a quien tiene necesidad, y eso no terminará con la conclusión de las festividades navideñas.

Para que exista una realidad así es necesaria la coordinación entre muchas realidades del territorio, entre las cuales Asia Usb, los centros sociales Spartaco, Cortocircuito y Scup, la Casa de las mujeres Lucha y Siesta, el asociación Cinest, el Agencia de los Derechos del VII Municipio y numerósas juntas de vecinos. Una manera concreta para llevar a cabo un concepto abstracto: solidariedad.

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